Asertividad y promoción de la salud: Experiencias en mi docencia a nivel medio superior

Hablemos de asertividad

¡Hola estimados lectores!. Iniciaré con uno de los temas que está relacionado con el aspecto emocional de los seres humanos, y que para su estudio requiere, por decirlo así, tocar una gran variedad de fibras agradables y desagradables en el ser humano. Pues bien, me complace construir mi primer artículo con el tema de la asertividad.  Éste tema forma parte del curriculum del curso integración a la salud del adolescente del programa de bachillerato en el que laboro como maestro. Elegí este tema porque es un buen ejemplo de cómo trabajo como promotor de la salud con mis estudiantes. en éste artículo reflexionaré sobre la importancia de la asertividad en una intervención de promoción de la salud. En el siguiente artículo analizaré dos experiencias de cómo trabajé este tema hace poco.   

Algunas reflexiones sobre asertividad

Antes de entrar de lleno, creo conveniente transcribir algunas definiciones de asertividad para familiarizarnos con dicho término.

“… Muchas personas temen exhibir sus sinceros sentimientos de amor y de comprensión  porque piensan que serán avasallados y que no podrán reaccionar frente al rechazo de los demás. Si pensaran confiadamente que sí, que sin duda habrá que resolver ciertas dificultades, pero que serán perfectamente capaces de reaccionar asertivamente frente a esas dificultades, y hasta frente al rechazo de los demás, habría menos temor a exhibir sentimientos de ternura, de afecto y de amor. Me complazco en pensar que ser asertivo significa confiar en uno mismo y en sus capacidades. Sea lo que sea lo que me ocurre, sé que podré con ello. (Smith, 2006, pág. 52)”

“Se llama asertividad o conducta asertiva a la capacidad de expresar a nuestro interlocutor lo que pensamos de algo que ha hecho o dicho, según nuestra escala de valores, pero teniendo en cuenta que está basada en el respeto y en una actitud responsable y consecuente por nuestra parte. Se trata, por tanto, de manifestar nuestros derechos y responsabilidades, siempre y cuando valoremos adecuadamente las circunstancias en las que se produce dicha conducta y no lleguemos a dañar los derechos y la dignidad del receptor. Por ejemplo, sería aparentemente justo reprochar a un paciente el que no haga caso de nuestros consejos, pero cuando nos enteramos de que padece una demencia de Alzheimer nos damos cuenta de que nuestra conducta asertiva era incorrecta. (Gallar, M. 2002, pág. 49)”

Tales definiciones son claras, y hacen hincapié en la habilidad para expresar nuestras emociones bajo principios de integridad y humanismo. Tal parece que dicha capacidad se manifiesta en nosotros desde nuestra infancia. Por ejemplo, a través del llanto, para exigir que se nos alimente, o cuando expresamos un gesto de enojo si algo no nos agrada, o por el contrario reímos y nos sentimos contentos cuando logramos obtener lo que queremos. En esta etapa, nuestra capacidad para expresar nuestros sentimientos es más fluida y natural, restando importancia a ciertas normas de conducta que se establecen en la sociedad en donde crecimos.

Quién no ha escuchado, a algún infante decir a voz abierta y sin tapujos su opinión sobre un evento o circunstancia, sin pensar en que tal opinión puede llegar a ser ofensiva, o agradable en el mejor de los casos. Escuchamos opiniones como: ¡Que feo huele esta casa! ¡Que ridículo vestido! ¡La comida sabe horrible! o más gracioso, ¡Mi papa usa peluquín! Recuerdo una escena del pasado, en la que mi amigo se preparaba para regañar a su pequeño hijo, por ocasionar desorden en su casa, y antes de articular palabra, su hijo se paró frente a su padre y con tono amenazador le advirtió: ¡Tú no me debes pegar! tal petición dejó a su padre sorprendido, causándole gracia, pero al mismo tiempo respeto por el pequeño. Para mí fue un claro ejemplo de asertividad. En la actualidad su hijo transita por la etapa de la adolescencia y tengan por seguro estimados lectores, que no tiene problema alguno, para expresar sus sentimientos.

La libertad con la que se expresan la mayoría de los niños, nos lleva a pensar que la naturaleza nos dotó de esa maravillosa capacidad, la cual representa sin lugar a dudas un mecanismo natural de desahogo. Con el paso del tiempo vamos integrando a nuestra personalidad una gran variedad de experiencias y conocimientos que pueden potenciar nuestra habilidad para forjar una conducta asertiva. La cual se considera útil para establecer relaciones interpersonales exitosas, para defender nuestros derechos, para reaccionar adecuadamente ante los conflictos y agresiones.

