Mi encuentro personal y profesional con el teatro

 

En esta ocasión hablaré acerca de mi encuentro con el teatro, dividiré mi escrito en dos partes principales, una de ellas la parte personal y otra la parte profesional. Aunque vale mencionar desde ahora que esta división es únicamente para facilitar mi tarea de rescatar los aspectos sobre los cuales  pretendo escribir, pues considero que ambas partes se alimentan y se enriquecen mutuamente.

Recuerdo aún aquella vez que acudí a la entrevista a través de la cual seleccionarían a las y los participantes del Primer Diplomado de Formación de Promotorxs Jóvenes en Derechos Sexuales y Reproductivos. En esa ocasión mientras conversaba con la profesora que me entrevistó, entre otras cosas, me dijo que el Diplomado incluía sesiones de teatro. Yo no supe qué pensar, qué sentir, ni qué decir en ese momento. Sin embargo, al salir de la entrevista me sentí distinta, pude identificar que enterarme de eso me había generado cierta preocupación y que en dicha preocupación identificaba también un poco de miedo.

El día de la primera sesión de teatro llegó, mientras me preparaba para salir de mi casa pensaba en muchas cosas, hipótesis mías que suponían lo que podía pasar ese día en la sesión. Mientras iba en camino a la universidad mi incertidumbre crecía, el nerviosismo se hacía presente y el miedo era fácilmente identificable en mi cuerpo; mis manos sudaban y mi corazón latía más rápido de lo normal.

Cuando la sesión empezó, de plano la angustia se apoderó de mí, pensaba en la posibilidad de salirme y pensaba cosas como ¿Cómo le voy a hacer para hacer teatro si me cuesta tanto relacionarme con las personas que apenas conozco?  Además pensar en las referencias que yo tenía sobre el teatro me asustaban, no me imaginaba un panorama muy bueno. Mientras Carmen (la maestra de teatro) hablaba y nos explicaba un poco de lo que planeaba que trabajáramos en el diplomado, me fui sintiendo más tranquila, algunas de mis dudas se fueron disipando y otras crecieron. Poco a poco fui sintiendo su calidez y la confianza que me generaba me ayudó a sentirme cómoda y a plantearme por primera vez la posibilidad de aventurarme a vivir la experiencia. Esa sesión me sorprendió, me encantó y me dejo ansiosa a la espera de la siguiente sesión de teatro.

Las sesiones que siguieron no distan mucho de ese gusto que encontré en la primera vez, cada vez aprendía algo nuevo y cada vez me sentía un poco más identificada con los ideales que acompañaban el trabajo de la maestra de teatro. Yo, una apasionada con los temas de género, tenía en cada sesión la posibilidad de cuestionar, proponer y actuar historias que reflejaran la importancia de mirar desde la perspectiva de género.

Pero no se emocionen que no todo fue fácil. En el proceso me costó mucho trabajo y es lógico, aprendí que hacer teatro implica la utilización de todos tus recursos y para utilizar dichos recursos tienes que reconocerlos en ti, saber que los tienes, que son tuyos y de ser necesario construirlos o mejor dicho re-construirlos.

El cuerpo es tu primer recurso, sí ya sé, ese cuerpo mío, con todo y su historia y con todo y sus batallas. Respecto a él y gracias al teatro pude corroborar que aunque no ha sido fácil y ha sido un camino largo ha valido la pena, mi cuerpo cada vez es más mío; es más mío cada vez que dejo de negarlo e insultarlo y es más mío todavía cada vez que me permito disfrutarlo.

La mente, las emociones, la creatividad y tus historias de vida son algunos otros recursos que implica el teatro; y aquí viene la parte que resultó más complicada para mí, pero a la vez más sanadora y satisfactoria. Nunca en mi vida olvidaré la vez que Carmen nos invitó a traer al presente a las niñas y adolescentes que fuimos, para mí fue todo un reto, pues por mil y un razones la niña que yo fui se quedó encerrada en una cajita de mi corazón durante mucho tiempo, nunca me había planteado la posibilidad de volver a abrirla porque siempre mueve cosas profundas y aunque antes de esa sesión de teatro sentía la necesidad de hablarle nunca me había atrevido, hasta ese día en la sesión cuando la dibujé, mientras la dibujaba le hablaba, le decía lo que yo sabía que necesitaba oír. Con la adolescente que fui hice lo mismo y en ese ejercicio tuve la certeza de lo bien que la perspectiva de género le ha hecho a mi vida desde hace algunos años, tal vez si desde pequeña la hubiera conocido, muchas de las tormentas de mi vida hubieran sido oportunidad para pintar arcoíris.

