Inseguridad Alimentaria

En este artículo se abordará el tema de la inseguridad alimentaria y la relación con la obesidad.

Como mencioné en mi artículo anterior, el impacto que tuvo el TLCAN en la producción de alimentos en México no fue el anunciado. Por ejemplo fue afectada drásticamente la exportación de frutas y hortalizas: ya que en 1993 se exportaban 6.56% y para el 2005 solo fue el 4.08%. Como lo ilustra este dato la competitividad en el sector hortícola presentó una baja en el mercado internacional (Ruiz y Dolores, 2008). Al parecer los propósitos del TLCAN no se lograron del todo, pues de acuerdo a cifras reportadas la pobreza fue aumentando, pues para 1984 había 11 millones de pobres (16 % de la población) mientras que para el 2002 llegaron a 54 millones (54 % de la población) de los cuales cerca de 20 millones son indigentes. Cabe mencionar que en estos últimos años, el costo de la canasta familiar aumentó en 506 % mientras los salarios sólo subieron un 135 % (Torres, 2006). Esto quiere decir que las familias con menores recursos económicos vieron seriamente afectada su capacidad de satisfacer sus necesidades nutricias y bien, se encontraron (y se encuentran) en una situación de inseguridad alimentaria y por tanto la prevalencia de subalimentación (disponibilidad de energía alimentaria no adecuada para cubrir las necesidades mínimas de un estilo de vida aceptable) ha ido en aumento.  De acuerdo a los datos obtenidos  por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en el 2013 hubo más de 840  millones de personas en el mundo  que sufrían subalimentación y más de la cuarta parte de la población tenía un acceso deficiente a la alimentación. México se encontró por debajo del 5% (Fernández, 2014)

La FAO (1996) define como seguridad alimentaria cuando todas las personas tienen en todo momento acceso físico y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias a fin de llevar una vida activa y sana. En el mismo sentido define inseguridad alimentaria como la disponibilidad limitada o incierta de adquirir alimentos nutricionalmente adecuados e inocuos. Según Shamah, Mundo y Rivera (2014) “la pérdida de la seguridad alimentaria se da a partir de que los países en vías de desarrollo se han enfrentado a crisis económicas prolongadas”.

Para definir la inseguridad alimentaria en México, es necesario partir de los cuatro elementos que lo componen: disponibilidad, acceso, uso de los alimentos y estabilidad de la oferta. De acuerdo a lo anterior, se observa que no existe  seguridad alimentaria en el país, pues el número total de kilocalorías que se consumen son 3 145, mientras que las recomendaciones de la FAO son de 2 362 kilocalorías (ibíd.). Conforme a lo que señala la FAO, nos damos cuenta que se consumen muchas más calorías de lo requerido, pero debemos reiterar que esas calorías no son aportadas por alimentos “saludables”, sino que provienen de alimentos industrializados que son altamente calóricos. Esto es una consecuencia de la inseguridad alimentaria que existe en nuestro país, pues la mayor parte de la población no cuenta con los recursos suficientes para poder llevar a cabo una dieta rica en fibra y proteína.

La pobreza alimentaria ha ido aumentado, para el 2006 era del 13.8% por lo que para el 2010 se presentó un aumento significativo ya que las cifras presentaban el 18.2%. Para el 2012 el 22.2% de los hogares tuvo que disminuir la calidad y cantidad de su alimentación y más de la cuarta parte de los mexicanos tiene acceso deficiente a la alimentación debido a que sus ingresos económicos estaban por debajo del precio de la canasta básica. .Para hacerle frente a la inseguridad alimentaria se llevaron a cabo cambios políticos. Uno de ellos fue la reforma constitucional del artículo 4 y 27, para reconocer a la alimentación como un derecho fundamental de todos los mexicanos. Por otro lado, se encuentra el programa “de la Cruzada Nacional contra el Hambre”, conocido actualmente como el Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018, el Programa Nacional México sin Hambre (Ibíd.).

 

 

De acuerdo a la ENSANUT 2012, 7 de cada 10 hogares presenta algún grado de inseguridad alimentaria y 1 de cada 3 presenta inseguridad alimentaria en su forma moderada o severa,  como consecuencia trae consigo el  padecimiento del sobrepeso y obesidad de los niños que viven en estos hogares, pues 1 de cada 5 la presenta (ibíd.).

La mayoría de los hogares consumen alimentos industrializados debido a que son conseguidos a  un menor costo, esto ha sido a causa del aumento en el precio de los alimentos nutricionales en mercados locales e internacionales. Para poder satisfacer sus necesidades calóricas las poblaciones que no cuentan con suficientes recursos económicos recurren a la ingesta de alimentos procesados, ya que al ser más accesibles pueden cubrir sus necesidades alimenticias, pero no nutricias (Ibíd.). En contraste, con lo anterior, se propone el gráfico llamado el plato del bien comer, donde muestra todos los grupos de alimentos que deberían de ser consumidos con mayor, regular y poca frecuencia. Por lo que su diseño está encaminado a dirigir a la población a que lleven una alimentación balanceada y saludable, sin tomar en cuenta los múltiples factores que se han venido mencionando a lo largo del documento.

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Un estudio realizado en dos escuelas públicas de la delegación Tláhuac del Distrito Federal, demostró que la prevalencia de la obesidad infantil va en aumento en población de escasos recursos (Castañeda, Molina y Ortiz, 2010). Este tipo de hogares es la que menos acceso tiene a los alimentos que señala la canasta básica, entonces es cuando se habla de que sufren inseguridad alimentaria, esto quiere decir que tienen muy poco o nulo acceso a alimentos como son los cereales integrales, frutas y verduras, lácteos y productos de origen animal por lo que su único acceso es la comida industrializada. Otro estudio realizado en hogares mexicanos señala que poco más de la mitad de estos hogares presentan algún grado de inseguridad alimentaria (50%). En 7.5% de estos casos, el jefe de familia es indígena y en casi de la mitad de los hogares el jefe de familia solo contaba con escolaridad básica (47.4%). Los hogares con mayor inseguridad alimentaria son dirigidos por mujeres, con una persona de lengua indígena o con personas de baja escolaridad, Donde el ingreso familiar se encontraba más bajo fue en familias semirurales o rurales. Este grupo de población tiene mayor disponibilidad en alimentos como el maíz, el trigo, huevo y azúcares. Por otro lado el mismo estudio demostró que los hogares que viven con niños tienden a padecer mayor inseguridad alimentaria que aquellos hogares donde no hay niños (Valencia y Ortiz, 2014).

