La alteración de los ciclos circadianos causa de obesidad

Las sociedades de hoy en día dedican menos tiempo a las horas de sueño por lo que esto podría ser un factor fundamental para sufrir obesidad.

De acuerdo a Cárdenas, Hernández (2012) y Escobar et al. (2013)  el sueño es una necesidad humana básica. Se trata de un proceso biológico fundamental común a todas las personas. El sueño es vital no solo para mantener una funcionalidad psicológica óptima, sino también la funcionalidad fisiológica de importantes sistemas como el neurológico, endocrino, metabólico, inmune y cardiovascular. Por lo que es fundamental para el estado de salud de cada persona.

El cuerpo humano utiliza un ritmo biológico llamado ciclo circadiano que regula el proceso de vigilia y sueño en un periodo de 24 horas, el cual está sincronizado con los entornos de luz-obscuridad (ídem y Sederi, Escobar y Salgado, 2013). En donde la vigilia está predominada por la actividad física, desgaste energético y consumo de alimentos agua, mientras durante el sueño se ahorra y almacena energía, se reducen los proceso digestivos, se llevan a cabo los procesos de reparación celular, descanso y de organización de memoria (ibídem).  Ciertas hormonas son secretadas de acuerdo al ritmo biológico. Tal es el caso de la hormona de la melatonina secretada durante la noche que induce el sueño y es encargada de la reparación celular. También se secreta la hormona del crecimiento, encargada de sintetizar proteínas (ibíd.). La  somatropina (STH), presenta su pico de secreción a la ½ hora de adormecimiento, el de la prolactina aparece a los 40 minutos después de la STH. La hormona tiroidea (TSH) y el cortisol desaparecen al comienzo del sueño. La insulina, leptina y grelina se dan en las fases de REM (ibíd.).  

Durante el sueño existen dos estadios, el primero llamado NREM (sin movimientos oculares rápidos) y REM (movimientos oculares rápidos). Cada ciclo consta de una sucesión de sueño NREM más REM con una duración de 90 a 120 minutos. Estos estadios constan de 5 fases los cuales se describen a continuación:

Fase 1. Esta fase es la del sueño ligero, dura de 30 segundos a 7 minutos. Los ojos se mueven más lentamente y las frecuencias cardiacas, respiratorias descienden ligeramente. Constituye entre el 5-10% del sueño nocturno completo.

Fase 2. El sueño es ligero, tiene una duración aproximada de 10-15 minutos. Constituye el 44-45% del sueño total.

Fase 3 y 4. Estas fases son las más profundas del sueño, suponen el 15-20% del tiempo total del sueño. Esta fase se describe como N3. La fase se caracteriza por la aparición de ondas delta preparando un sueño lento y profundo. En la fase 4 aparecen ondas más lentas y más largas de tipo delta. Se presenta un sueño más profundo.

Durante el sueño de ondas lentas de secreta la hormona del crecimiento para que el cuerpo se reponga de su desgaste diario, por lo que si la interrupción del sueño se produce durante la fase 3 y 4 del sueño NREM causa fatiga, aumento de la sensación de malestar.

Fase 5. Conocida como REM o MOR (movimiento ocular rápido), ocupa de un 20-25% del sueño total. Esta fase aparece generalmente a los 90 minutos después de las fases anteriores y se caracteriza por la producción de ácido ribonucleico (RNA) ligado a la memoria por lo que la interrupción de esta fase está ligada con problemas de concentración, el estado de ánimo y depresión.

La calidad y el tiempo de sueño que dedique cada individuo se ve influenciado por el tipo de actividades que desempeñe y por el medio en el que se encuentra. En la actualidad los individuos dedican menos tiempo a dormir. Un estudio realizado en los Estados Unidos observó que en 1960 el 15% de los jóvenes dormía menos de 7 horas, por lo que en los últimos años la cifra aumentó a 37.1%.

Hay una gran relación entre la falta de sueño y el aumento de la obesidad. “el sueño juega un papel primordial en la sincronización de la programación de acción de las hormonas. Se ha demostrado que los ritmos hormonales vigilia-sueño son prácticamente irrompibles y que cada hormona tiene un patrón circadiano específico, en el que concierne a su funcionamiento” (ibídem, pp.16)

 

 

La forma de vida que hoy se lleva es fundamental, ya que una mala calidad y cantidad del sueño podría desencadenar una alteración metabólica lo que pudiese contribuir a padecer sobrepeso u obesidad (ídem.). Durante la noche hay un estímulo para motivar la ingestión nocturna de alimentos altamente calóricos. La cantidad de ingesta de alimentos ingerida durante la noche representa el 65% del total del día (ibíd.). De acuerdo a un estudio reportó que el sueño reducido está asociado con las alteraciones metabólicas entre ellas la insulina alta. Otro estudio realizado en jóvenes se manipuló la cantidad total de sueño, después de la noche los jóvenes reportaron sensación de hambre y deseo aumentado por ingerir alimentos ricos en carbohidratos (ibídem). La falta de sueño afecta a la grelina y leptina, dormir menos de seis horas resulta que los niveles de leptina son más bajos y niveles más altos de grelina en el plasma sanguíneo. Esto puede dar señales de que el cuerpo necesite energía e ingiera alimentos (ibíd.).

Las  alteraciones de los ciclos circadianos se debe al ritmo de vida que se vive hoy en dia. Trabajos con jornadas laborales muy largas aunado al tiempo de traslado. Llevando a que la calidad y cantidad de sueño sea inadecuado desencadenando graves problemas en nuestro organismo, entre ellas las alteraciones drásticas que sufre el metabolismo lo que puede ocasionar problemas de salud como lo es el sobrepeso y la obesidad.