En muchas sesiones de teatro tuve esa única sensación que te da la libertad, pero la libertad es grande, inmensa y de pronto no sabes qué hacer con ella, ese fue otro reto inmenso, lidiar con las voces dentro de ti que te quieren oprimida, dar la batalla y luchar por sentirte en libertad, no quiero medir que tanto lo conseguí, pero lo conseguí eso es un hecho.

A nivel profesional creo que una de las cosas que más valoro es la necesidad que me surge de que muchas más mujeres puedan descubrir lo que yo descubrí gracias al teatro. Es todo un reto pensar en el qué hacer y cómo hacer para lograrlo.

Además el teatro significó el descubrimiento de una herramienta invaluable para enriquecer la labor de promotoría, tanto en derechos sexuales y reproductivos como para mí ser promotora de la salud, pues permite el desarrollo de habilidades como la comunicación, el diálogo, el trabajo en equipo, la valoración de lo colectivo como riqueza, etcétera.

Mirar en el teatro la posibilidad de cuestionar lo dominante, de visualizar alternativas, de construir historias distintas, de apropiarte de tu cuerpo de tu mente y de tus emociones. Sin duda alguna hay que mirar al teatro como posibilidad de resistir y de existir. ¡Claro! Debe ser un proceso bien acompañado por la persona que te acerque a él. Yo tuve la fortuna de que así fuera.

Ahora sí, ¡emociónense! Si te lo permites el teatro es reflejo y transformación.

 

 

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BRINCO. Promoción de la lectura y promoción de la salud

Hoy vengo a contarles sobre una de las más lindas experiencias que me ha tocado vivir como promotora de la salud en los últimos tiempos.

Como ciertas cosas en la vida, hay cosas que suceden así; sin que las esperes, sin que adviertan su llegada ¡y llegan! Y llegan para transformarte, para cimbrarte, para moverte de tu zona de confort y llegan cuando te sientes perdida y te permiten encontrarte de nuevo y te refrescan y te motivan y te ofrecen y te abrazan… así  llegó BRINCO a mi vida.

Pero, se preguntarán ¿qué es BRINCO? BRINCO (Brigada de Integración Comunitaria) es un colectivo de voluntarixs que motivados por su gusto a la lectura; decidieron hace aproximadamente dos años emprender  un proyecto con la intención de promover el placer por la lectura. Apoyados también por las ideas que aportan las prácticas narrativas y convencidos de las enormes posibilidades que se pueden generar a partir  de la lectura, BRINCO surge como un espacio que propone encuentros; encuentros personales, colectivos y comunitarios.

A lo largo de estos dos años y como parte de la búsqueda de los caminos para hacer realidad sus deseos; BRINCO ha logrado  construir redes principalmente con espacios, colectivos, personas y comunidades con las cuales ha emprendido todo un proceso de organización que le han permitido hasta el día de hoy llevar a cabo su labor.

librosBRINCO encuentra su sentido de ser en las comunidades, en los parques, en las calles, en cada lugar en donde haya un cuento y una persona dispuesta a leer, compartiendo, imaginando, jugando y conversando; concretamente en las inmediaciones de la colonia Roma en la Ciudad de México.

Personalmente colaboro desde hace poco más de seis meses, apoyando las actividades que BRINCO realiza con niñxs en una de las diversas comunidades otomíes que radican en los alrededores de la colonia Roma; al decir actividades me refiero principalmente a contar cuentos, historias,  a proponer actividades, preguntas o juegos que ayuden a que los niñxs inventen nuevas historias que les hagan sentido a partir de las que escuchan, pero las actividades pueden ser varias y distintas cada día, dependiendo de lo que lo que los ñiñxs vayan decidiendo hacer.

Esta experiencia como promotora de la salud me ha dejado muchas vivencias que sin duda me conectan todo el tiempo y desde diferentes lugares con la promotora de la salud que soy.

De BRINCO y de cada unx de mis compañerxs he aprendido mucho, pero si algo aprendo cada día es que a veces, sólo a veces, basta con la compañía de una amiga, con un cuento en la mano y un grupo de niñxs para que el recorrido desde mi casa valga la pena; porque al llegar a la comunidad la magia se enciende y estas ahí como niña entre los niñxs; imaginando, riendo, soñando y porque descubres que cada lunes por la mañana es el cómplice perfecto para contar-nos y encontrar-nos ahí; en un cuento, en una historia, en una voz.