Cuadro I
DISPONIBILIDAD DE ALIMENTOS DE ACUERDO CON NIVEL DE INSEGURIDAD ALIMENTARIA EN HOGARES MEXICANOS, 2010
Seguridad alimentaria

(SA)

M±

Inseguridad alimentaria leve

(IA-L)

M±

Inseguridad alimentaria moderada

(IA-M)

M±

Inseguridad alimentaria severa

(IA-S)

M±

Producto de maíz 182.8 232.5 228.3 245.0
Producto de trigo 64.3 58.4 59.1 54.9
Arroz 12.6 13.8 15.0 15.1
Tubérculos 24.8 25.1 23.0 22.3
Frutas frescas 109.0 74.4 62.0 51.1
Verduras frescas 147.6 146.4 136.1 115.9
Verduras procesadas 45 3.8 3.9 3.3
Leguminosas 25.0 31.6 35.6 38.6
Carnes frescas magras 25.4 19.3 15.5 14.0
Carnes procesadas 21.3 19.0 17.0 16.2
Pollo magro 20.6 16.8 13.7 11.4
Otras carnes 0.2 0.2 0.1 0.1
Pescados y mariscos 8.1 6.0 5.1 4.7
Leche 165.0 119.8 110.8 101.4
Quesos 13.6 11.8 10.1 7.6
Huevo 37.9 41.6 47.2 46.1
Grasas animales 5.0 4.8 4.8 3.8
Aceites vegetales 17.7 19.5 19.2 19.6
Frituras 2.0 1.5 1.1 1.1
Antojitos y comida rápida 53.5 42.5 38.3 33.0
Bebidas azucaradas 191.3 156.7 134.1 129.1
Azúcares 16.9 21.3 21.3 24.0
Postres 3.9 2.7 2.1 1.4
Bebidas alcohólicas 14.5 6.3 8.6 12.0

Fuente: Valencia, V. R. Ortiz, H. R. (2014). Disponibilidad de alimentos en los hogares mexicanos de acuerdo con el grado de inseguridad alimentaria. Salud pública de México / vol. 56, no. 2.

Nota: ±Media de gramos o mililitros al día por adulto equivalente.

 

De acuerdo al cuadro II, se observa la disponibilidad de los alimentos en los hogares de acuerdo al grado de inseguridad que cada grupo presenta, en donde el consumo de algunos alimentos como pollo, carne, carne magra, pescado y mariscos, frutas frescas, verduras frescas y leche son consumidos mayormente por aquellos que no sufren inseguridad alimentaria que los que si sufren algún grado de inseguridad. Mientras los que sufren inseguridad alimentaria severa tienen mayor acceso a productos de maíz y trigo, pero tienen un menor acceso a carnes frescas magras, pollo magro y pescados y mariscos (Ibíd.).

Por otro lado la Academia Americana de Pediatría, sugiere que los niños consuman cinco porciones de frutas y verduras al día, lo que podría ayudar a la prevención de la obesidad (Ladino y Sepúlveda, 2013). Dadas las circunstancias que se viven en el país y lo que vengo relatando  sabemos que esto es sumamente difícil y quizá eso explique en parte que en los últimos diez años ha habido un aumento dramático del sobrepeso y obesidad en este sector. Las encuestas nacionales de salud (1999-2006) demuestran que el sobrepeso y la obesidad de niños de entre 5 y 11 años aumentaron casi un 40%. La última encuesta nacional de salud reveló que en el país el 26% de los niños en edad escolar presentan sobrepeso (Mercado y Vilchis, 2013).

Alrededor del 20 y 30% de los niños en edad escolar tienen sobrepeso y obesidad, lo que lleva a México a situarse en ser el segundo país que le aqueja esta problemática. De acuerdo a los datos, las tasas del sobrepeso y obesidad van en aumento en aquellos países que se encuentran en vías de desarrollo, afectando principalmente a los grupos que tienen pocos recursos, siendo la principal causa de ello, la mala nutrición (Méndez et al., 2002).

De acuerdo a los datos reportados en la Encuesta Nacional de Nutrición (ENSANUT) 2006,  se encontró que la prevalencia de la obesidad infantil en niños aumentó (77%), mientras que en las niñas fue de (47%). La misma encuesta reportó que 26% de los niños y niñas de entre 5 y 11 años (4.15 millones de infantes) tenían prevalencia de sobrepeso y obesidad, de manera que afectaba mayormente a las niñas con 26.8% que a los niños con 25.9% (Castañeda, Molina y Ortiz, 2010). Con la magnitud de estas cifras nos damos cuenta que las medidas preventivas que ha lanzado el Estado -centradas principalmente en corregir los estilos de vida de las personas- no han sido suficientes.

En conclusión, las familias que viven con inseguridad alimentaria tienden a padecer sobrepeso y obesidad ya que no tienen acceso a los alimentos de la canasta básica y los únicos alimentos que pueden consumir debido a su situación económica son los productos industrializados, ya que estos son alimentos con un buen sabor y sobre todo son baratos y les satisface su hambre.

 

Bibliografía

  1. Castañeda, C. E., Molina, F. N. y Ortiz P. H. (2010). Sobrepeso-Obesidad en Escolares en una Área Marginada de la Ciudad de México. Revista Mexicana de Pediatría, Vol. 77, Núm. 2.
  2. Fernández, U. N. (2014). La seguridad alimentaria en México. Salud Pública de México / vol. 56.
  3. Méndez, S.N.,  Pichardo, B.R., Guevara, G.L. y Uribe, E.M. (2002). Cap. 1. Obesidad epidemiología, fisiopatología y manifestaciones clínicas ( 1-28). Manual Moderno.
  4. Mercado, P., Vilchis, G. (2013). La obesidad infantil en México. Alternativas en Psicología, número 28. Universidad Iberoamericana, México, D.F. 49-57.
  5. Ruiz, A. y Dolores, B. (2008). Globalización y competitividad en el sector hortofrutícola: México, el gran perdedor. El Cotidiano, vol. 23, núm. 147, enero-febrero.
  6. Shamah, L. T., Mundo, R. V. y Rivera, D. J. (2014) La magnitud de la inseguridad alimentaria en México: su relación con el estado de nutrición y con factores socioeconómicos. Salud pública de México, vol.56.
  7. Torres, T.M. (2006).  El impacto de los acuerdos de libre comercio sobre el derecho a la salud. Revista Cubana de Salud Pública, vol.32 n.3, 1-7.
  8. Valencia, V. R. Ortiz, H. R. (2014). Disponibilidad de alimentos en los hogares mexicanos de acuerdo con el grado de inseguridad alimentaria. Salud Pública de México / vol. 56, no. 2.
  9. Vega, M., Shamah, L. T., Peinador, R. R., Méndez, G. y Melgar, Q. H. (2014) Inseguridad Alimentaria y Variedad de la Alimentación en Hogares Mexicanos con Niños menores de Cinco Años. Salud Pública de México / vol. 56.

 

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Inseguridad Alimentaria
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Largas jornadas laborales que impactan en la problemática de la obesidad infantil

De acuerdo a mi artículo anterior inseguridad alimentaria vimos como las familias que viven con inseguridad alimentaria tienden a padecer sobrepeso y obesidad ya que no tienen acceso a los alimentos de la canasta básica y los únicos alimentos que pueden consumir debido a su situación económica y a la falta de tiempo para la preparación de comida nutritiva, son los productos industrializados, ya que estos son alimentos con un buen sabor y sobre todo son baratos y les satisface su hambre.

Con la llegada de la revolución industrial surgieron cambios drásticos para la humanidad, esto fue, la explotación de la llamada clase trabajadora. Los obreros trabajaban por largas horas y no suficiente con ello, la mano de obra era mal pagada. Las contrataciones eran por corta duración y las indemnizaciones por despido eran reducidas y por si fuera poco, no había derecho a huelga. Fue hasta 1931, donde México establece en sus leyes mexicanas del trabajo en los artículos 32 fracción VII, artículo 5 fracción III y artículo 59 que establecen, prohibición de jornadas laborales inhumanas así también como la posibilidad para el trabajador y el patrón de fijar la duración y horas de trabajo (Lastra, 1997). Con ello llegó la reducción de la jornada laboral de 8 horas, que se mantienen hasta la actualidad. Pero debemos destacar que en la Ciudad de México, así como muchas zonas metropolitanas de nuestro país, estas jornadas se extienden debido a los largos trayectos que se tienen que recorrer durante  los traslados del trabajo al hogar y viceversa. Por lo anterior son comunes las jornadas de 10 u 11 horas.