 

 

 

 

 

Bliografía

  1. Cárdenas, M. V., y Hernández, G. R. (2012). El Rol del Sueño como Riesgo de Obesidad. Desarrollo Científico Enfermería, (20)1, 14-18.
  2. Escobar, C., González, E., Velasco, M., Salgado, R., y Angeles, M. (2013). La mala calidad de sueño es factor promotor de obesidad. Revista Mexicana de Trastornos Alimentarios, 4, 133-142.
  3. Saderi, N., Escobar, C. y Salgado, R. (2013). La alteración de los ritmos biológicos causa enfermedades metabólicas y obesidad. Revista de neurología, 57(2), 71-78.
  4. Regalado, C.,  López, M. y Juárez, E. (2012). La hormona del Crecimiento en el Sistema Nervioso Central. Rev Med UV, Volumen Especial.
  5. Segura, S.  Jiménez, J. y de Escobar, G. (2009). Enfermedades frecuentes de tiroides en la infancia. Revista Pediatría de Atención Primaria, 11(16).
  6. Villalobos, G. (2003). Glucocorticoides. Centro Nacional de Información de Medicamentos, Universidad de Costa Rica.
  7. Rodríguez, G. (2003). Insulinoterapia. Rev Med Hered, 14(3).
  8. Manuel, L., Zarate, A. y Hernández, M. (2012). Acta Médica Grupo Ángeles, 10(3).

 

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Inseguridad Alimentaria

En este artículo se abordará el tema de la inseguridad alimentaria y la relación con la obesidad.

Como mencioné en mi artículo anterior, el impacto que tuvo el TLCAN en la producción de alimentos en México no fue el anunciado. Por ejemplo fue afectada drásticamente la exportación de frutas y hortalizas: ya que en 1993 se exportaban 6.56% y para el 2005 solo fue el 4.08%. Como lo ilustra este dato la competitividad en el sector hortícola presentó una baja en el mercado internacional (Ruiz y Dolores, 2008). Al parecer los propósitos del TLCAN no se lograron del todo, pues de acuerdo a cifras reportadas la pobreza fue aumentando, pues para 1984 había 11 millones de pobres (16 % de la población) mientras que para el 2002 llegaron a 54 millones (54 % de la población) de los cuales cerca de 20 millones son indigentes. Cabe mencionar que en estos últimos años, el costo de la canasta familiar aumentó en 506 % mientras los salarios sólo subieron un 135 % (Torres, 2006). Esto quiere decir que las familias con menores recursos económicos vieron seriamente afectada su capacidad de satisfacer sus necesidades nutricias y bien, se encontraron (y se encuentran) en una situación de inseguridad alimentaria y por tanto la prevalencia de subalimentación (disponibilidad de energía alimentaria no adecuada para cubrir las necesidades mínimas de un estilo de vida aceptable) ha ido en aumento.  De acuerdo a los datos obtenidos  por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en el 2013 hubo más de 840  millones de personas en el mundo  que sufrían subalimentación y más de la cuarta parte de la población tenía un acceso deficiente a la alimentación. México se encontró por debajo del 5% (Fernández, 2014)

La FAO (1996) define como seguridad alimentaria cuando todas las personas tienen en todo momento acceso físico y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias a fin de llevar una vida activa y sana. En el mismo sentido define inseguridad alimentaria como la disponibilidad limitada o incierta de adquirir alimentos nutricionalmente adecuados e inocuos. Según Shamah, Mundo y Rivera (2014) “la pérdida de la seguridad alimentaria se da a partir de que los países en vías de desarrollo se han enfrentado a crisis económicas prolongadas”.

Para definir la inseguridad alimentaria en México, es necesario partir de los cuatro elementos que lo componen: disponibilidad, acceso, uso de los alimentos y estabilidad de la oferta. De acuerdo a lo anterior, se observa que no existe  seguridad alimentaria en el país, pues el número total de kilocalorías que se consumen son 3 145, mientras que las recomendaciones de la FAO son de 2 362 kilocalorías (ibíd.). Conforme a lo que señala la FAO, nos damos cuenta que se consumen muchas más calorías de lo requerido, pero debemos reiterar que esas calorías no son aportadas por alimentos “saludables”, sino que provienen de alimentos industrializados que son altamente calóricos. Esto es una consecuencia de la inseguridad alimentaria que existe en nuestro país, pues la mayor parte de la población no cuenta con los recursos suficientes para poder llevar a cabo una dieta rica en fibra y proteína.

La pobreza alimentaria ha ido aumentado, para el 2006 era del 13.8% por lo que para el 2010 se presentó un aumento significativo ya que las cifras presentaban el 18.2%. Para el 2012 el 22.2% de los hogares tuvo que disminuir la calidad y cantidad de su alimentación y más de la cuarta parte de los mexicanos tiene acceso deficiente a la alimentación debido a que sus ingresos económicos estaban por debajo del precio de la canasta básica. .Para hacerle frente a la inseguridad alimentaria se llevaron a cabo cambios políticos. Uno de ellos fue la reforma constitucional del artículo 4 y 27, para reconocer a la alimentación como un derecho fundamental de todos los mexicanos. Por otro lado, se encuentra el programa “de la Cruzada Nacional contra el Hambre”, conocido actualmente como el Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018, el Programa Nacional México sin Hambre (Ibíd.).

 

 

De acuerdo a la ENSANUT 2012, 7 de cada 10 hogares presenta algún grado de inseguridad alimentaria y 1 de cada 3 presenta inseguridad alimentaria en su forma moderada o severa,  como consecuencia trae consigo el  padecimiento del sobrepeso y obesidad de los niños que viven en estos hogares, pues 1 de cada 5 la presenta (ibíd.).

