Miedo: reconociéndolo y transformándolo

Miedo: reconociéndolo y transformándolo

Desde hace ya varios días, semanas tal vez, me he sentido rara, sensible pero sobre todo miedosa; por eso la entrada del día de hoy la dedicaré a las reflexiones que han surgido en torno al miedo.

Miedo; una palabra que ha estado presente siempre en mi vida, tan cercana, tan incorporada, tan constante, pero por fortuna cada vez más reflexionada y resignificada por mí misma en los últimos tiempos.

Hablar del miedo es hablar sobre todo de renuncias, de renunciar a deseos, sueños y aspiraciones y en consecuencia es hablar de limitaciones, el miedo entendido como la imposibilidad de acción y realización genera incertidumbre, ansiedad y angustia. El miedo es sin duda la más poderosa arma paralizante y controladora e todos los tiempos

Un poco más arriba me he referido al miedo como una constante en mi vida, sin embargo a lo largo del tiempo mi relación con el miedo se ha transformado, no es lo mismo hablar de cómo el miedo influyó en mi infancia, que en mi adolescencia, que en los últimos años. Quizá la época que identifico más difícil es durante mi infancia, pues considero que muchas de las vivencias de este momento fueron detonantes del miedo que después definió el modo de vivir mis años posteriores.

Y efectivamente, durante muchos años el miedo fue la causa de muchas de mis renuncias, de muchos sueños sin cumplir y de muchos episodios de ansiedad.

Afortunadamente existen formas diversas de aminorar e incluso erradicar el miedo de la vida de las personas, desde luego como todo proceso conlleva trabajo, tiempo, tal vez años, pero confío es posible. Desde mi lugar puedo decir que una de las maneras de trabajarlo es con ayuda  de la reflexión llevada  a sus más altos niveles, pues la reflexión permite un proceso complejo de cuestionamiento, cuestionamiento-acción y cuestionamiento-acción cuestionamiento.

373983106_fe2230ea15_mEn este sentido, he de confesar que como resultado de mi práctica reflexiva, hablar es una de las cosas que más me gusta, concretamente hablar conmigo misma, de un tiempo a la fecha me ha parecido de lo más interesante escuchar las cosas que digo, tal vez es una forma de hacerlas conscientes y, sin duda es punto clave para reflexionar sobre ellas. Creo que esto tiene su lado bueno y su lado complicado, es lógico que la reflexión te permite pensar e incluso re-pensar algo y que tu proceso reflexivo puede llegar a ser tan complejo como ni siquiera lo imaginas; cuando me refiero a lo bueno de disponerte a escucharte, preguntarte y contestarte cosas, sin duda me refiero a la capacidad que la práctica reflexiva nos ofrece para explicarnos las cosas y generar aprendizaje.

Cuando me refiero a la parte complicada, me refiero particularmente a lo que a mí se me complica, no precisamente al momento de la reflexión, sino a la complicación que identifico que se genera en mí como resultado del hábito de pensar sobre lo que digo, hago, escucho, veo, etcétera. En otras palabras, me he dado cuenta que a veces pienso demasiado y disfruto quizá un poco menos, es como si de pronto no pudieras dejar de cuestionarte todo lo que escuchas, como si ya no encajaras en lugares y con personas con las que antes lo hacías sin problemas.

Pero qué pasa cuando te escuchas hablar o mejor aun cuando de pronto te descubres pensando o haciendo cosas contrarias a lo que tú misma has elegido como ideales para avanzar en el camino de construirte en los distintos ámbitos de tu vida, qué pasa cuando de pronto sientes la necesidad de llevar a la práctica aquellas ideas que dan sustento a la manera que has escogido para mirar y explicarte el mundo, por qué a veces es tan complicado lograr ser congruente entre tu pensar y tu accionar, respuestas pueden haber muchas, yo tengo algunas y supongo que ha ustedes se les ocurrirán otras, de pronto no puedo dejar de mencionar lo mucho que me impresiona el enorme poder que juegan los aprendizajes que incorporamos a lo largo de nuestra vida como parte de una familia, una comunidad y una ideología especifica.

Supongo que todas esas preguntas que de pronto surgieron en mí y que desde luego reconozco son fruto de una situación actual que me puso al límite, desencadenaron cierto miedo, un miedo distinto, que si bien está ahí y va y viene, ya casi no me paraliza, ya no me impide tomar decisiones, ya no me hace desconfiar tanto de lo que creo y quiero. Hoy he podido encarar al miedo, debatirle, argumentarle, quizá tengo miedo pero ya no dejo que el miedo me impida hacer cosas.

Curiosamente mi faceta de promotora de la salud, es la parte de mi que identifico más lejana del miedo, por decir más me sirve siempre de salvavidas, el ser promotora de la salud es para mí una parte indescriptible en la que reconozco una posibilidad invaluable de conocerme, re-conocerme, trabajarme  y transformarme, pero más allá de eso representa para mi la oportunidad de vivirme en libertad tanto como puedo, aunque reconozco que la práctica de promoción de la salud implica dificultades y contratiempos, lo cierto es que mi experiencia personal la mayoría de las veces me permite descubrirme haciendo mi trabajo sin miedo, si con nervios e incertidumbre, pero sin miedo, por el contrario me permite descubrirme confiando, apostando, asumiendo retos, tejiendo sueños y trabajando para construir realidades.

Me gustaría que me compartieras ¿Cuáles son tus miedos a la hora de tu práctica como promotor/a de salud? ¿Cómo ha sido tu relación con ellos? ¿Cómo has logrado superarlos?

 

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Miedo: Reconocéndolo y transformándolo by Yasmin Guadalupe Vasquez Zagaceta is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.

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2 comentarios en “Miedo: reconociéndolo y transformándolo

  1. Hola. Recién inicio a trabajar como promotora, y mientras buscaba qué es un promotor de la salud encontré este esspacio.
    Ahora que leo el miedo desde tu experiencia, me siento identificada y recuerdo varios eventos que se vieron influidos por esas semsaciomes. Me da gusto leerte y entender un poco más de las partes que me conforman.
    Que tengan un bello día.

  2. Alejandra, buen día.

    Que gusto que me leas y que me escribas sobre tu experiencia al leerme, me da mucho gusto que hayas encontrado este espacio y que mi experiencia te permita sentirte reflejada.
    Te invito a visitar con más detalle esta página, Manantial de Nubes es un espacio a disposición, para que las y los promotores de salud reflexionemos sobre nuestra práctica. Te invito también a leer otras entradas de mi columna reflexiva “Entre el reflejo y la palabra” cuyo link podrás encontrar en la sección “Promotores de salud”

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