Con la entrada de la revolución industrial hubo una mayor disponibilidad a muchos alimentos. Con la evolución de la producción se ha ido perdiendo gradualmente el proceso de alimentación, su origen real, sus procedimientos, su almacenamiento y su transporte. Tal como lo dice Contreras

“esa revolución industrial, junto con la especialización y los rendimientos crecientes de la producción agrícola y el desarrollo hipertrófico de las ciudades, ha contribuido a crear una modernidad alimentaria que ha trastocado la relación del individuo con su alimentación. La evolución de los modos de vida, sobre todo la generalización del salario, supuso una regresión del autoconsumo y una demanda creciente de productos listos para comer “.

Las largas jornadas de trabajo, un salario muy bajo, la falta de empleo formal y las condiciones en las que se laboraban no eran las más favorables para la alimentación de los trabajadores. Hoy en día la situación se encuentra de la misma manera.

A la falta de empleos formales, el trabajo informal ha ido ganando terreno y con el paso del tiempo se sigue destacando mayormente que el trabajo formal. Las condiciones en las que se encuentran tampoco son las más favorables destacando como factor fundamental la falta de seguridad social.

Resultado de imagen para largas jornadas laboralesSin duda, hoy en día, la mayor parte de la población trabaja más de estas 8 horas debido al bajo salario que se tiene. Es por ello, que con el fin de poder satisfacer parte de sus necesidades, en ocasiones se tiene más de un trabajo o en efecto las jornadas laborales son más largas.

Al encontrarnos en las mismas condiciones socioeconómicas, en donde la canasta básica está por encima del salario mínimo, llevando a que no se pueda tener acceso a alimentos de la canasta básica y por tanto no poder satisfacer las necesidades nutricionales adecuadas, por lo que la única opción que se tienen es el consumo de comida rápida o industrializada, pues al compararla con los alimentos que aportan nutrientes, nos damos cuenta que es mucho más económica. Es por eso que el consumo de los alimentos industrializados es mucho mayor, presentándose una transición alimentaria, donde se muestran cambios drásticos en la dieta mexicana.

Otra elemento que contribuyó a la transición alimentaria fue la urbanización, la cual llegó en medio de la pobreza. Esto trajo que las jornadas laborales sean más largas, lo que provocó que ya no hubiese tiempo para poder cocinar o hacer otro tipo de actividades, así que, la mejor opción es el consumo de alimentos industrializados, desencadenando un problema de salud (ibíd. 2012). Anteriormente, el país se encontraba con mayor número de población que vivía en zonas rurales, alrededor del 75 al 80%  y la urbana era solo del 20% al 25%, por lo que el proceso de urbanización llevó a que los habitantes se vieran sumergidos en vidas aceleradas. (Fausto et al, 2006). Esto implica que la mayor parte de la población se encuentra en condiciones laborales desfavorables y que su alimentación no sea  adecuada por los largos traslados aunados a la falta de tiempo para poder preparar un desayuno o comida nutritiva, teniendo como única opción el consumo de los alimentos rápidos.

Otro factor
que hay es la inserción de la mujer en el área laboral, en consecuencia trajo que ya no haya tiempo para la preparación de alimentos, ya que históricamente el estereotipo predominante de género en nuestra cultura le asigna a la mujer ese papel.

Con el proceso de la industrialización, la urbanización acelerada y la mala economía, llevó a que las jornadas laborales cada vez sean más largas y estén rodeadas de malas condiciones. Así mismo la inserción de la mujer en el campo laboral trajo consigo la falta de tiempo para la preparación de alimentos, dejando por lo que los únicos alimentos accesibles son los industrializados contribuyendo con ello un grave problema de salud pública, la obesidad infantil. Esto impacta directamente a los niños. Ya que la madre históricamente ha adoptado el papel de ser la responsable en la preparación de la comida, pero al no tener tiempo suficiente la única alternativa es recurrir a la comida rápida.

 

Bibliografía

  1. Contreras, H. J. (2005). La obesidad: una perspectiva sociocultural. De Barcelona. Depto. De Antropología Socia. 31-51.
  2. Fausto, G. J., Valdez., L. R., Alderete, R. G. y López, Z. M. (2006). Antecedentes Históricos de la Obesidad en México. Investigación en Salud, vol. VIII, núm. 2.
  3. Mota, D. L. (2002). Globalización y pobreza: dicotomía del desarrollo en América Latina y México. Espacio abierto vol. 11, no. 2.
  4. Lastra, J. M. (1997). Instituciones de Derecho del Trabajo de y de la Seguridad Social. Instituto de investigaciones Jurídicas UNAM, México.

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Aumento de la canasta básica y su impacto en la obesidad

Aumento de la canasta básica y su impacto en la obesidad

En este artículo analizaré el aumento de la canasta básica en México durante los 10 años y su posible vinculación como elemento responsable del aumento en la epidemia de obesidad.

La canasta básica es definida como el conjunto de bienes y servicios indispensables para que una familia pueda satisfacer sus necesidades básicas (Vergara y Díaz, 2012).

El Banco de México utiliza 80 productos que componen la canasta básica.  Entre los primeros 20 se encuentran los alimentos como la leche, tortillas, carne y huevo. Entre los energéticos se encuentran: gasolina, electricidad, gas doméstico y los de transporte: autobús urbano taxi, colectivo (Padilla, 2010).

En la siguiente tabla se muestran todos los productos de la canasta básica que el Banco de México utiliza.

Tabla 1

Bienes y servicios de la canasta básica utilizada por el Banco de México

Aceites y grasas vegetales comestibles Pasta para sopa Cardiovasculares
Agua embotellada Puré de tomate y sopas enlatadas Cremas para la piel
Arroz Refrescos envasados Dermatológicos
Atún y sardina en lata Retazo Desodorantes personales
Azúcar Tortilla de maíz Expectorantes y descongestivos
Bistec de res Electricidad Gastrointestinales
Café soluble Gas doméstico Jabón de tocador
Café tostado Larga distancia nacional Material de curación
Carne molida de res Línea telefónica Navajas y máquinas de afeitar
Cerveza Servicio telefónico local Nutricionales
Concentrados de pollo y sal Blanqueadores Otros medicamentos
Chiles procesados Cerillos Papel higiénico
Chocolates Detergentes Pasta dental
Frijol Estufas Servilletas de papel
Galletas populares Focos Aceites lubricantes
Gelatina en polvo Jabón para lavar Autobús foráneo
Harinas de trigo Licuadoras Autobús urbano
Hígado de res Pilas Bicicletas
Huevo Planchas eléctricas Colectivo
Jamón Refrigeradores Gasolina de alto octanaje
Leche evaporada, condensada y maternizada Suavizantes y limpiadores Metro o transporte eléctrico
Leche pasteurizada y fresca Televisores Taxi
Masa y harina de maíz Analgésicos Cuadernos y carpetas
Pan blanco Antigripales

Fuente: Padilla, L. P. (2010). De salarios mínimos, canastas básicas y otras incongruencias y males que padecemos. Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad.