La mayoría de los hogares consumen alimentos industrializados debido a que son conseguidos a  un menor costo, esto ha sido a causa del aumento en el precio de los alimentos nutricionales en mercados locales e internacionales. Para poder satisfacer sus necesidades calóricas las poblaciones que no cuentan con suficientes recursos económicos recurren a la ingesta de alimentos procesados, ya que al ser más accesibles pueden cubrir sus necesidades alimenticias, pero no nutricias (Ibíd.). En contraste, con lo anterior, se propone el gráfico llamado el plato del bien comer, donde muestra todos los grupos de alimentos que deberían de ser consumidos con mayor, regular y poca frecuencia. Por lo que su diseño está encaminado a dirigir a la población a que lleven una alimentación balanceada y saludable, sin tomar en cuenta los múltiples factores que se han venido mencionando a lo largo del documento.

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Un estudio realizado en dos escuelas públicas de la delegación Tláhuac del Distrito Federal, demostró que la prevalencia de la obesidad infantil va en aumento en población de escasos recursos (Castañeda, Molina y Ortiz, 2010). Este tipo de hogares es la que menos acceso tiene a los alimentos que señala la canasta básica, entonces es cuando se habla de que sufren inseguridad alimentaria, esto quiere decir que tienen muy poco o nulo acceso a alimentos como son los cereales integrales, frutas y verduras, lácteos y productos de origen animal por lo que su único acceso es la comida industrializada. Otro estudio realizado en hogares mexicanos señala que poco más de la mitad de estos hogares presentan algún grado de inseguridad alimentaria (50%). En 7.5% de estos casos, el jefe de familia es indígena y en casi de la mitad de los hogares el jefe de familia solo contaba con escolaridad básica (47.4%). Los hogares con mayor inseguridad alimentaria son dirigidos por mujeres, con una persona de lengua indígena o con personas de baja escolaridad, Donde el ingreso familiar se encontraba más bajo fue en familias semirurales o rurales. Este grupo de población tiene mayor disponibilidad en alimentos como el maíz, el trigo, huevo y azúcares. Por otro lado el mismo estudio demostró que los hogares que viven con niños tienden a padecer mayor inseguridad alimentaria que aquellos hogares donde no hay niños (Valencia y Ortiz, 2014).

Cuadro I
DISPONIBILIDAD DE ALIMENTOS DE ACUERDO CON NIVEL DE INSEGURIDAD ALIMENTARIA EN HOGARES MEXICANOS, 2010
Seguridad alimentaria

(SA)

M±

Inseguridad alimentaria leve

(IA-L)

M±

Inseguridad alimentaria moderada

(IA-M)

M±

Inseguridad alimentaria severa

(IA-S)

M±

Producto de maíz 182.8 232.5 228.3 245.0
Producto de trigo 64.3 58.4 59.1 54.9
Arroz 12.6 13.8 15.0 15.1
Tubérculos 24.8 25.1 23.0 22.3
Frutas frescas 109.0 74.4 62.0 51.1
Verduras frescas 147.6 146.4 136.1 115.9
Verduras procesadas 45 3.8 3.9 3.3
Leguminosas 25.0 31.6 35.6 38.6
Carnes frescas magras 25.4 19.3 15.5 14.0
Carnes procesadas 21.3 19.0 17.0 16.2
Pollo magro 20.6 16.8 13.7 11.4
Otras carnes 0.2 0.2 0.1 0.1
Pescados y mariscos 8.1 6.0 5.1 4.7
Leche 165.0 119.8 110.8 101.4
Quesos 13.6 11.8 10.1 7.6
Huevo 37.9 41.6 47.2 46.1
Grasas animales 5.0 4.8 4.8 3.8
Aceites vegetales 17.7 19.5 19.2 19.6
Frituras 2.0 1.5 1.1 1.1
Antojitos y comida rápida 53.5 42.5 38.3 33.0
Bebidas azucaradas 191.3 156.7 134.1 129.1
Azúcares 16.9 21.3 21.3 24.0
Postres 3.9 2.7 2.1 1.4
Bebidas alcohólicas 14.5 6.3 8.6 12.0

Fuente: Valencia, V. R. Ortiz, H. R. (2014). Disponibilidad de alimentos en los hogares mexicanos de acuerdo con el grado de inseguridad alimentaria. Salud pública de México / vol. 56, no. 2.

Nota: ±Media de gramos o mililitros al día por adulto equivalente.

 

De acuerdo al cuadro II, se observa la disponibilidad de los alimentos en los hogares de acuerdo al grado de inseguridad que cada grupo presenta, en donde el consumo de algunos alimentos como pollo, carne, carne magra, pescado y mariscos, frutas frescas, verduras frescas y leche son consumidos mayormente por aquellos que no sufren inseguridad alimentaria que los que si sufren algún grado de inseguridad. Mientras los que sufren inseguridad alimentaria severa tienen mayor acceso a productos de maíz y trigo, pero tienen un menor acceso a carnes frescas magras, pollo magro y pescados y mariscos (Ibíd.).

Por otro lado la Academia Americana de Pediatría, sugiere que los niños consuman cinco porciones de frutas y verduras al día, lo que podría ayudar a la prevención de la obesidad (Ladino y Sepúlveda, 2013). Dadas las circunstancias que se viven en el país y lo que vengo relatando  sabemos que esto es sumamente difícil y quizá eso explique en parte que en los últimos diez años ha habido un aumento dramático del sobrepeso y obesidad en este sector. Las encuestas nacionales de salud (1999-2006) demuestran que el sobrepeso y la obesidad de niños de entre 5 y 11 años aumentaron casi un 40%. La última encuesta nacional de salud reveló que en el país el 26% de los niños en edad escolar presentan sobrepeso (Mercado y Vilchis, 2013).