Momentos he vivido muchos, todos llenos de aprendizajes pero  nunca olvidaré aquel lunes cuando después de varias semanas me animé a contar el primer cuento en voz alta para los niños…

En entradas posteriores les estaré contando sobre cómo BRINCO alimenta a la promotora de salud que vive en mí y cómo mi ser promotora alimenta mi estancia en BRINCO.

Gracias por leerme.

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Miedo: reconociéndolo y transformándolo

Desde hace ya varios días, semanas tal vez, me he sentido rara, sensible pero sobre todo miedosa; por eso la entrada del día de hoy la dedicaré a las reflexiones que han surgido en torno al miedo.

Miedo; una palabra que ha estado presente siempre en mi vida, tan cercana, tan incorporada, tan constante, pero por fortuna cada vez más reflexionada y resignificada por mí misma en los últimos tiempos.

Hablar del miedo es hablar sobre todo de renuncias, de renunciar a deseos, sueños y aspiraciones y en consecuencia es hablar de limitaciones, el miedo entendido como la imposibilidad de acción y realización genera incertidumbre, ansiedad y angustia. El miedo es sin duda la más poderosa arma paralizante y controladora e todos los tiempos

Un poco más arriba me he referido al miedo como una constante en mi vida, sin embargo a lo largo del tiempo mi relación con el miedo se ha transformado, no es lo mismo hablar de cómo el miedo influyó en mi infancia, que en mi adolescencia, que en los últimos años. Quizá la época que identifico más difícil es durante mi infancia, pues considero que muchas de las vivencias de este momento fueron detonantes del miedo que después definió el modo de vivir mis años posteriores.

Y efectivamente, durante muchos años el miedo fue la causa de muchas de mis renuncias, de muchos sueños sin cumplir y de muchos episodios de ansiedad.

Afortunadamente existen formas diversas de aminorar e incluso erradicar el miedo de la vida de las personas, desde luego como todo proceso conlleva trabajo, tiempo, tal vez años, pero confío es posible. Desde mi lugar puedo decir que una de las maneras de trabajarlo es con ayuda  de la reflexión llevada  a sus más altos niveles, pues la reflexión permite un proceso complejo de cuestionamiento, cuestionamiento-acción y cuestionamiento-acción cuestionamiento.

373983106_fe2230ea15_mEn este sentido, he de confesar que como resultado de mi práctica reflexiva, hablar es una de las cosas que más me gusta, concretamente hablar conmigo misma, de un tiempo a la fecha me ha parecido de lo más interesante escuchar las cosas que digo, tal vez es una forma de hacerlas conscientes y, sin duda es punto clave para reflexionar sobre ellas. Creo que esto tiene su lado bueno y su lado complicado, es lógico que la reflexión te permite pensar e incluso re-pensar algo y que tu proceso reflexivo puede llegar a ser tan complejo como ni siquiera lo imaginas; cuando me refiero a lo bueno de disponerte a escucharte, preguntarte y contestarte cosas, sin duda me refiero a la capacidad que la práctica reflexiva nos ofrece para explicarnos las cosas y generar aprendizaje.

Cuando me refiero a la parte complicada, me refiero particularmente a lo que a mí se me complica, no precisamente al momento de la reflexión, sino a la complicación que identifico que se genera en mí como resultado del hábito de pensar sobre lo que digo, hago, escucho, veo, etcétera. En otras palabras, me he dado cuenta que a veces pienso demasiado y disfruto quizá un poco menos, es como si de pronto no pudieras dejar de cuestionarte todo lo que escuchas, como si ya no encajaras en lugares y con personas con las que antes lo hacías sin problemas.

Pero qué pasa cuando te escuchas hablar o mejor aun cuando de pronto te descubres pensando o haciendo cosas contrarias a lo que tú misma has elegido como ideales para avanzar en el camino de construirte en los distintos ámbitos de tu vida, qué pasa cuando de pronto sientes la necesidad de llevar a la práctica aquellas ideas que dan sustento a la manera que has escogido para mirar y explicarte el mundo, por qué a veces es tan complicado lograr ser congruente entre tu pensar y tu accionar, respuestas pueden haber muchas, yo tengo algunas y supongo que ha ustedes se les ocurrirán otras, de pronto no puedo dejar de mencionar lo mucho que me impresiona el enorme poder que juegan los aprendizajes que incorporamos a lo largo de nuestra vida como parte de una familia, una comunidad y una ideología especifica.