 

En la tabla 2 se muestran los productos mínimos que deben adquirirse al mes para el desarrollo de una familia así como el costo de cada producto y el total de ello para comparar los costos mensuales con el salario mínimo.

Tabla 2

Productos mínimos que deben adquirirse al mes para el desarrollo de una familia

Productos incluido en la canasta básica Precio promedio en pesos
Cantidad Producto Precio
1 litro Aceite vegetal comestible 23.5
4 kg Arroz 66
2 kg Azúcar 20.34
2 kg Bistec de res 1.48
300 gr Café soluble 88.8
1 kg Carne molida de res 72
2 latas Chile procesado 18
½  kg Chocolate en polvo 16.8
½  kg Concentrado de pollo y sal 6.25
½  kg Crema 16
4 kg Frijol 92
4 cajas Gelatina en polvo 32.8
1 kg Harina de trigo 14.5
3 kg Hígado de res 90
1 caja Huevo 29.9
½  kg Jamón 29
4 garrafones de 20 litros Agua purificada 100
15 litros Leche 178.5
30 piezas Bolillo 36
2 kg Pasta para sopa 42
4 kg Retazo 80
12 kg Tortilla de maíz 82.8
Luz 200
2 tanques de 20 kg Gas 570
Teléfono 200
1 litro Blanqueador 7.3
1 paquete Cerillos 11
2 kg Detergente 43
1 kg Jabón para lavar trastes 17.7
1 caja Analgésicos, antibióticos y/o antigripales 20
2 piezas Desodorantes 42
4 piezas Jabón de tocador 37.6
20 rollos Papel higiénico 83
1 pieza Pasta dental 25
100 viajes Metro 200
4 Plumas, lápices, otros 8
Total: $2, 747.69

Fuente: Padilla, L. P. (2010). De salarios mínimos, canastas básicas y otras incongruencias y males que padecemos. Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad.

Como se observa en la tabla anterior, el salario mínimo que se tenía para el 2010 no pudo cubrir  la canasta básica. Para poder cubrirla  se necesitaban $2, 747.69 mensuales. Cabe señalar que en la tabla solo se CANASTA-BÁSICA-AUMENTA-COSTO-GOBIERNO-INCAPAZmuestran algunos productos básicos. Mientras tanto el salario neto mensual fue de $1644, por lo que al comparar el costo mensual con el salario mínimo observamos que no es suficiente para poder cubrir los productos mínimos de la canasta básica. Cabe destacar, que estos productos están destinados solo para dos integrantes de alguna familia. (ibíd.)

De acuerdo a los datos del 2006 y 2012 el precio de la canasta básica sigue en aumento y el salario mínimo real esta en descenso (ibíd.)

“Al comparar los incrementos del salario con los del índice general y de la canasta básica podemos apreciar la disparidad entre uno y otro si al salario nominal (salario mínimo diario percibido por los trabajadores) le descontamos el incremento de los precios (índice general) obtenemos el salario real” (Vergara y Díaz, 2012, p. 29).

Los productos que han mostrado mayor aumento en los precios son aquellos que son esenciales para la población de menores recursos económicos, entre algunos están: maíz, frijol, arroz y aceites. De acuerdo a la UNAM, recomienda una canasta definida como Canasta Alimentaria Recomendable (CAR) la cual incluye 24 productos. La del DF recomienda 46. Mientras el CONEVAL recomienda 38 productos para el sector urbano y 33 productos para el sector rural.

 

tabla 3

Costo de la canasta y salario mínimo

No. de productos Costo promedio

(pesos diarios)

No. de salario mínimos
Canasta alimentaria recomendable (CAR-UNAM) 24 88.5          1.5
Canasta alimentaria rural (CONEVAL) 33 94.5 1.6
Canasta alimentaria para el DF. 46 154.1 2.5
Canasta alimentaria urbana (CONEVAL) 38 143.2 2.3

Fuente: Vergara, G. R. Díaz, C. M. (2012) INPC, canasta básica y salario mínimo en México, 2006-2012. Revista de Análisis de Coyuntura Económica.

En el cuadro anterior y en el grafico 1 se puede observar que de acuerdo a los diferentes productos que conforman determinada canasta básica ninguna se pudo cumplir con el salario que se tenía para el año 2012, pues se necesita al menos más de un salario mínimo para poder cumplir con los productos señalados.

El Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) es un indicador que sirve para medir el cambio promedio de los precios en el tiempo a través de una canasta ponderada de bienes y servicios representativa del consumo de la familias urbanas de México (Centro de Estudios de las Finanzas Públicas, 2015).

Para febrero de 2014 la inflación afectó aquellas personas que perciben de 1 a 6 salarios mínimos (ibíd.).

Como es bien sabido, no se cumple con el salario que se estipula en el artículo 123 constitucional el cual establece que “los salarios mínimos que disfrutan los trabajadores serán generales o profesionales. Los primeros regirán en las áreas geográficas que se determinen; los segundos se aplicaran en ramas determinadas de la actividad económica o en profesiones, oficios o trabajos especiales. Los salarios mínimos generales deberán ser suficientes para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia en el orden material, social y cultural, y para proveer a la educación obligatoria de los hijos” (ibíd., p. 1)

Al pasar de los años el salario ha ido incrementando, sin embargo no quiere decir que con ello se puede adquirir mayores productos de la canasta básica, ya que el aumento del salario nominal no implica un aumento al salario real, es por eso que no se pueden obtener dichos productos, al contrario, cada vez se tienen menos acceso (Padilla, 2010).

 

 

Comparación entre el costo de la canasta alimentaria mensual por persona y el salario mínimo para el año 2015
Tipo de canasta alimentaria Costo mensual por persona de la canasta alimentaria Salario mínimo para el área geográfica A (pesos mensuales) Salario mínimo para el área geográfica B (pesos mensuales)
Urbana 1.315,06 1.962,8 1.862
Rural 938,01 1.962,8 1.862

Fuente: elaboración propia con datos del CONEVAL (2015) y de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (2015).

 

De acuerdo a estos datos podemos decir que el salario mínimo no puede cubrir las necesidades básicas de una sola persona y mucho menos de una familia de cuatro integrantes o más. Para el 2015 el valor de la canasta alimentaria rural fue de $938,01, mientras que para la urbana tuvo un valor de $1.315,06 y en cuanto al salario mínimo mensual del área geográfica “A” y “B” fue tan solo de $1.962,8 y $1.862 respectivamente. Un estudio realizado sobre la magnitud de la inseguridad alimentaria en México y su relación con el estado de nutrición demostró la correlación entre el trinomio pobreza-inseguridad alimentaria-obesidad. Por lo que al no contar con los suficientes recursos económicos, una familia no puede cumplir con los requerimientos nutricionales adecuados, siendo su última alternativa el consumo de los alimentos industrializados, por ser más accesibles.

Para Shamah, Mundo y Rivera (2014)

“estudios recientes han puesto de manifiesto que en México la población en pobreza satisface sus necesidades de consumo de calorías adquiriendo alimentos de bajo costo, altos en energía pero con un contenido deficiente de micronutrientes. De tal forma que los hogares cada vez con mayor frecuencia acceden a alimentos de alta densidad energética y de menor costo trayendo como consecuencia ganancias importantes en el peso corporal, pero con deficiencia en micronutrientes” (p. 84)

Para el 2016 el salario mínimo es de $73.04 y aunque este ha ido aumentando a largo de los años, también el costo de los productos se han incrementado, por lo que no ha sido suficiente para poder cubrir todas las necesidades básicas que se requieren para poder llevar una vida digna y una alimentación adecuada.