Alrededor del 20 y 30% de los niños en edad escolar tienen sobrepeso y obesidad, lo que lleva a México a situarse en ser el segundo país que le aqueja esta problemática. De acuerdo a los datos, las tasas del sobrepeso y obesidad van en aumento en aquellos países que se encuentran en vías de desarrollo, afectando principalmente a los grupos que tienen pocos recursos, siendo la principal causa de ello, la mala nutrición (Méndez et al., 2002).

De acuerdo a los datos reportados en la Encuesta Nacional de Nutrición (ENSANUT) 2006,  se encontró que la prevalencia de la obesidad infantil en niños aumentó (77%), mientras que en las niñas fue de (47%). La misma encuesta reportó que 26% de los niños y niñas de entre 5 y 11 años (4.15 millones de infantes) tenían prevalencia de sobrepeso y obesidad, de manera que afectaba mayormente a las niñas con 26.8% que a los niños con 25.9% (Castañeda, Molina y Ortiz, 2010). Con la magnitud de estas cifras nos damos cuenta que las medidas preventivas que ha lanzado el Estado -centradas principalmente en corregir los estilos de vida de las personas- no han sido suficientes.

En conclusión, las familias que viven con inseguridad alimentaria tienden a padecer sobrepeso y obesidad ya que no tienen acceso a los alimentos de la canasta básica y los únicos alimentos que pueden consumir debido a su situación económica son los productos industrializados, ya que estos son alimentos con un buen sabor y sobre todo son baratos y les satisface su hambre.

 

Bibliografía

  1. Castañeda, C. E., Molina, F. N. y Ortiz P. H. (2010). Sobrepeso-Obesidad en Escolares en una Área Marginada de la Ciudad de México. Revista Mexicana de Pediatría, Vol. 77, Núm. 2.
  2. Fernández, U. N. (2014). La seguridad alimentaria en México. Salud Pública de México / vol. 56.
  3. Méndez, S.N.,  Pichardo, B.R., Guevara, G.L. y Uribe, E.M. (2002). Cap. 1. Obesidad epidemiología, fisiopatología y manifestaciones clínicas ( 1-28). Manual Moderno.
  4. Mercado, P., Vilchis, G. (2013). La obesidad infantil en México. Alternativas en Psicología, número 28. Universidad Iberoamericana, México, D.F. 49-57.
  5. Ruiz, A. y Dolores, B. (2008). Globalización y competitividad en el sector hortofrutícola: México, el gran perdedor. El Cotidiano, vol. 23, núm. 147, enero-febrero.
  6. Shamah, L. T., Mundo, R. V. y Rivera, D. J. (2014) La magnitud de la inseguridad alimentaria en México: su relación con el estado de nutrición y con factores socioeconómicos. Salud pública de México, vol.56.
  7. Torres, T.M. (2006).  El impacto de los acuerdos de libre comercio sobre el derecho a la salud. Revista Cubana de Salud Pública, vol.32 n.3, 1-7.
  8. Valencia, V. R. Ortiz, H. R. (2014). Disponibilidad de alimentos en los hogares mexicanos de acuerdo con el grado de inseguridad alimentaria. Salud Pública de México / vol. 56, no. 2.
  9. Vega, M., Shamah, L. T., Peinador, R. R., Méndez, G. y Melgar, Q. H. (2014) Inseguridad Alimentaria y Variedad de la Alimentación en Hogares Mexicanos con Niños menores de Cinco Años. Salud Pública de México / vol. 56.

 

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El aumento de la pobreza como factor determinante para el desarrollo de la obesidad infantil en México

El problema de la obesidad infantil está ligada a múltiples dimensiones sociales por lo que no solo se le puede atribuir una sola causa el desarrollo de esta epidemia.

A pesar de esto diferentes autores indican que la obesidad está dada por una sola causa y es el no cuidar lo que comemos. Tal como lo hacen Beltrán, Saldívar, Vázquez, y Martínez (2013) quienes argumentan que la etiología de la obesidad se debe a llevar una mala dieta, consumir bebidas altamente azucaradas, llevar una vida sedentaria y los factores genéticos. De un modo ligeramente más complejo Ladino y Sepúlveda (2013)   mencionan que la causa de que los niños padezcan obesidad se debe al nivel educativo de los padres, factores genéticos, las condiciones socioeconómicas, las condiciones geográficas, los malos hábitos alimenticios y la falta de ejercicio. Estos últimos autores retoman las condiciones socioeconómicas y geográficas y no solo se centran en los factores bilógicos, pero en sus recomendaciones hacen mayor hincapié que para aminorar esta problemática se deberían  mejorar los hábitos alimenticios y recomiendan que se debe de comer en familia entre 5 y 6 veces por semana ya que hay relación entre el ambiente familiar y la ingesta de frutas y verduras. González (2004) amplía un poco más su perspectiia cuando hace mención sobre las múltiples causas de la obesidad y entre ellas se encuentran: la imposición de una mala alimentación, la accesibilidad a los alimentos industrializados, la falta de tiempo para preparar comidas más saludables y la presión publicitaria de grandes grupos de la industria alimentaria. Sin embargo sus propuestas de acción hacia esta epidemia están encaminadas a la corrección de los hábitos alimenticios y a la educación. Surge la duda de por qué, a pesar de que contemplan elementos sociales y estructurales como parte de los génesis de esta epidemia, no son capaces de traducirlo a sus propuestas de intervención.

Estos solo son algunos autores que ven a la obesidad como un problema causado por los malos estilos de vida. En mis artículos pasados he tratado de exponer algunos argumentos que permitan visualizar un panorama más complejo de elementos detrás de este problema. He abordado ya temas como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, el aumento de la inseguridad alimentaria y de los precios de la canasta básica con relación al poder adquisitivo. En este artículo expondré el aporte de la pobreza a la obesidad infantil.