Supongo que todas esas preguntas que de pronto surgieron en mí y que desde luego reconozco son fruto de una situación actual que me puso al límite, desencadenaron cierto miedo, un miedo distinto, que si bien está ahí y va y viene, ya casi no me paraliza, ya no me impide tomar decisiones, ya no me hace desconfiar tanto de lo que creo y quiero. Hoy he podido encarar al miedo, debatirle, argumentarle, quizá tengo miedo pero ya no dejo que el miedo me impida hacer cosas.

Curiosamente mi faceta de promotora de la salud, es la parte de mi que identifico más lejana del miedo, por decir más me sirve siempre de salvavidas, el ser promotora de la salud es para mí una parte indescriptible en la que reconozco una posibilidad invaluable de conocerme, re-conocerme, trabajarme  y transformarme, pero más allá de eso representa para mi la oportunidad de vivirme en libertad tanto como puedo, aunque reconozco que la práctica de promoción de la salud implica dificultades y contratiempos, lo cierto es que mi experiencia personal la mayoría de las veces me permite descubrirme haciendo mi trabajo sin miedo, si con nervios e incertidumbre, pero sin miedo, por el contrario me permite descubrirme confiando, apostando, asumiendo retos, tejiendo sueños y trabajando para construir realidades.

Me gustaría que me compartieras ¿Cuáles son tus miedos a la hora de tu práctica como promotor/a de salud? ¿Cómo ha sido tu relación con ellos? ¿Cómo has logrado superarlos?

 

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El amor, de lo romántico a lo real

Amor, esa palabra tan complicada de definir, tan grande, tan universal e incluso tan tergiversada. Creo que en la actualidad resulta más que necesario creer, confiar y apostar por el amor, sin embrago, me parece aún más necesario re-pensar este concepto, deconstruirlo y resignificarlo en todos los aspectos; hoy me enfocaré en uno: el amor de pareja.

A lo largo de las últimas décadas se ha impulsado el debate en torno al entendimiento que existe sobre las relaciones de pareja y su relación con el amor. Como resultado de estas reflexiones se ha propuesto una forma de análisis que busca develar los supuestos que el sistema heteropatriarcal ha impuesto para vivir en pareja, me refiero al amor romántico.

En este texto compartiré con ustedes algunas reflexiones que a lo largo de mi formación como promotora de la salud con perspectiva de género he logrado, también intentaré compartir algunas ideas que he intentado incorporar como parte de mi intención de coadyuvar como profesional a  la construcción de relaciones más simétricas entre hombres y mujeres.

¿Qué es el amor romántico? Para mí el amor romántico es un conjunto de ideales que el sistema heteropatriarcal nos ha inculcado en torno al amor de pareja, con la intención de mantener el orden social dominante.

¿Cuáles son sus características? Cuando tanto hombres como mujeres somos niños, la sociedad nos enseña una serie de pautas a seguir que desde entonces van encaminadas a prepararnos para el momento de relacionarnos en pareja; así comenzando desde los cuentos de hadas que nos cuentan en la infancia encontramos que a hombres y a mujeres nos enseñan cosas distintas, por ejemplo, mientras a las niñas nos enseñan que no hay nada más importante en la vida de una mujer que encontrar el amor y que por ende toda nuestra energía debemos ocuparla en encontrar al hombre que ha sido destinado para amarnos y para protegernos y sobre todo nos enseñan que nuestro principal objetivo en la vida es ser esposas y madres; al hombre le enseñan que en la vida de los hombres hay cosas más importantes que el amor, les hacen creer que el amor de una mujer es inagotable e incondicional (como el amor de madre) y que la mujer que sea destinada para ellos debe cumplir con estas características.

princesa y príncipeSe nos ha educado en el amor a partir del estereotipo por un lado de las princesas de los cuentos y por el otro de los príncipes azules, es decir, crecemos con la idea de que el amor debe ser lo más parecido a lo que nos contaron en los cuentos de hadas.

En este sentido a las mujeres se nos educa para ser sumisas, serviles, comprensibles e incondicionales; esperando por un lado encontrar al príncipe azul que venga a salvarnos de nuestra soledad, ese hombre valiente y fuerte que nos encuentre dignas de su amor y de su atención y que de sentido a nuestra vida.

Por su parte a los hombres se les educa para ser fuertes, valientes, proveedores, insensibles con el fin de que algún día encuentre a la princesa que con su amor le demuestre que todo ha valido la pena.

Nos enseñan también qué el amor duele, que el amor se sufre, que el amor todo lo puede y todo lo aguanta.