 

 

Bibliografía

  1. Centro de Estudios de las Finanzas Públicas (2015). Boletín: evolución de la Inflación.
  2. Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (2015).
  3. CONEVAL (2015)
  4. Padilla, L. P. (2010). De salarios mínimos, canastas básicas y otras incongruencias y males que padecemos. Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad.
  5. Shamah, L. T., Mundo, R. V. y Rivera, D. J. (2014) La magnitud de la inseguridad alimentaria en México: su relación con el estado de nutrición y con factores socioeconómicos. Salud pública de México, vol.56.
  6. Vergara, G. R. y Díaz, C. M. (2012), INPC, canasta básica y salario mínimo en México, 2006-2012. Revista de Análisis de Coyuntura Económica.

 

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Aumento de la canasta básica y su impacto en la obesidad
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El aumento de la pobreza como factor determinante para el desarrollo de la obesidad infantil en México

El problema de la obesidad infantil está ligada a múltiples dimensiones sociales por lo que no solo se le puede atribuir una sola causa el desarrollo de esta epidemia.

A pesar de esto diferentes autores indican que la obesidad está dada por una sola causa y es el no cuidar lo que comemos. Tal como lo hacen Beltrán, Saldívar, Vázquez, y Martínez (2013) quienes argumentan que la etiología de la obesidad se debe a llevar una mala dieta, consumir bebidas altamente azucaradas, llevar una vida sedentaria y los factores genéticos. De un modo ligeramente más complejo Ladino y Sepúlveda (2013)   mencionan que la causa de que los niños padezcan obesidad se debe al nivel educativo de los padres, factores genéticos, las condiciones socioeconómicas, las condiciones geográficas, los malos hábitos alimenticios y la falta de ejercicio. Estos últimos autores retoman las condiciones socioeconómicas y geográficas y no solo se centran en los factores bilógicos, pero en sus recomendaciones hacen mayor hincapié que para aminorar esta problemática se deberían  mejorar los hábitos alimenticios y recomiendan que se debe de comer en familia entre 5 y 6 veces por semana ya que hay relación entre el ambiente familiar y la ingesta de frutas y verduras. González (2004) amplía un poco más su perspectiia cuando hace mención sobre las múltiples causas de la obesidad y entre ellas se encuentran: la imposición de una mala alimentación, la accesibilidad a los alimentos industrializados, la falta de tiempo para preparar comidas más saludables y la presión publicitaria de grandes grupos de la industria alimentaria. Sin embargo sus propuestas de acción hacia esta epidemia están encaminadas a la corrección de los hábitos alimenticios y a la educación. Surge la duda de por qué, a pesar de que contemplan elementos sociales y estructurales como parte de los génesis de esta epidemia, no son capaces de traducirlo a sus propuestas de intervención.

Estos solo son algunos autores que ven a la obesidad como un problema causado por los malos estilos de vida. En mis artículos pasados he tratado de exponer algunos argumentos que permitan visualizar un panorama más complejo de elementos detrás de este problema. He abordado ya temas como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, el aumento de la inseguridad alimentaria y de los precios de la canasta básica con relación al poder adquisitivo. En este artículo expondré el aporte de la pobreza a la obesidad infantil.

Diversos autores han observado que en los países en desarrollo el aumento de la obesidad es progresiva. Una de las características entre los países latinos son las altas tasas de obesidad en mujeres y niños de bajos recursos. Por lo que este fenómeno está ligado claramente con la desigualdad social, ya que quien se encuentra en desventaja son aquellos que tienen un nivel socioeconómico bajo. (Figueroa, 2009 y Fausto et al, 2006). Estos países enfrentan dos graves problemas de nutrición, por un lado la desnutrición y por el otro la obesidad. Estos problemas de salud se vuelven más complejos al ver un traslape de enfermedades, es decir, la desnutrición y la obesidad está afectando al mismo tiempo a los estratos más pobres.

Por lo que el CONEVAL menciona que hay 7 dimensiones para poder determinar el nivel de pobreza, estos son: el ingreso económico, rezago educativo, acceso a servicios de salud, acceso a seguridad social, acceso a la alimentación, calidad y espacio de la vivienda y acceso a los servicios básicos de la vivienda. De tal forma Álvarez et al, (2012) mencionan que al referirse a estratos socioeconómicos hay que tomar en cuenta tres aspectos; el nivel de educación, situación laboral y el ingreso neto de los hogares.  De acuerdo a estas dimensiones,  nos propone, se puede determinar el nivel de pobreza en que se encuentra la población mexicana.

 

Resultado de imagen para pobreza en mexicoLa pobreza es un factor fundamental para el desarrollo de la obesidad, pero como se podría definir pobreza. Según Figueroa (2009) la pobreza es la situación en la que la población padece escasez de recursos y un acceso limitado y dependiente de los mismos, existe cuando Resultado de imagen para pobreza en mexicolos individuos no pueden satisfacer sus necesidades básicas (alimentación, vivienda, vida social, vestido, educación). Mientras que Beltrán, Saldívar, Vázquez, y Martínez (2013) citan la definición del El Consejo Nacional de la Política de Desarrollo Social  (CONEVAL)  donde define a la pobreza como aquella que tiene al menos una carencia social y percibe un ingreso inferior a la línea de bienestar.  Pobreza extrema la definen como las personas que tienen tres o más carencias sociales y que además perciben un ingreso inferior a la línea de bienestar mí
nimo. De acuerdo a esta definición, para los años 2010 y 2012 la pobreza aumentó de 52.8 a  53.3 millones.

 

 

La prevalencia del aumento de la obesidad se debe a que este sector de la población selecciona alimentos pobres en fibra, proteínas y carbohidratos complejos, pues bien, eligen los alimentos ricos en grasas trans y carbohidratos simples, ya que este tipo de alimentos les permite saciar su apetito a un menor costo a pesar del nulo aporte de nutrientes que tengan, esto sucede por el alto costo en los precios de las frutas y verduras, haciéndolos inaccesibles. Las clases bajas tienden a consumir mayormente alimentos ricos en carbohidratos y grasas saturadas que los alimentos ricos en proteínas, esto se debe al precio más bajo de los alimentos industrializados (Saldaña y Rossell, 2000)

 

Resultado de imagen para obesidad y pobreza en mexicoSi bien se menciona que los pobres “eligen” alimentos con estas características quiero hacer énfasis que esta elección es el resultado de sus condiciones marginales, por lo que no podemos hacerlos responsables de ellas mientras no tengan mejores condiciones económicas, de acceso a alimentos sanos, la información completa de la calidad de los alimentos y la educación necesaria para tomar decisiones más favorables.

Otros datos internacionales, también demuestran que la obesidad está asociada notoriamente con el nivel socioeconómico. Quien cuenta con un nivel socioeconómico bajo y además se encuentra en algún país en desarrollo es posible que padezca obesidad, por otro lado, los que cuentan con mejores condiciones socioeconómicas y viven en países desarrollados existe la gran posibilidad de que la prevalencia de sufrir obesidad sea mucho menor (Galindo et al, 2011).