Diversos autores han observado que en los países en desarrollo el aumento de la obesidad es progresiva. Una de las características entre los países latinos son las altas tasas de obesidad en mujeres y niños de bajos recursos. Por lo que este fenómeno está ligado claramente con la desigualdad social, ya que quien se encuentra en desventaja son aquellos que tienen un nivel socioeconómico bajo. (Figueroa, 2009 y Fausto et al, 2006). Estos países enfrentan dos graves problemas de nutrición, por un lado la desnutrición y por el otro la obesidad. Estos problemas de salud se vuelven más complejos al ver un traslape de enfermedades, es decir, la desnutrición y la obesidad está afectando al mismo tiempo a los estratos más pobres.

Por lo que el CONEVAL menciona que hay 7 dimensiones para poder determinar el nivel de pobreza, estos son: el ingreso económico, rezago educativo, acceso a servicios de salud, acceso a seguridad social, acceso a la alimentación, calidad y espacio de la vivienda y acceso a los servicios básicos de la vivienda. De tal forma Álvarez et al, (2012) mencionan que al referirse a estratos socioeconómicos hay que tomar en cuenta tres aspectos; el nivel de educación, situación laboral y el ingreso neto de los hogares.  De acuerdo a estas dimensiones,  nos propone, se puede determinar el nivel de pobreza en que se encuentra la población mexicana.

 

Resultado de imagen para pobreza en mexicoLa pobreza es un factor fundamental para el desarrollo de la obesidad, pero como se podría definir pobreza. Según Figueroa (2009) la pobreza es la situación en la que la población padece escasez de recursos y un acceso limitado y dependiente de los mismos, existe cuando Resultado de imagen para pobreza en mexicolos individuos no pueden satisfacer sus necesidades básicas (alimentación, vivienda, vida social, vestido, educación). Mientras que Beltrán, Saldívar, Vázquez, y Martínez (2013) citan la definición del El Consejo Nacional de la Política de Desarrollo Social  (CONEVAL)  donde define a la pobreza como aquella que tiene al menos una carencia social y percibe un ingreso inferior a la línea de bienestar.  Pobreza extrema la definen como las personas que tienen tres o más carencias sociales y que además perciben un ingreso inferior a la línea de bienestar mí
nimo. De acuerdo a esta definición, para los años 2010 y 2012 la pobreza aumentó de 52.8 a  53.3 millones.

 

 

La prevalencia del aumento de la obesidad se debe a que este sector de la población selecciona alimentos pobres en fibra, proteínas y carbohidratos complejos, pues bien, eligen los alimentos ricos en grasas trans y carbohidratos simples, ya que este tipo de alimentos les permite saciar su apetito a un menor costo a pesar del nulo aporte de nutrientes que tengan, esto sucede por el alto costo en los precios de las frutas y verduras, haciéndolos inaccesibles. Las clases bajas tienden a consumir mayormente alimentos ricos en carbohidratos y grasas saturadas que los alimentos ricos en proteínas, esto se debe al precio más bajo de los alimentos industrializados (Saldaña y Rossell, 2000)

 

Resultado de imagen para obesidad y pobreza en mexicoSi bien se menciona que los pobres «eligen» alimentos con estas características quiero hacer énfasis que esta elección es el resultado de sus condiciones marginales, por lo que no podemos hacerlos responsables de ellas mientras no tengan mejores condiciones económicas, de acceso a alimentos sanos, la información completa de la calidad de los alimentos y la educación necesaria para tomar decisiones más favorables.

Otros datos internacionales, también demuestran que la obesidad está asociada notoriamente con el nivel socioeconómico. Quien cuenta con un nivel socioeconómico bajo y además se encuentra en algún país en desarrollo es posible que padezca obesidad, por otro lado, los que cuentan con mejores condiciones socioeconómicas y viven en países desarrollados existe la gran posibilidad de que la prevalencia de sufrir obesidad sea mucho menor (Galindo et al, 2011).

El mercado ofrece una gama amplia de alimentos industrializados accesibles dirigidos mayormente para este sector de la población (Ibíd.) Por lo que la  ingesta de alimentos procesados son altamente consumidos para satisfacer el hambre (Vargas y Bourges). La adquisición de estos productos se vuelve más fácil a haber cada vez más comercios de comida rápida (Vargas y Bourges). Por ejemplo, una sopa instantánea puede adquirirse por solo $ 6.50 es barata y cubre el apetito (Aguirre, 2012). En la actualidad el costo es de $8.00.

La mayor comercialización de alimentos procesados dirigidos hacia la población más marginal está rompiendo con el vínculo cultural (Fausto et al, 2006). Porque justo es la manera de que las grandes industrias sobrevivan, haciéndose ricos a costa de la salud de las poblaciones que menos tienen.

Para el 2010 existían en el mundo 43 millones de niños con sobrepeso y obesidad de los cuales 35 millones viven en países en vías de desarrollo (González y Atalah, 2011) Los países de bajos recursos han presentado en los últimos años cambios drásticos en su forma de vida, como consecuencia de la revolución industrial, también llevó a que las grandes empresas se enriquecieran a costa de los que menos tienen, encaminándolos al consumo de sus mismos alimentos a fin de que a estos nos les quede otra opción más que el consumo de ellos a cuesta de poner en riesgo su salud.  Como ya se ha mencionó, esto ha sucedido gracias a la industrialización y el papel de los medios de comunicación, ya que han logrado una contribución  importante en los cambios de la alimentación. Adicionalmente la falta del apoyo de la agricultura y la mala repartición de la riqueza hacen que cada vez más estos estratos de la población caigan en  inseguridad alimentaria y en condiciones donde el único acceso a alimentos se tenga sea a los procesados. Lo anterior lleva a que nos encontremos en un estado de desigualdad e inequidad social. La manera de alimentarse  de la población pobre depende en gran medida de las decisiones  de aquellos que son dueños de la industria alimentaria (Altamirano et al, 2014), y no de ellos mismos. Sorprende entonces cómo muchas intervenciones en promoción de la salud ignoran eso y pretenden responsabilizar a las personas, como si ellas tuvieran todo el control