Pero qué pasa cuando la realidad nos alcanza y nos encontramos inmersos en una relación de pareja, cómo han sido nuestras experiencias reales, seguramente cada quién tendrá sus propias respuestas, en mi experiencia y después de reflexionar al respecto, he podido reconocer que muchos de los tropiezos que he tenido en mis relaciones han sido consecuencia de esta constante búsqueda de lo irreal que aprendí cuando era niña, tuve que descubrir que los príncipes y las princesas de los cuentos solo habitan ahí y que por eso no lo iba a encontrar nunca, tuve que aprender que para ser mujer hay tantas posibilidades como tú las imagines y que el primer paso para avanzar es intentar hacer lo que tú quieres y no lo que otros esperan de ti.

Pero desde luego no todo ha sido fácil y es tarea de todos los días reafirmar las ideas con las que quieres caminar y lidiar con las dominantes, las que siempre están ahí como tu conciencia queriéndote jugar chueco, he tenido que reconocerme incluso reproduciendo conductas y/o pensamientos que hoy ya no comparto pero que sin embargo aún permanecen en mí y eso ha sido muy difícil, he tenido que replantear mi idea sobre el amor en pareja y ha sido duro porque la mayoría de las veces esto ha implicado ver cosas que no había querido ver antes y eso me ha dolido mucho, he tenido que renunciar a personas importantes porque aun amándolas tuve que reconocer que tenían que salir de mi vida y quizá lo más difícil es saber que siempre que te dispones a comenzar una relación es posible que la otra persona venga invadida de las ideas dominantes, claro, entiendo que no todas las personas han reflexionado lo mismo que yo y no tienen por qué pensar exactamente como yo y resulta complicado porque implica mucho trabajo y disposición por parte de ambos, a veces la hay y a veces no y de todo hay que aprender, pero al final aquí estoy arriesgándome y tratando der ser lo más yo que puedo, decidiendo compartir lo que tengo con todo lo que esto conlleva y tratando de alejarme de lo que no quiero ser.

Te agradezco infinitamente el haberme leído, te invito a que me compartas cómo has vivido la experiencia de relacionarte en pareja y cómo crees que las ideas del amor romántico han influenciado tus experiencias reales.

 

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Viviendo y re-viviendo mi cuerpo

libertad

En la entrada anterior les hablé un poco, sobre mi sentir en torno a la condición médica que impidió mi crecimiento y mencioné de manera general el reto que ha significado para mí relacionarme con mi cuerpo. Hoy intentaré ahondar más en este sentido.
Hablar de sentirte inconforme contigo misma y con tu cuerpo, sin duda también es hablar de una mezcla de sentimientos con los que hay que lidiar; el miedo, la ira, la inseguridad, etcétera, son el pan de todos los días y son además paralizantes, ahora imagínense vivir muchos de los días de tu vida paralizada o lo que es más, atrapada en un remolino de emociones negativas; es devastador.
Cuando vives en desacuerdo con tu apariencia física; actividades tan cotidianas como bañarte, vestirte y peinarte se vuelven el peor de los tormentos y ni que decir de esos momentos en los que te miras al espejo, no hay peor dolor que mirarte al espejo y odiar lo que ves frente a ti.
Afortunadamente hoy puedo decir que es posible revertir esta situación, por supuesto no es fácil y como todo proceso conlleva tiempo y dedicación, pero ¿qué hice para comenzar a aceptar mi cuerpo?
Seguramente hay muchos caminos posibles, hoy yo te comparto el que a mí me ha sido útil para avanzar.
El primer momento que yo identifico y que sin duda fue crucial y decisivo, fue la reflexión, para mí la reflexión se convirtió en algo terapéutico y sanador. La práctica reflexiva me permitió en un principio comenzar a conocerme y escucharme pero también me permite cuestionar, dudar de todo aquello que se plantea como verdad y como regla.
Otra cuestión que me ayudó a avanzar en la relación conmigo misma fue la decisión que tomé de formarme como promotora de la salud con perspectiva de género; al estudiar la categoría de género tuve la posibilidad de cuestionar lo que la sociedad siempre nos ha impuesto como “normal” para hombres y mujeres y pude también posicionarme en contra del sistema patriarcal que promueve una educación sexista y basada en estereotipos fuera de toda realidad posible y roles diferentes para los varones y para las mujeres.
Hoy intento seguir reflexionando, escribiendo y pensando en voz alta, hablar conmigo misma es todavía todo un reto, pero lo intento cada vez que puedo, intento seguir caminando, cuestionando sobre todo, el lugar en el que me encuentro como mujer, hoy reconozco la necesidad de que hombres y mujeres escuchemos cuentos diferentes, sin princesas, sin príncipes, sin finales felices.
Hoy quiero que muchas niñas y mujeres sepan que su valor no está en la medida de su cintura, ni en sus caderas, ni en sus senos, ni en la ropa que viste, hoy quiero que sepan que su verdadero valor como seres humanos está en su capacidad para ser lo que quieran ser.
Y tú ¿Cómo has vivido tu cuerpo? ¿Qué posibilidades de acción se te ocurren para mejorar tu relación con él? Espero tus comentarios.

