De cómo comencé a hacer Promoción de la Salud

De cómo comencé a hacer Promoción de la Salud

En la publicación anterior les hablé sobre la inquietud que tenía de conocer la experiencia de Servicios para el Desarrollo, Asociación Civil (Sedac). En este artículo les comparto el momento de mi llegada a Ixmiquilpan, y de cómo fui definiendo mi perfil como promotora de la salud.

En este artículo he seleccionado contarles algunos de los momentos más importantes en mi camino como promotora de la salud. Llegué al Valle del Mezquital con la finalidad de realizar mi trabajo recepcional, pensaba quedarme seis meses, tiempo suficiente para recolectar la información necesaria para elaborar el trabajo de investigación. Al cabo de un año concluí el trabajo recepcional y presenté el examen de titulación en marzo del 2011, siendo ya colaboradora de Sedac.

20150819_101610-1Tal vez para algunos sean significativas las fechas, en lo personal muchas veces no las tomo en cuenta. Y curiosamente, recuerdo el día exacto que me fui para Ixmiquilpan así como las actividades que realicé ese primer día. Lo anterior lo comento porque fue una experiencia inolvidable. Imaginarme fuera de casa, lejos de mi familia, de mis amigas, el hecho de ya no venir cotidianamente a la Universidad y no ver a los y las profesoras, ni a la señora de las quesadillas, ni a los compañeros de las otras carreras con quienes compartía ideas. Pensarme en otro lugar totalmente diferente, convivir con personas que jamás había visto en la vida, adaptarme a otro ritmo de vida, significó muchísimo para mí.

Ahora que lo estoy pensando y recordando, lo estoy escribiendo desde un sentir profundo. Muchas veces nos la pasamos imaginando y pensando en lo que podríamos hacer en el futuro, sin detenernos a reflexionar si en verdad es lo que queremos hacer y nos satisface hacerlo. En algunas ocasiones nos dejamos llevar por lo que se nos hace “más fácil”, lo que es más cómodo y no cuesta esfuerzo alguno. En esos momento, tomar la decisión de hacer el trabajo de titulación fuera de la Ciudad, con personas que no conocía y vivir lejos, implicaba un reto personal, más que una dificultad.

Aunque el proyecto lo había planeado para seis meses, tiempo que me permitiría realizar el trabajo de campo, entrevistas y demás, el periodo se alargo conforme me iba involucrando en más actividades. Al principio me dedique a realizar la investigación documental para nutrir más mi trabajo, mientras colaboraba y acompañaba a las demás compañeras a reuniones de trabajo, asambleas comunitarias, elecciones de comités, cotización y compra de insumos para sus talleres; iba conociendo de cerca cada proyecto que había revisado en los folletos informativos y libros que había consultado antes. En muchos de los casos confirme que los proyectos de hace más de 20 años siguen avanzando, algunos son administrados por otras dependencia y muchos siguen en manos de las comunidades y/o grupos organizados.

La llegada a Ixmiquilpan implicó reconocer mis habilidades y capacidades, llevar acabo lo aprendido durante la carrera de Promoción de la Salud y sobre todo, apropiarme de mi identidad como promotora de la salud. Un reto más que superar en mi proceso de formación. En este sentido considero que la Promoción de la Salud tiene que ver con lo que nos imaginamos, pero que también con lo llevamos acabo en la práctica cada uno desde sus lugares, y sobre todo, que nos sintamos a gusto con las decisiones que tomamos y con lo que estamos haciendo. El hecho de haber concluido la carrera no me implicaba el final sino el comienzo de mi vida como profesionista. A veces pensamos que lo más importante es tener una carrera y ser profesionista sin pensar que una vez que lo logramos tenemos el compromiso de compartir y retribuir lo que hemos adquirido en la universidad. Yo me encontraba en esa situación, sentía el compromiso de trabajar junto a los demás y me encontraba en la disposición de participar en todas las actividades que se realizaban. Considero que la actitud de estar dispuesta a seguir aprendiendo, ser constante y participar contribuyó a que me tomaran en cuenta para participar en el proyecto que en ese tiempo Sedac estaba trabajando.

Si pensarlo o haberlo planeado, la propuesta de trabajo estaba frente a mí, recuerdo muy bien el momento porque sin saber muchas cosas y sin tener experiencia, me encontraba en un momento importante de mi vida, aceptar una propuesta de trabajo, que independientemente de las actividades administrativas que realizaría, involucraba estar cerca del proyecto, conocer las experiencias de las familias que participaban, así como aprender a diseñar, gestionar y ejecutar un proyecto.

Como antes ya lo mencioné, mi estancia en el Valle iba a ser de seis meses, con la propuesta de trabajo el plazo se alargo a un año. Lo que implicó que además de percibir un sueldo modesto que me ayudaría con mis gastos personales, y tendría más tiempo para realizar mí trabajo recepcional. Con ambas cosas estaba completamente de acuerdo, sin embargo, siempre tuve presente terminar el trabajo y titularme, ya que para mí, en esos momentos, era lo mas importante.

Al involucrarme más tiempo en los proyectos y no sólo dedicarme a las cuestiones administrativas, fui fortaleciendo mi identidad como promotora de la salud. Menciono lo anterior porque desde el principio y actualmente, algunas compañeras de trabajo con diversas formaciones académicas (sociología, medicina veterinaria, trabajadores sociales, diseñadoras, arquitectos y demás), me identificaban como promotora de la salud que “debería” dar talleres sobre: nutrición, mejora de los hábitos alimenticios, prevención de enfermedades, entre otros. Situación que no me ayudaba mucho, y no porque fuera malo hacer eso o porque no lo pudiera hacer, sino porque desde mi sentir y desde visualizarme como promotora de salud, me generaba incomodidad, pues desde que estudiaba la carrera identifiqué algunas acciones con las que difería como promotora de la salud, y comencé a buscar y construir mi perfil como promotora de la salud desde una visión particular. Recuerdo que en varias ocasiones tuve la oportunidad de presentarme por mi nombre, como acostumbro, sin embargo, las preguntas de las mil y un millón no podías faltar: ¿en dónde estudié?, ¿qué estudié? Y ¿qué es y con qué se come la Promoción de la Salud? Situación que muchas veces al principio, sentía que me invadía el miedo al responder que había estudiado Promoción de la Salud en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México y explicar desde mi construcción conceptual lo que entendía de Promoción de la Salud.