El mercado ofrece una gama amplia de alimentos industrializados accesibles dirigidos mayormente para este sector de la población (Ibíd.) Por lo que la  ingesta de alimentos procesados son altamente consumidos para satisfacer el hambre (Vargas y Bourges). La adquisición de estos productos se vuelve más fácil a haber cada vez más comercios de comida rápida (Vargas y Bourges). Por ejemplo, una sopa instantánea puede adquirirse por solo $ 6.50 es barata y cubre el apetito (Aguirre, 2012). En la actualidad el costo es de $8.00.

La mayor comercialización de alimentos procesados dirigidos hacia la población más marginal está rompiendo con el vínculo cultural (Fausto et al, 2006). Porque justo es la manera de que las grandes industrias sobrevivan, haciéndose ricos a costa de la salud de las poblaciones que menos tienen.

Para el 2010 existían en el mundo 43 millones de niños con sobrepeso y obesidad de los cuales 35 millones viven en países en vías de desarrollo (González y Atalah, 2011) Los países de bajos recursos han presentado en los últimos años cambios drásticos en su forma de vida, como consecuencia de la revolución industrial, también llevó a que las grandes empresas se enriquecieran a costa de los que menos tienen, encaminándolos al consumo de sus mismos alimentos a fin de que a estos nos les quede otra opción más que el consumo de ellos a cuesta de poner en riesgo su salud.  Como ya se ha mencionó, esto ha sucedido gracias a la industrialización y el papel de los medios de comunicación, ya que han logrado una contribución  importante en los cambios de la alimentación. Adicionalmente la falta del apoyo de la agricultura y la mala repartición de la riqueza hacen que cada vez más estos estratos de la población caigan en  inseguridad alimentaria y en condiciones donde el único acceso a alimentos se tenga sea a los procesados. Lo anterior lleva a que nos encontremos en un estado de desigualdad e inequidad social. La manera de alimentarse  de la población pobre depende en gran medida de las decisiones  de aquellos que son dueños de la industria alimentaria (Altamirano et al, 2014), y no de ellos mismos. Sorprende entonces cómo muchas intervenciones en promoción de la salud ignoran eso y pretenden responsabilizar a las personas, como si ellas tuvieran todo el control

Se registra que en mujeres que viven con un nivel socioeconómico bajo padecen mayormente obesidad. Un estudio realizado en mujeres de la ciudad de México con estratos socioeconómicos bajos (Galindo et al., 2011), mostró que del 96.7%, solo el 15.1% presentan conocimientos sobre nutrición. De acuerdo a ello, se les relaciona con el nivel de educación que han tenido, pues las mujeres que cuentan con menor educación no saben de las consecuencias que pueden ocasionar el consumir alimentos altamente calóricos. Aunque según los resultados del estudio muestra que aquellas que cuentan con conocimientos correctos o regulares sobre nutrición se encuentran con mayor riesgo de padecer sobrepeso u obesidad que aquellas que tienen menor grado de escolaridad. En la siguiente tabla se muestra el porcentaje de sobrepeso y obesidad de acuerdo a las características de las mujeres .

Distribución del estado de nutrición, según características de las mujeres.
Variable Desnutrición Adecuado Sobrepeso u obesidad
Nivel socioeconómico
Muy bajo 2,7% 26,3% 71%
Medio bajo 0,8% 18,2% 81%
Bajo 1,8% 27,4% 70,0%
Conocimientos sobre nutrición
Incorrecto 3,4% 27,1% 69,5%
Regular 0,7% 22% 77,35
Correcto 0,4% 22,3% 77,3%
Escolaridad
Analfabeta a primaria incompleta 1,4% 18,3% 80,3%
Básica y media básica 2,4% 23,7% 73,9%
Media superior y superior 0,9% 31,9% 67,2%

Fuente, Galindo, G. C., Juárez, M. L., Shamah, L. T.,  García, G, A.,  Ávila C. A. y  Quiroz, A. M. (2011). Conocimientos en nutrición, sobrepeso u obesidad en mujeres de estratos socioeconómicos bajos de la Ciudad de México. Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, Vol. 61 No 4.

Nos damos cuenta que de los tres grupos del nivel socioeconómico (muy bajo, medio bajo y bajo)  el nivel más bajo presenta las cifras más altas en cuanto a la desnutrición (2,7%) pero también presenta un nivel alto en las cifras de sobrepeso u obesidad, esto indica el traslape de enfermedades que existen en este grupo. Asimismo el aumento más alto del sobrepeso y obesidad se presenta en el nivel de escolaridad analfabeta a primaria incompleta con 80,3%. Podemos notar  que aquellas mujeres que solo cuenta con conocimientos sobre nutrición y que solo cuentan con el nivel básico escolar sufren mayormente sobrepeso y obesidad que aquellas que tienen mayor nivel educativo, ya que tienen menor riesgo de padecer sobrepeso y obesidad. La solución de esta epidemia va más allá de solo dar información acerca de cómo llevar una buena alimentación, más bien se tendría que tomar en cuenta que la población tenga un mayor acceso educativo en todos los niveles.

Diversos son los estudios que se han hecho en países latinoamericanos para determinar cómo es que influyen los factores económicos en la presencia del sobrepeso y obesidad. Un estudio realizado en Medellín Colombia en 2010, señala que las familias que tienen un ingreso económico por debajo de los 1. 400.000 pesos, no pueden garantizar su seguridad alimentaria pues la canasta básica está por encima de 570.000 pesos colombianos, por lo que para poder tener acceso a ella el ingreso familiar tendría que estar por arriba de los 1. 400.000, Por lo que la obesidad y sobrepeso son mayor en estos estratos socioeconómicos. Otro factor importante es la educación, factor que está relacionada con el estado de salud y nutricional, a comparación de quienes cuentan con un mayor conocimiento educativo ya que asumen mejores comportamientos que benefician la salud. Al igual que en México también existen grandes desigualdades sociales y las causantes que detonan la obesidad son las mismas (Álvarez et al, 2012).

Otro estudio realizado en Rosario Argentina, muestra como también la población con menos recursos económicos no tienen acceso a una buena alimentación, por lo que al elegir sus alimentos deben de contar con las siguientes características: baratas, que rindan, que gusten y que llenen. Por lo regular el tipo de alimentos que cumplen con dichas características son los guisos, el fideo, sopas y pan, todos estos son altos en carbohidratos y grasas. En ocasiones los adultos deben de privarse de los alimentos para dárselo a los niños pues la comida no es suficiente para todos los miembros de la familia y para poder satisfacer su hambre consumen mate. El alto consumo de estos alimentos inducen al padecimiento del sobrepeso y la obesidad. (Perreti et al 2009). Gabin (2010) también coincide que la población de escasos recursos tienden a presentar altas tasas de sobrepeso y obesidad por su alto consumo de carbohidratos. Múltiples son las causas, entre estas están; la inserción de la mujer en el medio laboral, el avance tecnológico, aumento de la comida industrializada, las largas jornadas laborales, la publicidad es cada vez más agresiva que ínsita al consumo de los alimentos procesados.

La Declaración de los Derechos Humanos señala que para poder gozar de salud es indispensable que se haga valer el derecho a la alimentación. De acuerdo a esta declaración, nos damos cuenta que estos derechos se encuentran violentados, porque no existe totalmente la seguridad alimentaria y no solo de Argentina sino también de México.