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Batalla entre un estereotipo y la realidad

“Entre el reflejo y la palabra”

 

Batalla entre un estereotipo y la realidad

 

Cómo superar una depresión profunda diagnosticada clínicamente a mis dieciséis años, justo en la adolescencia y desencadenada por una noticia médica que en ese entonces me rompió el esquema, me diagnosticaron de manera tardía, deficiencia de hormona de crecimiento y a consecuencia de esto talla baja. Lo que quería decir que no crecería más, nunca alcanzaría la talla (estatura) de una persona de mi edad.

Aún recuerdo alrededor mío y de mi madre a más menos seis médicos, endocrinólogos, genetistas y psicólogos, reunidos únicamente para comunicarnos la noticia. Se limitaban a decirnos que no había que preocuparnos, que todo estaría bien; pero la verdad es que para mí nada estaba bien, decían que bastaría con que tomara terapia para entender y aceptar.

He de reconocer que la terapia me ayudó en muchos ámbitos, pero nunca funcionó del todo y al poco tiempo la depresión se había instalado en mí, nadie entendía por qué, ni siquiera yo, cómo era posible deprimirse por “nada importante” en lugar de concentrarme en lo positivo; la mayoría opinaba que debía agradecer que tenía dos manos, dos pies para caminar, etcétera, pero nada era más difícil para mí en ese momento que mirar cosas positivas.
NADA-IMPORTANTECon el paso del tiempo mi vida también siguió su rumbo, sin embargo, la sensación de inconformidad conmigo misma, con mi cuerpo, eran cosa con la que tenía que lidiar todos los días, había días buenos y días sumamente difíciles hasta que un día al estar investigando para un proyecto de la universidad me encontré con el concepto de “estereotipos de género”. El internet decía que los estereotipos de género son el conjunto de rasgos tanto físicos como psíquicos que la sociedad determina como válidos para hombres y para mujeres. Al ahondar en el tema, recordé aquel “cómo puede deprimirse por nada importante” que mencioné más arriba y de pronto entendí, así sin más ni más, como flashes mentales que me recordaban lo que había estado viviendo todos estos años, me encontré en la posibilidad de entender que aquel “nada” en realidad era un “todo”, entendí que aquellas sensaciones y pensamientos que me habían llevado a la depresión estaban íntimamente ligadas a lo que durante toda mi vida había escuchado respecto a cómo debe ser una mujer, implícitamente  nos han dicho que las mujeres deben ser altas, delgadas, de tez blanca, de facciones afiladas… y yo, precisamente yo, nunca podría llegar a ser alta, ese era realmente el “nada” que desencadenaba todo.

Entendí en su plena dimensión el problema, encontré que el problema era el enorme miedo que me generaba no poder ser una mujer-modelo perfecta, es decir, que cumpliera con lo que la sociedad esperaba de mí y el miedo aún más grande que me generaba el pensar en las consecuencias de no cumplirlo.

Creo que la experiencia anterior deja ver cómo mi formación como promotora de la salud con perspectiva de género y, el descubrimiento de la reflexión como posibilidad invaluable de aprendizaje, me permitió mirarme a mí misma, entenderme y poco a poco aceptarme y de cómo este proceso de auto-conocimiento y reflexión me permite enriquecer mi práctica de promoción de la salud, en este sentido, como mujer y como promotora de la salud entiendo la necesidad de trabajar en favor de generar los procesos reflexivos necesarios que permitan a las mujeres mirar el impacto que ha generado en sus vidas la educación basada en los estereotipos de género.

Y tú ¿alguna vez has sentido que los estereotipos de género influyen en tu vida cotidiana? ¿Cómo has vivido esa influencia? Te invito a que me compartas tu experiencia en los comentarios.

 

 

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imagen “Nada importante” by Diana Yarely Vasquez Zagaceta is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.

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