La Promoción de la Salud: una mirada desde las competencias (I parte)

“La promoción de la salud se hace con las personas”; esa frase la escuché en un foro sobre universidades promotoras de la salud y desde entonces se ha transformado en mi batuta cada vez que hablo sobre la carrera.

Precisamente, este aspecto hace de la Promoción de la Salud una herramienta innovadora en el campo de la salud puesto que la coloca como un elemento unido a las políticas y acciones de los diferentes actores que integran a una comunidad: ya no hablamos por tanto, de la salud bajo un espectro directo del determinante biológico, ahora es una concepción de procesos y resultados y cómo a través de una lectura integral de ellos logramos potenciar la calidad de vida de las personas.

Por lo general, los proyectos en salud para abordar estos temas se han basado en un método tradicional de generar objetivos cuyo cumplimiento de acciones en teoría generan un producto concreto (las metas). Pero ¿se puede aplicar este mismo método en la Promoción de la Salud? Desde mi perspectiva, no; no cabe aplicar objetivos en los proyectos de P.S.

Ahora bien, algunos me refutarán que hay proyectos en P.S. desarrollados bajo este método, lo cual coloca a mi posición en una delicada línea entre la falacia y la locura. Sin embargo, antes de llegar a esta conclusión, me permito explicar la lógica de mi argumento.

Como lo dije al principio, la Promoción de la Salud se centra en las personas, ellas son el núcleo de la acción y la convergencia de las estrategias para, precisamente, promover la salud. Si se hace una lectura analítica de la estructura de un objetivo, en su esencia no cubre los aspectos epistemológicos ni metodológicos para cubrir una de las máximas de la carta de la carta de Ottawa (1986), retomada por la Declaración de Yakarta sobre Promoción de la Salud en 1997: el desarrollo de aptitudes personales.   Entonces, si los objetivos no logran alcanzar la complejidad del proceso de desarrollo holístico de las personas ¿qué lo haría? Aquí, entra a escena un concepto complejo, pero que a la larga, integra en su construcción las bases completas para trabajar, desde la Promoción de la Salud, el comportamiento de las personas y el desarrollo de estas aptitudes personales en aras de mejorar el estado de salud de la población: las competencias.

El tema de competencias es sumamente amplio y con muchas perspectivas, pero con su potencial integrador lo hace un componente necesario cuando queremos abordar desde los proyectos, la figura holística de la salud. Cuando hablo de competencias, me remito al concepto utilizado por Sergio Tobón (2005): “procesos complejos que las personas ponen en acción-actuación-creación, para resolver problemas y realizar actividades” (pág. 49). Si bien la cita queda corta, me atrevo a resumir que las competencias se basan en tres grandísimas esferas del saber: el saber ser, el saber conocer y el saber hacer.

¿Cómo se inserta esto en los proyectos de Promoción de la Salud? ¿Por qué desde mi perspectiva deben ser el método de construcción de los proyectos de los promotores de la salud?…esas respuestas, base de mi argumento, quedan para la segunda parte de este texto…

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Bibliografía: 

Tobón, S. (2005). Formación basada en competencias. Bogotá: Ecoe Ediciones. 

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La Promoción de la Salud: una mirada desde las competencias (I parte)
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4 comentarios en “La Promoción de la Salud: una mirada desde las competencias (I parte)

  1. Hola Federico, tu artículo me ha despertado algunas reflexiones que quiero compartir contigo y con la comunidad.  Voy a tratar cada idea en un comentario por separado por si tú o cualquier otro miembro de la comunidad quiere comentar mi comentario. Aquí va la primera reflexión.

    "La promoción de la salud se hace con las personas…" yo pienso que debemos ir más allá, me parece que idealmente la promoción de la salud se debe hacer por las personas, son ellas a las que les corresponde promover su salud y al promotor de la salud le corresponde contribuir a generar las condiciones para que esto suceda.

    En ese sentido considero que la promoción de la salud es un proceso de cambio. Este proceso implica cambios en las personas y cambios en su entorno, en -por decirlo de alguna manera- su realidad. Ambos cambios se influyen mutuamente, uno es consecuencia del otro y viceversa, por lo que es necesario que sea el otro el que haga el proceso. Desde mi perspectiva nadie puede promover la salud por el otro, lo que no implica que entre los seres humanos promovamos nuestra salud de forma colaborativa.

    • ¡Hola David! Muchas gracias por comentar. Al parecer el tema trae mucho interés, igual me pasó a mí cuando lo toqué por primera vez y a partir de entonces me he dado a la tarea de investigar sobre el tema. Y bueno, cada vez que alguien lee una entrada y deja algunas palabras, se cumple el propósito del sitio, el cual es compartir y generar una discusión rica en cuanto a esta profesión que queremos. Ahora, siguiendo tu ejemplo, paso a abonar más a esta conversación.