Se registra que en mujeres que viven con un nivel socioeconómico bajo padecen mayormente obesidad. Un estudio realizado en mujeres de la ciudad de México con estratos socioeconómicos bajos (Galindo et al., 2011), mostró que del 96.7%, solo el 15.1% presentan conocimientos sobre nutrición. De acuerdo a ello, se les relaciona con el nivel de educación que han tenido, pues las mujeres que cuentan con menor educación no saben de las consecuencias que pueden ocasionar el consumir alimentos altamente calóricos. Aunque según los resultados del estudio muestra que aquellas que cuentan con conocimientos correctos o regulares sobre nutrición se encuentran con mayor riesgo de padecer sobrepeso u obesidad que aquellas que tienen menor grado de escolaridad. En la siguiente tabla se muestra el porcentaje de sobrepeso y obesidad de acuerdo a las características de las mujeres .

Distribución del estado de nutrición, según características de las mujeres.
Variable Desnutrición Adecuado Sobrepeso u obesidad
Nivel socioeconómico
Muy bajo 2,7% 26,3% 71%
Medio bajo 0,8% 18,2% 81%
Bajo 1,8% 27,4% 70,0%
Conocimientos sobre nutrición
Incorrecto 3,4% 27,1% 69,5%
Regular 0,7% 22% 77,35
Correcto 0,4% 22,3% 77,3%
Escolaridad
Analfabeta a primaria incompleta 1,4% 18,3% 80,3%
Básica y media básica 2,4% 23,7% 73,9%
Media superior y superior 0,9% 31,9% 67,2%

Fuente, Galindo, G. C., Juárez, M. L., Shamah, L. T.,  García, G, A.,  Ávila C. A. y  Quiroz, A. M. (2011). Conocimientos en nutrición, sobrepeso u obesidad en mujeres de estratos socioeconómicos bajos de la Ciudad de México. Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, Vol. 61 No 4.

Nos damos cuenta que de los tres grupos del nivel socioeconómico (muy bajo, medio bajo y bajo)  el nivel más bajo presenta las cifras más altas en cuanto a la desnutrición (2,7%) pero también presenta un nivel alto en las cifras de sobrepeso u obesidad, esto indica el traslape de enfermedades que existen en este grupo. Asimismo el aumento más alto del sobrepeso y obesidad se presenta en el nivel de escolaridad analfabeta a primaria incompleta con 80,3%. Podemos notar  que aquellas mujeres que solo cuenta con conocimientos sobre nutrición y que solo cuentan con el nivel básico escolar sufren mayormente sobrepeso y obesidad que aquellas que tienen mayor nivel educativo, ya que tienen menor riesgo de padecer sobrepeso y obesidad. La solución de esta epidemia va más allá de solo dar información acerca de cómo llevar una buena alimentación, más bien se tendría que tomar en cuenta que la población tenga un mayor acceso educativo en todos los niveles.

Diversos son los estudios que se han hecho en países latinoamericanos para determinar cómo es que influyen los factores económicos en la presencia del sobrepeso y obesidad. Un estudio realizado en Medellín Colombia en 2010, señala que las familias que tienen un ingreso económico por debajo de los 1. 400.000 pesos, no pueden garantizar su seguridad alimentaria pues la canasta básica está por encima de 570.000 pesos colombianos, por lo que para poder tener acceso a ella el ingreso familiar tendría que estar por arriba de los 1. 400.000, Por lo que la obesidad y sobrepeso son mayor en estos estratos socioeconómicos. Otro factor importante es la educación, factor que está relacionada con el estado de salud y nutricional, a comparación de quienes cuentan con un mayor conocimiento educativo ya que asumen mejores comportamientos que benefician la salud. Al igual que en México también existen grandes desigualdades sociales y las causantes que detonan la obesidad son las mismas (Álvarez et al, 2012).

Otro estudio realizado en Rosario Argentina, muestra como también la población con menos recursos económicos no tienen acceso a una buena alimentación, por lo que al elegir sus alimentos deben de contar con las siguientes características: baratas, que rindan, que gusten y que llenen. Por lo regular el tipo de alimentos que cumplen con dichas características son los guisos, el fideo, sopas y pan, todos estos son altos en carbohidratos y grasas. En ocasiones los adultos deben de privarse de los alimentos para dárselo a los niños pues la comida no es suficiente para todos los miembros de la familia y para poder satisfacer su hambre consumen mate. El alto consumo de estos alimentos inducen al padecimiento del sobrepeso y la obesidad. (Perreti et al 2009). Gabin (2010) también coincide que la población de escasos recursos tienden a presentar altas tasas de sobrepeso y obesidad por su alto consumo de carbohidratos. Múltiples son las causas, entre estas están; la inserción de la mujer en el medio laboral, el avance tecnológico, aumento de la comida industrializada, las largas jornadas laborales, la publicidad es cada vez más agresiva que ínsita al consumo de los alimentos procesados.

La Declaración de los Derechos Humanos señala que para poder gozar de salud es indispensable que se haga valer el derecho a la alimentación. De acuerdo a esta declaración, nos damos cuenta que estos derechos se encuentran violentados, porque no existe totalmente la seguridad alimentaria y no solo de Argentina sino también de México.