Tal conducta la podemos identificar en nuestra cotidianidad. Por ejemplo, para mí ya no es extraño ver a ciertas personas reclamar fieramente al chofer del transporte colectivo por no recibir el cambio completo al momento de pagar su pasaje ¡aun tratándose de una diferencia de centavos! Después de lograr sus exigencias, se bajan, no sin antes exclamar a los cuatro vientos ¡Bola de rateros! Tal expresión no significa que tengan la intención de agredir al chofer, y están conscientes de lo que puede significar tal acción.

Otro ejemplo de asertividad me lo dio mi prima, cuando ambos éramos tan solo unos niños. Por aquel tiempo mi madre cocinaba con estufas de petróleo, así que era frecuente que me mandaran a comprar dicho combustible. Sin embargo siempre iba con miedo e incertidumbre, pues si me atendía la dueña del negocio todo marcharía bien y haría mi compra sin mayor contratiempo, pero si me atendía su hijo, las cosas se pondrían muy mal, ya que acostumbraba atenderme con agresiones físicas y verbales. En varias ocasiones, tiraba el dinero que yo pagaba al interior de los tanques con petróleo, para después obligarme a sacarlos.

Tal circunstancia me provocaba miedo y ansiedad. En una ocasión llegué llorando a casa. Al verme tan angustiado, mi prima me obligó a contarle lo sucedido, y de inmediato me llevó de regreso a lugar de los hechos. Tan pronto llegamos, golpeó con agresividad uno de los contenedores de petróleo para anunciar su llegada. Una vez que salió el hijo de la dueña, mi prima lo recibió con una fuerte llamada de atención, y con tono agresivo le advirtió que si  me volvía a agredir se las vería con ella. Ese día regresé contento porque mi agresor recibió su merecido, y yo me sentí protegido y seguro. Para mí, fue  otro ejemplo de asertividad, pues mi prima expresó su enojo y exigió se me atendiera adecuadamente, sin llegar a los golpes.

Lo anterior, son ejemplos derivados desde mi experiencia, pero ustedes mis estimados lectores, sé que también han de recordar hechos, en donde las conductas asertivas se hicieron presentes.

Transitar por experiencias y aprendizajes que fomenten en nosotros una personalidad asertiva ¡sería fabuloso! Pero lamentablemente no sucede así, porque en dicho transitar, también experimentamos vivencias desagradables que generan en nuestra personalidad, conductas de miedo, ansiedad, timidez, odio, entre otras y como consecuencia limitan en menor o mayor medida nuestra habilidad para actuar asertivamente, provocando que adoptemos una postura pasiva o agresiva para reaccionar ante los problemas. Sánchez (2002) nos dice al respecto:

´´Existen tres formas de reaccionar ante los problemas. Pasiva, agresiva o asertivamente. La pasividad es producto de la inseguridad. Si alguien, se encuentra en un país ajeno y no domina el idioma, será pasivo en las discusiones. Lo mismo le ocurrirá a quien tema, y le afecte demasiado cometer errores. El joven pasivo se comporta callado, inhibido, manipulado por otros y, en ocasiones, enojado en secreto. La agresividad también proviene de la inseguridad, pero se manifiesta de forma opuesta, con autoritarismo, violencia y malas palabras. Cuando alguien se siente seguro de sí mismo, deja de ser pasivo o agresivo y se comporta en el punto medio. Hablando con franqueza sin ofender, siendo sincero sin irritar, defendiendo su dignidad, sin manipular. Esto se llama asertivo. Es una muestra de madurez. ( Pág. 46)”

 

En cierta ocasión, cuando regresaba a casa, me encontré con una amiga. Después de saludarnos animosamente, me comentó con gran entusiasmo que ya tenía novio y que se sentía de maravilla. Sin embargo, estaba preocupada porque  su ex pareja y padre de sus hijas, no estaba de acuerdo con esa relación, y que en cuanto la viera con él, se las arreglaría para golpearlo, pues aunque no estuviera viviendo con ella le debía un respeto. ¡Respeto! Le contesté con una gran sonrisa. Expresando gran enojo en su rostro, me comentó que su expareja no tenía por qué entrometerse en su vida, pues hace años que su expareja rehízo su vida matrimonial con otra mujer, y con la cual también procreó hijos.

