La alteración de los ciclos circadianos causa de obesidad

Las sociedades de hoy en día dedican menos tiempo a las horas de sueño por lo que esto podría ser un factor fundamental para sufrir obesidad.

De acuerdo a Cárdenas, Hernández (2012) y Escobar et al. (2013)  el sueño es una necesidad humana básica. Se trata de un proceso biológico fundamental común a todas las personas. El sueño es vital no solo para mantener una funcionalidad psicológica óptima, sino también la funcionalidad fisiológica de importantes sistemas como el neurológico, endocrino, metabólico, inmune y cardiovascular. Por lo que es fundamental para el estado de salud de cada persona.

El cuerpo humano utiliza un ritmo biológico llamado ciclo circadiano que regula el proceso de vigilia y sueño en un periodo de 24 horas, el cual está sincronizado con los entornos de luz-obscuridad (ídem y Sederi, Escobar y Salgado, 2013). En donde la vigilia está predominada por la actividad física, desgaste energético y consumo de alimentos agua, mientras durante el sueño se ahorra y almacena energía, se reducen los proceso digestivos, se llevan a cabo los procesos de reparación celular, descanso y de organización de memoria (ibídem).  Ciertas hormonas son secretadas de acuerdo al ritmo biológico. Tal es el caso de la hormona de la melatonina secretada durante la noche que induce el sueño y es encargada de la reparación celular. También se secreta la hormona del crecimiento, encargada de sintetizar proteínas (ibíd.). La  somatropina (STH), presenta su pico de secreción a la ½ hora de adormecimiento, el de la prolactina aparece a los 40 minutos después de la STH. La hormona tiroidea (TSH) y el cortisol desaparecen al comienzo del sueño. La insulina, leptina y grelina se dan en las fases de REM (ibíd.).  

Durante el sueño existen dos estadios, el primero llamado NREM (sin movimientos oculares rápidos) y REM (movimientos oculares rápidos). Cada ciclo consta de una sucesión de sueño NREM más REM con una duración de 90 a 120 minutos. Estos estadios constan de 5 fases los cuales se describen a continuación:

Fase 1. Esta fase es la del sueño ligero, dura de 30 segundos a 7 minutos. Los ojos se mueven más lentamente y las frecuencias cardiacas, respiratorias descienden ligeramente. Constituye entre el 5-10% del sueño nocturno completo.

Fase 2. El sueño es ligero, tiene una duración aproximada de 10-15 minutos. Constituye el 44-45% del sueño total.

Fase 3 y 4. Estas fases son las más profundas del sueño, suponen el 15-20% del tiempo total del sueño. Esta fase se describe como N3. La fase se caracteriza por la aparición de ondas delta preparando un sueño lento y profundo. En la fase 4 aparecen ondas más lentas y más largas de tipo delta. Se presenta un sueño más profundo.

Durante el sueño de ondas lentas de secreta la hormona del crecimiento para que el cuerpo se reponga de su desgaste diario, por lo que si la interrupción del sueño se produce durante la fase 3 y 4 del sueño NREM causa fatiga, aumento de la sensación de malestar.

Fase 5. Conocida como REM o MOR (movimiento ocular rápido), ocupa de un 20-25% del sueño total. Esta fase aparece generalmente a los 90 minutos después de las fases anteriores y se caracteriza por la producción de ácido ribonucleico (RNA) ligado a la memoria por lo que la interrupción de esta fase está ligada con problemas de concentración, el estado de ánimo y depresión.

La calidad y el tiempo de sueño que dedique cada individuo se ve influenciado por el tipo de actividades que desempeñe y por el medio en el que se encuentra. En la actualidad los individuos dedican menos tiempo a dormir. Un estudio realizado en los Estados Unidos observó que en 1960 el 15% de los jóvenes dormía menos de 7 horas, por lo que en los últimos años la cifra aumentó a 37.1%.

Hay una gran relación entre la falta de sueño y el aumento de la obesidad. “el sueño juega un papel primordial en la sincronización de la programación de acción de las hormonas. Se ha demostrado que los ritmos hormonales vigilia-sueño son prácticamente irrompibles y que cada hormona tiene un patrón circadiano específico, en el que concierne a su funcionamiento” (ibídem, pp.16)

 

 

La forma de vida que hoy se lleva es fundamental, ya que una mala calidad y cantidad del sueño podría desencadenar una alteración metabólica lo que pudiese contribuir a padecer sobrepeso u obesidad (ídem.). Durante la noche hay un estímulo para motivar la ingestión nocturna de alimentos altamente calóricos. La cantidad de ingesta de alimentos ingerida durante la noche representa el 65% del total del día (ibíd.). De acuerdo a un estudio reportó que el sueño reducido está asociado con las alteraciones metabólicas entre ellas la insulina alta. Otro estudio realizado en jóvenes se manipuló la cantidad total de sueño, después de la noche los jóvenes reportaron sensación de hambre y deseo aumentado por ingerir alimentos ricos en carbohidratos (ibídem). La falta de sueño afecta a la grelina y leptina, dormir menos de seis horas resulta que los niveles de leptina son más bajos y niveles más altos de grelina en el plasma sanguíneo. Esto puede dar señales de que el cuerpo necesite energía e ingiera alimentos (ibíd.).

Las  alteraciones de los ciclos circadianos se debe al ritmo de vida que se vive hoy en dia. Trabajos con jornadas laborales muy largas aunado al tiempo de traslado. Llevando a que la calidad y cantidad de sueño sea inadecuado desencadenando graves problemas en nuestro organismo, entre ellas las alteraciones drásticas que sufre el metabolismo lo que puede ocasionar problemas de salud como lo es el sobrepeso y la obesidad.

 

 

 

 

 

Bliografía

  1. Cárdenas, M. V., y Hernández, G. R. (2012). El Rol del Sueño como Riesgo de Obesidad. Desarrollo Científico Enfermería, (20)1, 14-18.
  2. Escobar, C., González, E., Velasco, M., Salgado, R., y Angeles, M. (2013). La mala calidad de sueño es factor promotor de obesidad. Revista Mexicana de Trastornos Alimentarios, 4, 133-142.
  3. Saderi, N., Escobar, C. y Salgado, R. (2013). La alteración de los ritmos biológicos causa enfermedades metabólicas y obesidad. Revista de neurología, 57(2), 71-78.
  4. Regalado, C.,  López, M. y Juárez, E. (2012). La hormona del Crecimiento en el Sistema Nervioso Central. Rev Med UV, Volumen Especial.
  5. Segura, S.  Jiménez, J. y de Escobar, G. (2009). Enfermedades frecuentes de tiroides en la infancia. Revista Pediatría de Atención Primaria, 11(16).
  6. Villalobos, G. (2003). Glucocorticoides. Centro Nacional de Información de Medicamentos, Universidad de Costa Rica.
  7. Rodríguez, G. (2003). Insulinoterapia. Rev Med Hered, 14(3).
  8. Manuel, L., Zarate, A. y Hernández, M. (2012). Acta Médica Grupo Ángeles, 10(3).

 

Licencia de Creative Commons

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