“Según un análisis realizado por la ONU para la Agricultura y la Alimentación en el año 2001 sobre estos puntos se afirma que son adecuados los alimentos que sean culturalmente aceptables y que se produzcan en forma sostenible para el medio ambiente y la sociedad… su suministro no debe interferir con el disfrute de otros derechos humanos, por ejemplo no debe costar tanto adquirir suficientes alimentos para tener una alimentación adecuada, que se pongan en peligro otros derechos socioeconómicos o satisfacerse en detrimento de los derechos civiles o políticos” (Galindo et al., pp. 4)

Como ya notamos esta problemática está afectando cada vez más a los países en desarrollo y se vuelve un indicador de pobreza. Un estudio realizado en 2003, en niños de edad escolar donde se asocia positivamente el nivel socioeconómico con el alto padecimiento del sobrepeso y la obesidad (Mercado y Vilchis, 2013). Con esto se concluye que entre menor sea la capacidad de adquirir alimentos que favorezcan la nutrición, mayor es el riesgo de padecer sobrepeso y obesidad. Si bien la población de escasos recursos tiene mayor acceso a los alimentos industrializados por ser más baratos, no se les puede culpar de ello, ya que los alimentos de la canasta básica se encuentran a un costo muy alto haciéndolos muchas veces inaccesibles.

 

 

 

Bibliografía

 

  1. Álvarez, C. L., Goez, R. J. y Carreño, A. C. (2012). Factores sociales y económicos asociados a la obesidad: los efectos de la inequidad y de la pobreza. Polit. Salud, Bogotá (Colombia), 11 (23): 98-110, julio-diciembre.
  2. Beltrán, G. F., Saldívar, G. A., Vázquez, N. F. y Martínez, P. G. (2014) Obesidad, Diabetes Mellitus y Pobreza. Medicina Salud y Sociedad Vol. 4 No. 2.
  3. Castañeda, C. E., Molina, F. N. y Ortiz P. H. (2010). Sobrepeso-Obesidad en Escolares en una Área Marginada de la Ciudad de México. Revista Mexicana de Pediatría, 77, Núm. 2.
  4. D. (2009). Obesidad y Pobreza: marco conceptual para su análisis en Latinoamérica. Saúde Soc. São Paulo, v.18, n.1, p.103-117.,
  5. Gabin, (2010). La obesidad en los diferentes niveles socioeconómicos. Revista Electronica de PortalesMedicos.com – http://www.portalesmedicos.com/publicaciones.
  6. Galindo, G. C., Juárez, M. L., Shamah, L. T., García, G, A.,  Ávila C. A. y  Quiroz, A. M. (2011). Conocimientos en nutrición, sobrepeso u obesidad en mujeres de estratos socioeconómicos bajos de la Ciudad de México. Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, Vol. 61 No 4.
  7. González, B. J. (2004). México DF: McGRAN-ALL INTERAMERICANA EDITORES.
  8. González, H, C. y Atalah, S. E. (2011). Regulación de la publicidad televisiva de alimentos para prevenir la obesidad infantil. Universidad de Valparaíso. Chile, Vol. 61 Nº 3.
  9. Ladino, M. L., Sepúlveda, V. N. (2013). Puntos de impacto entre la problemática del siglo XXI: obesidad infantil. Revista Gastrohnup, Volumen 15 Número 1 enero-abril.
  10. Mercado, P., Vilchis, G. (2013). La obesidad infantil en México. Alternativas en Psicología, número 28. Universidad Iberoamericana, México, D.F. 49-57.
  11. Peretti, L. M., Romero, M. y Rovetto, A. (2009). Obesidad en la pobreza. Prácticas y representaciones asociadas a esta patología en sectores de bajos recursos. Invenio, vol. 12, núm. 23.
  12. Saldaña, C. Roseell, R. (2000). Obesidad. Ediciones Martínez Roca, S.A. Barcelona.

 

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El Tratado del Libre Comercio de América del Norte y la epidemia de obesidad en México

En éste artículo abordaré el posible impacto que ha tenido el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en la epidemia de obesidad en México

 

En los años ochenta México se encontraba en un momento difícil, pues vivía una situación económica complicada debido a la caída del peso, por lo que se vio obligado a realizar una serie de reformas que ayudarían a combatir este problema económico. Para 1982 la política agrícola mexicana se vio afectada por la reducción de recursos públicos (Santos, 2014).

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Caelos Maruri, fotógrafo

Ante el inicio de las reformas y ante la recesión económica que atravesaba el país,  en 1983, México realiza cortes en el gasto público, por lo que se ven afectados diversos programas sociales que estaban subsidiados, pues estos fueron eliminados y otros fueron reestructurados. Uno de los programas creados para reducir significativamente los subsidios relacionados a la alimentación y la producción de alimentos, fue el Programa Nacional de Alimentación (PRONAL) (Barquera, Rivera y Gasca, 2001).

En 1986, como parte de las reformas pactadas, se lleva a cabo el acuerdo multilateral entre Estados Unidos y México sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT). El Estado apostó por abrirle las puertas al mercado de Estados Unidos, ya que con ello eliminaría todo tipo de restricción y regulación a las corporaciones agroalimentarias transnacionales (Santos, 2014). Las reformas de corte estructural fueron negociadas por organismos internacionales. Esto llevó a encaminarnos hacia la liberalización de los mercados abriendo paso a la inversión privada. Con lo anterior el Estado jugó un nuevo papel frente a las actividades económicas integrándose a la economía mundial (Torres, 2006). Ante esto la producción agrícola mexicana disminuyó (ibid). Esto es relevante ya que impactó desfavorablemente en la oferta de alimentos locales para los mexicanos y favoreció las condiciones para la importación de alimentos producidos industrialmente.

En 1990 se da paso a la firma del TLCAN bajo el mandato de Carlos Salinas de Gortari.

El gobierno mexicano ve en TLCAN la oportunidad y estrategia para “modernizar la economía”, favorecer la entrada de capitales productivas y de inversión, promover la reestructuración productiva del país hacia las áreas “competitivas” y desarrollar el sector exportador (et al, pp 116.)