Le comenté que debía pelear por su derecho a ser libre y defender sus sentimientos. Pero lamentablemente me dijo que tenía mucho miedo, y que no sabía si se atrevería a defender su noviazgo. Después de platicar de otros temas, nos despedimos, no sin antes desearle mucha suerte. Lo último que supe de ella, es que la vieron en la calle, mientras su ex pareja la golpeaba, seguramente por la relación que trataba de iniciar. Es posible que tal agresión fomente en mi amiga una actitud pasiva para defender sus derecho a rehacer su vida sentimental. Sin embargo, el hecho de iniciar con un noviazgo, representa la lucha por su liberación, la cual no siempre se logra de forma pacífica.

Ahora bien en lo que respecta a la postura agresiva, todos hemos sido testigos de personas que pasan por alto el diálogo y utilizan la agresividad para hacer valer sus derechos o defender su sentir.  Este tipo de conducta es muy frecuente entre los aficionados, o más bien dicho, los apasionados al futbol. Quienes son capaces de actuar impulsivamente y agredir no sólo verbalmente sino también físicamente al aficionado del equipo contrario, con tal de expresar la grandeza de su equipo.

Sin embargo no todas las experiencias negativas terminan por afectar nuestra habilidad para actuar con asertividad, pues si se saben canalizar adecuadamente, pueden ser útiles para fortalecer nuestro carácter. Y utilizamos el dicho “lo que no te mata te hace fuerte” haciendo alusión a la capacidad que tenemos para aprender de nuestros errores. Por tal motivo no podemos hablar de personas asertivas y no asertivas, sino más bien de personas que estamos en constante aprendizaje para mejorar nuestra habilidad de comunicación. Retomando el ejemplo de los aficionados apasionados, puede ser que logren moderar la expresión de sus sentimientos deportivos, después de verse envueltos en problemas legales.

Como mencioné anteriormente la habilidad para ser asertivos está relacionada con una gran variedad de experiencias socioculturales tanto agradables como desagradables. Indagar sobre el porqué una persona es o no asertiva, requiere de un amplio conocimiento sobre la conducta humana, y la dinámica social.

Sin embargo, tales conocimientos deberán ser empleados como un recurso para que el individuo logre reconocer, a través de una revisión sobre su historia de vida, los hechos que fomentaron una actitud pasiva o agresiva para reaccionar ante los problemas de la vida.

La perspectiva emancipadora de promoción de la salud, plantea que durante nuestra vida, estamos expuestos a una serie de discursos de dominación que se integran (en ocasiones de manera inconsciente) en nuestra personalidad, determinando así, la forma en que percibimos el mundo, y por ende la forma en que reaccionamos ante ciertas situaciones. Por ejemplo, en algunas sociedades, y a temprana edad, a la mujer se le enseña que su rol en la familia es la de atender a los hijos, y realizar afanosamente las tareas domésticas. Y que el hombre es quien debe decidir lo que es bueno o malo para la dinámica familiar. En ciertos casos, tales discursos son difíciles de cuestionar, pues son tomados como naturales en el comportamiento humano.

Por otro lado, algunos autores han abordado el tema de la asertividad, a través de libros, conferencias, talleres, videos. Pues consideran que la conducta asertiva es de suma importancia para establecer relaciones interpersonales afirmativas en diferentes áreas de la vida.

Por su parte la Subsecretaria de Educación media Superior del Estado de México, ha integrado, el tema de conducta asertiva y empática en la materia Salud Integral del Adolescente II. El programa busca que el alumno se apropie de tal concepto mediante una serie de subtemas como son las conductas asertivas, empatía entre otras. Por otro lado recomienda una serie de actividades para despertar en el alumno la reflexión y el debate y en su caso, ofrece la alternativa para que el docente proponga actividades que cumplan con los objetivos que se exigen. La flexibilidad para abordar el tema, me brindó la libertad para realizar mis actividades de una forma creativa, con los alumnos de tercer semestre, de la preparatoria Oficial 334 Mártires de 1968.

 

Antes de iniciar con el relato de tales actividades, me gustaría comentar un sentimiento de nostalgia que inundó mi cuerpo y mente, al leer la conversación que sostiene Freinet con el profesor que va a reemplazar, en una de las escenas de la película: La Escuela Moderna y Popular: Desde Celestín Freinet. La cual transcribo a continuación.

Profesor: ¡Yo no lo esperaba!

Freinet: -vine dando un paseo.

Profesor: -si yo lo vi hablando con el alcalde en la plaza…

Freinet: -¿y que me aconseja con los chicos?