“Según un análisis realizado por la ONU para la Agricultura y la Alimentación en el año 2001 sobre estos puntos se afirma que son adecuados los alimentos que sean culturalmente aceptables y que se produzcan en forma sostenible para el medio ambiente y la sociedad… su suministro no debe interferir con el disfrute de otros derechos humanos, por ejemplo no debe costar tanto adquirir suficientes alimentos para tener una alimentación adecuada, que se pongan en peligro otros derechos socioeconómicos o satisfacerse en detrimento de los derechos civiles o políticos” (Galindo et al., pp. 4)

Como ya notamos esta problemática está afectando cada vez más a los países en desarrollo y se vuelve un indicador de pobreza. Un estudio realizado en 2003, en niños de edad escolar donde se asocia positivamente el nivel socioeconómico con el alto padecimiento del sobrepeso y la obesidad (Mercado y Vilchis, 2013). Con esto se concluye que entre menor sea la capacidad de adquirir alimentos que favorezcan la nutrición, mayor es el riesgo de padecer sobrepeso y obesidad. Si bien la población de escasos recursos tiene mayor acceso a los alimentos industrializados por ser más baratos, no se les puede culpar de ello, ya que los alimentos de la canasta básica se encuentran a un costo muy alto haciéndolos muchas veces inaccesibles.

 

 

 

Bibliografía

 

  1. Álvarez, C. L., Goez, R. J. y Carreño, A. C. (2012). Factores sociales y económicos asociados a la obesidad: los efectos de la inequidad y de la pobreza. Polit. Salud, Bogotá (Colombia), 11 (23): 98-110, julio-diciembre.
  2. Beltrán, G. F., Saldívar, G. A., Vázquez, N. F. y Martínez, P. G. (2014) Obesidad, Diabetes Mellitus y Pobreza. Medicina Salud y Sociedad Vol. 4 No. 2.
  3. Castañeda, C. E., Molina, F. N. y Ortiz P. H. (2010). Sobrepeso-Obesidad en Escolares en una Área Marginada de la Ciudad de México. Revista Mexicana de Pediatría, 77, Núm. 2.
  4. D. (2009). Obesidad y Pobreza: marco conceptual para su análisis en Latinoamérica. Saúde Soc. São Paulo, v.18, n.1, p.103-117.,
  5. Gabin, (2010). La obesidad en los diferentes niveles socioeconómicos. Revista Electronica de PortalesMedicos.com – http://www.portalesmedicos.com/publicaciones.
  6. Galindo, G. C., Juárez, M. L., Shamah, L. T., García, G, A.,  Ávila C. A. y  Quiroz, A. M. (2011). Conocimientos en nutrición, sobrepeso u obesidad en mujeres de estratos socioeconómicos bajos de la Ciudad de México. Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, Vol. 61 No 4.
  7. González, B. J. (2004). México DF: McGRAN-ALL INTERAMERICANA EDITORES.
  8. González, H, C. y Atalah, S. E. (2011). Regulación de la publicidad televisiva de alimentos para prevenir la obesidad infantil. Universidad de Valparaíso. Chile, Vol. 61 Nº 3.
  9. Ladino, M. L., Sepúlveda, V. N. (2013). Puntos de impacto entre la problemática del siglo XXI: obesidad infantil. Revista Gastrohnup, Volumen 15 Número 1 enero-abril.
  10. Mercado, P., Vilchis, G. (2013). La obesidad infantil en México. Alternativas en Psicología, número 28. Universidad Iberoamericana, México, D.F. 49-57.
  11. Peretti, L. M., Romero, M. y Rovetto, A. (2009). Obesidad en la pobreza. Prácticas y representaciones asociadas a esta patología en sectores de bajos recursos. Invenio, vol. 12, núm. 23.
  12. Saldaña, C. Roseell, R. (2000). Obesidad. Ediciones Martínez Roca, S.A. Barcelona.

 

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El aumento de la pobreza como factor determinante para el desarrollo de la obesidad infantil en México
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El Tratado del Libre Comercio de América del Norte y la epidemia de obesidad en México

En éste artículo abordaré el posible impacto que ha tenido el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en la epidemia de obesidad en México

 

En los años ochenta México se encontraba en un momento difícil, pues vivía una situación económica complicada debido a la caída del peso, por lo que se vio obligado a realizar una serie de reformas que ayudarían a combatir este problema económico. Para 1982 la política agrícola mexicana se vio afectada por la reducción de recursos públicos (Santos, 2014).

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Caelos Maruri, fotógrafo

Ante el inicio de las reformas y ante la recesión económica que atravesaba el país,  en 1983, México realiza cortes en el gasto público, por lo que se ven afectados diversos programas sociales que estaban subsidiados, pues estos fueron eliminados y otros fueron reestructurados. Uno de los programas creados para reducir significativamente los subsidios relacionados a la alimentación y la producción de alimentos, fue el Programa Nacional de Alimentación (PRONAL) (Barquera, Rivera y Gasca, 2001).

En 1986, como parte de las reformas pactadas, se lleva a cabo el acuerdo multilateral entre Estados Unidos y México sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT). El Estado apostó por abrirle las puertas al mercado de Estados Unidos, ya que con ello eliminaría todo tipo de restricción y regulación a las corporaciones agroalimentarias transnacionales (Santos, 2014). Las reformas de corte estructural fueron negociadas por organismos internacionales. Esto llevó a encaminarnos hacia la liberalización de los mercados abriendo paso a la inversión privada. Con lo anterior el Estado jugó un nuevo papel frente a las actividades económicas integrándose a la economía mundial (Torres, 2006). Ante esto la producción agrícola mexicana disminuyó (ibid). Esto es relevante ya que impactó desfavorablemente en la oferta de alimentos locales para los mexicanos y favoreció las condiciones para la importación de alimentos producidos industrialmente.

En 1990 se da paso a la firma del TLCAN bajo el mandato de Carlos Salinas de Gortari.

El gobierno mexicano ve en TLCAN la oportunidad y estrategia para “modernizar la economía”, favorecer la entrada de capitales productivas y de inversión, promover la reestructuración productiva del país hacia las áreas “competitivas” y desarrollar el sector exportador (et al, pp 116.)

Con ello se hicieron cambios en el artículo 27 constitucional, dirigiéndose a la privatización de los ejidos y permitiendo la inversión extranjera en la actividad agropecuaria por medio de sociedades mercantiles. De tal modo, la constitución se adapta al TLCAN y no al contrario como tenía que haber sucedido (Arellanes, 2014). Los fines de este tratado eran, según sus proponentes,  fortalecer la economía mexicana y de igual manera dar paso al incremento de exportaciones. Pero evidentemente no sucedió de esa manera, pues a partir de ello se dieron una serie de reformas estructurales que acabarían por debilitar el área agropecuaria y por ende las exportaciones. El TLCAN sólo responde a los intereses de Estados Unidos, por lo que hay mayor ganancia para este país al abrirle las puertas a las empresas transnacionales sin cuota alguna. Grandes estragos trajo consigo, al provocar un estancamiento productivo y así mismo la desaparición de medianas y pequeñas empresas, dejando a los mexicanos en condiciones desfavorables. De modo que el salario se ve drásticamente afectado al igual que el empleo formal, por lo que la población mayormente afectada fue la que menos recursos tiene (ibid).  Este aspecto también contribuyó a la disminución del poder adquisitivo de millones de mexicanos y a su dieta.