Lo anterior lo comento porque en este camino he estado en un constante proceso de formación, siempre con la necesidad de seguir aprendiendo cosas conforme me voy moviendo en el trabajo, ya que para mí es importante no ser encasillada en acciones dominantes sobre salud. Me encuentro en una constante reflexión y análisis sobre mi quehacer como promotora de la salud. Y en este proceso he adquirido conocimientos que me han permitido moverme en distintos espacios donde mi formación como promotora no se ha reducido a acciones dominantes, sino me ha llevado a distintos espacios donde mi perfil se ha ampliado y diversificado, situación que me impulsa a seguir aprendiendo y continuar con mi formación profesional.

Otra situación que me viene a la mente es cuando algunas compañeras de diferentes comunidades y de Sedac, fueron invitadas a un intercambio de experiencias por el departamento de Trabajo Social de la Universidad Autónoma de Aguascalientes como expositoras, a la cual también fui invitada. En esa ocasión todas estábamos emocionadas, pues era la primera vez que asistía a un evento de ese tipo e iba a conocer otro Estado, así que con la emoción y con muchas ganas de compartir llegamos a la Universidad de Aguascalientes y comenzó el evento. Durante la presentación mencionaron los nombres de las compañeras y al mencionar el nombre de los representantes de Sedac, le colocaron “etiquetas”: Licenciada en Trabajo Social, Oralia Cárdenas Zacarías, Licenciado en Sociología, Salvador García Angulo y Licenciada en Promoción de la Salud, mi nombre. Un dato curioso que provocó en las compañeras un sentimiento encontrado, pues ellas no nos reconocía por “licenciadas”, para ellas éramos, Oralia, Chava y Yedid. Al momento de la presentación varias compañeras expresaron que desconocían el título que teníamos, pues para ellas siempre que llegamos a su comunidad somos Oralia, Chava y Yedid, unas personas que no nos presentamos como licenciadas y que en esos momentos se habían enterado sobre la formación que tenemos.

Les cuento lo anterior porque desde una mirada particular de promoción de la Salud, considero que no es malo obtener un titulo de licenciada, abogado, ingeniero, etcétera. Lo que es importante es la relación que establecemos con las demás personas, el titulo es un papel que esta guardado en el archivo, que es importante en algunos momentos de nuestra vida pero no nos hace más o menos que las otras personas. En este espacio de trabajo aprendí que el tener la formación de Promoción de la Salud, y que en algún momento de mi vida fue importante tener el titulo de licenciatura, no es lo único que me da identidad como promotora de la salud, y que existen otros elementos que nos dan identidad. Como promotora de la salud reconozco que sigo en un proceso de formación, reflexionando y analizando constantemente mi quehacer.

Por último, algunas ideas que quiero compartir y que he podido construir a partir de revisar mi experiencia laboral en este tiempo, es que existen ideas dominantes que hacen que el trabajo esté centrado en el cumplimiento de estándares. La Promoción de la Salud sigue siendo considerada sólo como aquellas prácticas que están dirigidas hacia la prevención de enfermedades, en algunas ocasiones, consideran que sus acciones son las de informar, comunicar, proporcionar, determinar el “deber ser” y la manera en cómo, cuándo y con qué, las personas se deben de cuidar para no enfermar.

En la mayoría de los espacios donde nos encontramos laborando, las personas no son consideradas como sujetos con capacidad de pensar, crear, imaginar, sentir, organizar y sobre todo con la capacidad de tomar decisiones que les permita diseñar un proyecto de vida saludable. Lo anterior me ha recordado la importancia de revisar constantemente mi idea sobre el otro. De pensarlo como sujeto que posee capacidades que le permitirían incrementar sus niveles de salud.  Incluso nosotras como profesionales de la salud, nos enfocamos a mirar los demás entornos sin detenernos a mirar y reflexionar nuestro entorno. Por ello, se debe pensar a la promoción de la salud como un proceso que promueva la autoconstrucción de las personas a través del desarrollo de sus capacidades humanas, tomando en cuenta el contexto social, económico y cultural de las personas y sus comunidades.

Desde ahí se piensa que la Promoción de la Salud es un trabajo a largo plazo el cual está enfocado a aspectos de organización, participación y coordinación, diseño de estrategias de intervención que permiten generar vínculos con y entre las personas, es un trabajo conjunto que tiene como objetivo la autoconstrucción de los sujetos en sus comunidades. Desde ahí considero que el trabajo en equipo es una herramienta importante para el trabajo como promotora de la salud, debido a que permite el intercambio de experiencias a partir de las cuales se enriquece el trabajo y conlleva a un compromiso de todas las partes.

Y en este andar he aprendido que es importante la relación que establecemos con los demás, mirar nuestro entorno, analizar la realidad que estamos viviendo para poder actuar y movernos por caminos diferentes que nos permitan ampliar nuestra visión del mundo.

En este sentido les hago la invitación a que reflexionemos desde nuestros espacios e imaginemos el camino que queremos y decidamos andar. ¿Qué pensaron mientras me escuchaban? ¿Por dónde van trazando su camino como promotoras y promotores de la salud?

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