Profesor: -los antiguos decían “empleen el palo”

Freinet: -¡Pero hoy está prohibido…!

Profesor: -Solo hay una cosa…es la disciplina. ¡Los pies alienados! ¡Los brazos cruzados! –mueve los brazos… 20 reglazos. –los pies…20 reglazos. –Hablan sin levantar la mano derecha derecha…!  20 reglazos ¡Sin excusa y sin discusión!

Freinet: Es usted muy amable… Pero para mí, la disciplina,… aprender de memoria,… los brazos cruzados,… los castigos,… todo eso no existe para mí.

Profesor: ¿Cómo?

Freinet: –lo que importa es descubrir el alma,… en cada rostro.

Profesor: ¿El alma? –pero… si habla usted como un cura…

Freinet: -Que importa el nombre… -llámelo alma, carácter… como usted quiera. –cada uno su personalidad…

Tal escena me llenó de nostalgia, pues durante mi formación primaria, algunos profesores utilizaban los golpes con regla para preservar la disciplina en clases. Si bien en actualidad ya no está permitido, he observado cómo algunos profesores pierden el control ante el comportamiento rebelde del adolescente y aplican algún tipo de castigo para mantener el control, ya  sea exigiendo que escriban un determinado número de veces: “debo comportarme en clase”, o aplicando una sanción temporal.

En mi opinión no comparto tales acciones, pero si comprendo el gran reto que significa estar al frente de un grupo escolar. Una de mis primeras experiencias que me llevó a reconocer el gran compromiso que debe tener el docente para establecer vínculos de humanismo con los alumnos, fueron las que tuvieron lugar, en una de las instalaciones de la secretaría de educación SE, de la actual Ciudad de México.

Dichas instalaciones albergaron alumnos en situación de discapacidad, lo que exigía del docente  tolerancia, paciencia, empatía, entre otros rasgos de la personalidad asertiva idóneas para contribuir en el aprovechamiento académico de la población estudiantil. Al principio me fue difícil realizar mis actividades, pero con el tiempo logre establecer una comunicación asertiva con la mayoría de mis alumnos. Quizá escriba más tarde sobre dicha experiencia.

Años después ingrese a la planilla de profesores de la actual preparatoria Oficial 334 Mártires de 1968, en la cual llevo cinco años como docente. Durante ese tiempo he cosechado una gran variedad de experiencias que a la fecha son de gran valor para continuar con mi labor en clases. Sin embargo, me es grato puntualizar que durante todo ese tiempo, estuvo presente la formación humanista que recibí durante mi formación profesional, cuyo lema dice “nada humano me es ajeno”  lo cual fue fundamental para “conocer el alma de cada alumno”, como bien lo dijo Freinet, y entender que no son mis alumnos, sino más bien mis compañeros y compañeras. Pues siempre les he reiterado que no deben “mirarme” como un profesor, sino más bien como otro miembro más de lo que para mí es un equipo de estudio. Y que lo único que nos diferencia es que he recibido una formación profesional que me permite facilitar los procesos de aprendizaje.  Por tal razón he decidido portar en la medida que puedo el uniforme deportivo de la escuela, pues es una forma de reafirmar dicho discurso.

Compañero mostrando sus creaciones artísticas, al finalizar la clase

Dicha forma de ser, ha causado ciertas dudas sobre mi capacidad para dirigir con responsabilidad a los alumnos, e incluso en alguna ocasión se me catalogó como una persona inmadura. Tal comentario lo asimile desde una perspectiva constructiva, y no afectó la personalidad que he proyectado hacia mis estimados alumnos o compañeros. A la fecha sigo portando el uniforme (lo más sorprendente es que otros profesores han hecho lo mismo y de vez en cuando portan la playera deportiva), y trato en la medida de lo posible, orientar mis actividades como docente, apegado a las grandes contribuciones teóricas que nos brindaron grandes personajes que dedicaron su vida a transformar la educación tradicional, en un acto de humanismo y liberación, como lo fue Paulo Freire, quien plantea lo siguiente.