      Creo que es una más una cuestión de semántica que otra cosa, pero aun así, igual como lo expresaba Benjamin Lee Whorf, el idioma es constructor del conocimiento. Así las cosas, expresar que “la promoción de la salud se hace con las personas” ese “con” es un enlace que coloca a las personas en un mismo nivel de participación que el profesional; es decir, este conector implícitamente habla sobre un proceso de realimentación entre las partes que intervienen en el proceso y en función de los conocimientos tanto del promotor de la salud como de la gente a quien se dirige, se generan los mecanismos que permiten, efectivamente, promover la salud.

      Nótese ahora el uso del “por”. En efecto, tiene un tono idealista pues se trabaja (en un sentido positivo) para que las personas se introduzcan en los sistemas generadores que a la postre, promoverán su salud. Sin embargo, al analizar parte por parte esta propuesta, el “por” no enlaza, sino que hace “receptoras” a las personas de un fenómeno; es decir, se colocan en una posición pasiva con respecto al profesional que viene a traer. Por tanto, para mí, este “por” no llega a encerrar el completo sentido de la promoción de la salud.

      Como dije antes, creo que es una cuestión de semántica, mas desde mi perspectiva, si bien la promoción de la salud se embarca en las aguas del empoderamiento, en la práctica hay un proceso de aprendizaje que viaja en dos sentidos (promotor <—–> personas participantes). Y precisamente, como vos lo decís, esto es una cuestión de cambios que trabaja en espectros unidos y por lo tanto, es inevitable que todos aprendamos de todos para generar impacto. 

  2. Ahora megustaría comentar lo que dices en relación con los objetivos. Me parece que los programas de la  promoción de la salud dominante -especialmente aquellos de las instituciones- se basan en criterios de evaluación cuantitativos, además de centrarse en indicadores de proceso (por ejemplo, número de acciones institucionales). Esto me parece muy desafortunado y coincido contigo en el sentido de que el uso tradicional de los objetivos y su vínculo con las metas no tiene mucho sentido en una promoción de la salud centrada en las personas y no en los programas.

    Si ponemos al centro a las personas y ellas se convierten en las promotoras de salud tal y como lo planteo en mi comentario anterior es un sinsentido que la institución plantee objetivos para ellos. Más útil sería trabajar orientado por propósitos generales de la práctica…guías que le dan sentido al actuar y que describen más una forma de hacer la práctica, más que un resultado de la misma. Yo estoy deacuerdo contigo que los objetivos así no tienen razón de ser.

    Sin embargo, si damos la vuelta a la relación entre el profesional de la promoción de la salud y el otro podemos imaginar un proceso en el que sean las personas que planteen sus propios objetivos, y los evalúen basándose en indicadores cualitativos y/o cuantitativos según les convenga. Entonces el profesional de la promoción de la salud y su institución son facilitadores para que las personas logren sus objetivos y promuevan la salud que ellos definan, no aquella que les imponga la institución o el "experto".

    Finalmente me gustaría comentar tu propuesta sobre las competencias, que me parece muy interesante. Pero eso lo haré en la segunda parte de tu artículo.

    • Paso con otro aspecto muy interesante de tu comentario.

      Sergio Tobón, quien para mí su planteamiento del Pensamiento Complejo es una tema que todas las profesiones deberían tomar como libro obligatorio, menciona en uno de sus capítulos todo el proceso histórico por el cual han pasado las competencias: desde el origen como lo fueron los objetivos hasta ahora con el desarrollo de estándares curriculares. El punto fuerte, no es suprimir el uno o el otro, sino adecuarlos a las necesidades específicas de cada plan, programa o proyecto en el que se trabaja.

      Dicho esto, cuando hablamos en Promoción de la Salud sobre cambios en los estilos de vida de las personas, tocamos un punto álgido: la conciencia y conducta (el famoso CAPS). De allí entonces, por su estructura tan básica, un objetivo queda corto en función de trabajar estos dos procesos tan complejos que señalo. Mientras que una competencia, al ser elaborada con toda una serie de elementos que trabajan desde el pensamiento complejo para la resolución de problemas y los sistemas de idoneidad con relación al desarrollo de actividades, sí manejamos desde la promoción de la salud estos dos elementos.

      Con todo lo anterior, no quiero dar a entender que los objetivos no funcionan, al contrario, un investigador no puede realizar su trabajo sino contiene objetivos, lo mismo que una empresa o si una municipalidad trabaja con una asociación para solucionar un problema en la comunidad. Sin embargo, todo cambia cuando la fuente del trabajo radica en empoderar a las personas, hacerlas sujetos de cambio y partícipes activos de su entorno (tal como vos lo decís).

      De ahí entonces, es a través de las competencias y su estructura que nos permitirán trabajar estos temas.

      Te agradezco el espacio de conversación, lástima que no estamos en el mismo suelo porque me gustaría mucho poder conocer más tus planteamientos.

      (El voseo es propio de Costa Rica, lo siento si parece muy confianzudo). 

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