Con ello se hicieron cambios en el artículo 27 constitucional, dirigiéndose a la privatización de los ejidos y permitiendo la inversión extranjera en la actividad agropecuaria por medio de sociedades mercantiles. De tal modo, la constitución se adapta al TLCAN y no al contrario como tenía que haber sucedido (Arellanes, 2014). Los fines de este tratado eran, según sus proponentes,  fortalecer la economía mexicana y de igual manera dar paso al incremento de exportaciones. Pero evidentemente no sucedió de esa manera, pues a partir de ello se dieron una serie de reformas estructurales que acabarían por debilitar el área agropecuaria y por ende las exportaciones. El TLCAN sólo responde a los intereses de Estados Unidos, por lo que hay mayor ganancia para este país al abrirle las puertas a las empresas transnacionales sin cuota alguna. Grandes estragos trajo consigo, al provocar un estancamiento productivo y así mismo la desaparición de medianas y pequeñas empresas, dejando a los mexicanos en condiciones desfavorables. De modo que el salario se ve drásticamente afectado al igual que el empleo formal, por lo que la población mayormente afectada fue la que menos recursos tiene (ibid).  Este aspecto también contribuyó a la disminución del poder adquisitivo de millones de mexicanos y a su dieta.

En 1994, nuevamente se presenta una devaluación, por lo que hay otro corte al gasto público,  de tal forma surgen nuevos programas sociales. Tal es el caso del  programa llamado “solidaridad”  dirigido a los tres rubros más importantes: la salud, educación y a la mejora de servicios públicos de las comunidades. Su objetivo principal, según el gobierno era elevar la salud de la población  rural, urbana e indígena con índices de alta marginación. Así mismo desaparece el programa “CONASUPO” organismo paraestatal. (ibid).

A finales de la década, las actividades productivas iban a la baja y la situación se tornaba devastadora, ya que las políticas sociales agropecuarias no favorecieron  a los pequeños productores rurales, sino más bien a los grandes empresas (ibid & Calberg y Rude, 2004). En cuanto a la pobreza,  el problema era más grave, La firma del TLCAN fue uno de los procesos de globalización e integración a nivel mundial. Esto  traería grandes ganancias para los americanos, mientras que para los productores mexicanos, sus ganancias se verían afectadas (ibid).

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Carlos Maruri , fotógrafo

Cuando el proceso de la globalización se dio en América Latina, se vio lleno de rezagos que ha ido arrastrando a lo largo del tiempo. Con este proceso se dio paso a la globalización en México y con ello generando grandes desigualdades sociales y al enriquecimiento de solo una parte de la población (Mota, 2002).

De acuerdo con Vargas y Bourges, (2012) desde 1938 se ha llevado a cabo el proceso de la globalización y este continúa hasta la actualidad, de manera que se ha intensificado el comercio internacional  con la aparición de grandes industrias transnacionales de alimentos en todo el país. A principios del siglo XX, Estados Unidos introdujo el almidón y aceites comestibles donde claramente se ve afectada la alimentación pues la introducción de estos alimentos inducen a la aparición del sobrepeso y la obesidad. Dada esta situación se lleva a cabo un mestizaje culinario y con ello poco a poco la pérdida de  la cultura original. Fausto et al (2006) mencionan que los los procesos de industrialización acelerados han llevado a modificar los patrones alimentarios del país.

Con la entrada del TLCAN y el impacto de la globalización (avances tecnológicos, influencia de medios de comunicación de masas y marketing de alimentos). (Pedraza, 2012) nuestros hábitos alimenticios han sufrido cambios radicales, trayendo un proceso de transición nutricional.

En conclusión el impacto que ha tenido el TLCAN en la alimentación de los mexicanos na ha sido del todo favorable y según los autores consultados este tratado podría ser un elemento importante detrás de la epidemia de obesidad en nuestro país.

Bibliografía

  • Arellanes, J. P. (2014). El tratado de libre comercio de América del Norte: antes, durante y después, afectaciones jurídicas en México. Revista del Instituto de Ciencias Jurídicas de Puebla A.C., vol. VIII, núm. 33.
  • Barquera, S., Rivera, D. J. &  Gasca, G.A. (2001). Políticas y programas de alimentación y nutrición en México. Salud Pública de México, vol.43, 464-476.
  • Calberg, J. y Rude, J. (2004) Intercambio de comercio agroalimentario entre Canadá y México bajo el Tratado de Libre Comercio. Revista Mexicana de Agronegocios, vol, número 015, Universidad Autónoma de la Laguna. 282-293.
  • Fausto, G. J., Valdez., L. R., Alderete, R. G. y López, Z. M. (2006). Antecedentes Históricos de la Obesidad en México. Investigación en Salud, vol. VIII, núm. 2,
  • Mota, D. L. (2002). Globalización y pobreza: dicotomía del desarrollo en América Latina y México. Espacio abierto vol. 11, no. 2.
  • Ruiz, A. y Dolores, B. (2008). Globalización y competitividad en el sector hortofrutícola: México, el gran perdedor. El Cotidiano, vol. 23, núm. 147, enero-febrero.
  • Santos, B. A. (2014). El patrón alimentario del libre comercio. Primera edición. – México: UNAM, Instituto de Investigaciones Económicas,CEPAL.
  • Torres, T.M. (2006).  El impacto de los acuerdos de libre comercio sobre el derecho a la salud. Revista Cubana de Salud Pública, vol.32 n.3, 1-7.
  • Vargas, G. A., & Bourges, R. H. (2012). Los fundamentos biológicos y culturales de los cambios de la alimentación conducentes a la obesidad. El caso de México en el contexto general de la humanidad. Obesidad en México: recomendaciones para una política de Estado, México, Universidad Nacional Autónoma de México,  ISBN: 978-607-02-3861-1, 99-122.

 

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