La educación que propone Freire, pues, es eminentemente problematizadora, fundamentalmente crítica, virtualmente liberadora. Al plantear al educando –o al plantearse con el educando– el hombre-mundo como problema, está exigiendo una permanente postura reflexiva, crítica, transformadora. Y, por encima de todo una actitud que no se detiene en el verbalismo, sino exige la acción. Y esto es lo más importante”. (Freire, 1986,  pág. 18)

Los conocimientos que la humanidad ha generado a lo largo del tiempo es impresionante, y tal parece que los avances científicos y tecnológicos parecen rebasar nuestro entendimiento. Recuerdo que para aprobar mi taller de secretariado, en mi formación secundaria,  era necesario conocer el funcionamiento de la máquina de escribir, así como los accesorios que la conformaban. Como olvidar los correctores para cubrir los errores ortográficos, los carretes de tinta, los limpios tipos, entre otros materiales. Por aquel tiempo, la máquina de escribir se consideraba lo más apropiado para entregar trabajos escolares. Tiempo después, me maravillaba con la aparición de la máquina de escribir electrónica, la cual no solo facilitó la creación de escritos, sino también nos obligó a conocer otras formas de tecnologías. En mi formación preparatoria, se hizo presente otra invención que revolucionó el mundo de la comunicación escrita y visual. Me refiero a la computadora, una máquina que según mis profesores, cambiaría nuestra perspectiva del mundo (y sí que lo hizo).

Mi encuentro con ese artefacto, fue de lo más fascinante, fue como estar frente a un ser de otro mundo. Dicho encuentro tuvo lugar en uno de los fríos pero agradables  salones de mi escuela preparatoria. En el cual, el profesor de computación nos mostraba la única computadora que había en el plantel, mientras yo y mis compañeros mirábamos con gran asombro la gran cantidad de objetos que conformaban una computadora, para nosotros era como estar frente a un sofisticado robot. Tener un disquete en las manos era lo máximo por aquel tiempo. Tales invenciones, le dieron sentido a mi educación, pues los profesores hacían hincapié en que si teníamos la habilidad para operar una máquina de escribir o una computadora, podríamos laborar como auxiliares administrativos o como programadores.

Tal discurso respondía a la pregunta que aún en la actualidad se hacen los chicos de nivel media superior ¿De qué me sirve estudiar? En el sentido de Freire, es bueno cuestionarse el porqué de las prácticas educativas. La diferencia estriba en las múltiples respuestas que nos ofrece la sociedad. En mi caso, era el de ser de utili y ganarme un puesto de importancia en mi sociedad.

Sin embargo, Freire recomienda cuestionar las acciones educativas, basados en argumento que nos permitan conocer realmente cuál es nuestra posición en el mundo social (lo cual nos abre un mundo de posibilidades teóricas). Pues al realizar dicho acto, estaremos ejerciendo nuestra capacidad para criticar y reflexionar sobre nuestra realidad, lo cual nos hace humanos y al mismo tiempo problematiza nuestra existencia, situación necesaria para mejorar nuestra calidad humana.

Tal recomendación es necesaria para saber si dicha educación fomenta nuestra condición humana o por el contrario fortalece la deshumanización, la cual se manifiesta en los múltiples actos de dominación realizados por algunos sectores sociales. Pues bien, dicho cuestionamiento crítico y reflexivo, se hizo patente cuando ingrese a la Universidad Nacional Autónoma de México, en la licenciatura de Ingeniería Química, Plantel Zaragoza. Pues dentro del plantel, tanto maestros como alumnos organizados, manifestaban su repudio ante el sistema político, cuestionando las condiciones educativas de aquel entonces.

Al principio me resultaba incongruente el que los estudiantes mezclaran la educación con la política, pues para mi lo más importante era el de apropiarse de los conocimiento científicos propios de la ingeniería. Sin embargo, el profesor encargado de impartir la la materia de termodinámica, realizó un breve receso en una de sus clases para informarnos, con tono crítico, cuál sería nuestro papel una vez terminada la licenciatura. No recuerdo exactamente las palabras que enunció, pero si la idea. Nos comentó que nuestra educación estaba destinada a servir a los empresarios, que seriamos mano de obra capacitada para atender los negocios en materia de procesos químicos de la clase burguesa, y que acabaríamos como gerentes de alguna fábrica o vendedores de alguna marca industrial.

Pues bien, estimados lectores, han transcurrido varios años desde aquel dia, y aunque no he profundizado sobre el tema, sí puedo decirles que aun en la actualidad continúa el conflicto entre los que abrazan a la educación como un camino hacia la libertad y los que abogan por que la educación se adapte a las necesidades de la corriente ideológica neoliberal.

Cierro esta breve ,y los invito a revivir conmigo en un próximo artículo, las sesiones que se llevaron a cabo con mis estimados compañeros estudiantes, para abordar de forma crítica y reflexiva el tema de la asertividad.

 

 

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