En 1994, nuevamente se presenta una devaluación, por lo que hay otro corte al gasto público,  de tal forma surgen nuevos programas sociales. Tal es el caso del  programa llamado “solidaridad”  dirigido a los tres rubros más importantes: la salud, educación y a la mejora de servicios públicos de las comunidades. Su objetivo principal, según el gobierno era elevar la salud de la población  rural, urbana e indígena con índices de alta marginación. Así mismo desaparece el programa “CONASUPO” organismo paraestatal. (ibid).

A finales de la década, las actividades productivas iban a la baja y la situación se tornaba devastadora, ya que las políticas sociales agropecuarias no favorecieron  a los pequeños productores rurales, sino más bien a los grandes empresas (ibid & Calberg y Rude, 2004). En cuanto a la pobreza,  el problema era más grave, La firma del TLCAN fue uno de los procesos de globalización e integración a nivel mundial. Esto  traería grandes ganancias para los americanos, mientras que para los productores mexicanos, sus ganancias se verían afectadas (ibid).

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Carlos Maruri , fotógrafo

Cuando el proceso de la globalización se dio en América Latina, se vio lleno de rezagos que ha ido arrastrando a lo largo del tiempo. Con este proceso se dio paso a la globalización en México y con ello generando grandes desigualdades sociales y al enriquecimiento de solo una parte de la población (Mota, 2002).

De acuerdo con Vargas y Bourges, (2012) desde 1938 se ha llevado a cabo el proceso de la globalización y este continúa hasta la actualidad, de manera que se ha intensificado el comercio internacional  con la aparición de grandes industrias transnacionales de alimentos en todo el país. A principios del siglo XX, Estados Unidos introdujo el almidón y aceites comestibles donde claramente se ve afectada la alimentación pues la introducción de estos alimentos inducen a la aparición del sobrepeso y la obesidad. Dada esta situación se lleva a cabo un mestizaje culinario y con ello poco a poco la pérdida de  la cultura original. Fausto et al (2006) mencionan que los los procesos de industrialización acelerados han llevado a modificar los patrones alimentarios del país.

Con la entrada del TLCAN y el impacto de la globalización (avances tecnológicos, influencia de medios de comunicación de masas y marketing de alimentos). (Pedraza, 2012) nuestros hábitos alimenticios han sufrido cambios radicales, trayendo un proceso de transición nutricional.

En conclusión el impacto que ha tenido el TLCAN en la alimentación de los mexicanos na ha sido del todo favorable y según los autores consultados este tratado podría ser un elemento importante detrás de la epidemia de obesidad en nuestro país.

Bibliografía

  • Arellanes, J. P. (2014). El tratado de libre comercio de América del Norte: antes, durante y después, afectaciones jurídicas en México. Revista del Instituto de Ciencias Jurídicas de Puebla A.C., vol. VIII, núm. 33.
  • Barquera, S., Rivera, D. J. &  Gasca, G.A. (2001). Políticas y programas de alimentación y nutrición en México. Salud Pública de México, vol.43, 464-476.
  • Calberg, J. y Rude, J. (2004) Intercambio de comercio agroalimentario entre Canadá y México bajo el Tratado de Libre Comercio. Revista Mexicana de Agronegocios, vol, número 015, Universidad Autónoma de la Laguna. 282-293.
  • Fausto, G. J., Valdez., L. R., Alderete, R. G. y López, Z. M. (2006). Antecedentes Históricos de la Obesidad en México. Investigación en Salud, vol. VIII, núm. 2,
  • Mota, D. L. (2002). Globalización y pobreza: dicotomía del desarrollo en América Latina y México. Espacio abierto vol. 11, no. 2.
  • Ruiz, A. y Dolores, B. (2008). Globalización y competitividad en el sector hortofrutícola: México, el gran perdedor. El Cotidiano, vol. 23, núm. 147, enero-febrero.
  • Santos, B. A. (2014). El patrón alimentario del libre comercio. Primera edición. – México: UNAM, Instituto de Investigaciones Económicas,CEPAL.
  • Torres, T.M. (2006).  El impacto de los acuerdos de libre comercio sobre el derecho a la salud. Revista Cubana de Salud Pública, vol.32 n.3, 1-7.
  • Vargas, G. A., & Bourges, R. H. (2012). Los fundamentos biológicos y culturales de los cambios de la alimentación conducentes a la obesidad. El caso de México en el contexto general de la humanidad. Obesidad en México: recomendaciones para una política de Estado, México, Universidad Nacional Autónoma de México,  ISBN: 978-607-02-3861-1, 99-122.

 

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El Tratado del Libre Comercio de América del Norte y la epidemia de obesidad en México
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Presentación

Mi nombre es Anel Hernández Dorantes, estudiante de la Universidad Autónoma

de la Ciudad de México, UACM, en la Licenciatura Promoción de la Salud.

Actualmente me encuentro en el proceso de elaboración de mi trabajo recepcional.

Me defino como una promotora de salud con pensamiento crítico, donde mis

principales valores son; el respeto, la igualdad y la justicia.

Como lo mencione anteriormente, estoy elaborando mi trabajo recepcional,

desarrollando el tema de la obesidad infantil en México. El enfoque que utilizaré

pretende abordarlo de una manera crítica a partir de referentes más allá de los

tradicionalmente usados en la corriente dominante de la promoción de la salud.

Para tal efecto se realizará un análisis comparativo entre las explicaciones y las

diversas formas de ver al problema que se hacen desde la corriente dominante y

aquellas provenientes de posturas críticas.

La idea de abordar este tema fue a partir de la clase de Promoción de la Salud 1,

ya que durante todo el curso hablamos de dicho fenómeno. Al principio del curso

no tomaba importancia de la magnitud de este problema de salud, ni mucho

menos los factores que se encuentran detrás de ella. Con el transcurso del tiempo,

me di cuenta como estos factores es que intervienen de manera importante en los

sujetos que padecen sobrepeso y obesidad. Otra de las cosas que me llevaron a

la elección de este tema, fue la mala creación de los programas de salud que le

hacen frente a esta problemática, ya que no ha creado impacto alguno para

detener dicha epidemia, pues de acuerdo a las cifras reportadas, el sobrepeso y la

obesidad sigue en aumento, es entonces donde mi trabajo también está dirigido

para elaborar una estrategia (diferente) desde la visión crítica Promoción de Salud.

Hasta el momento he recabado información de diversas fuentes bibliográficas y

bases de datos que me han permitido entender mejor este problema de salud.

Mi participación en esta columna servirá para mi proyecto de manera importante,

pues con la publicación quincenal de un artículo nuevo, donde se analizará la

problemática de la obesidad infantil desde una manera crítica, tendré un progreso

significativo para la consumación del ya mencionado proyecto.

Me satisface poder participar en esta columna, ya que podré compartir mi proyecto

y talvez, les pueda servir a mis compañeros y colegas en algún aspecto, así

también podré recibir opiniones y sugerencias del mismo.

Temas del proyecto

 El Impacto que tuvo el tratado del libre comercio de América del norte en

México

 Inseguridad alimentaria

 Largas jornadas laborales

 Aumento de la pobreza

 Aumento de la canasta básica

 Aumento en el consumo de los alimentos industrializados

 La inseguridad que vive hoy en día el país

 Transición alimentaria (perdida de cultura)

 Falta de actividad física asociada al desarrollo tecnológico

 El papel fundamental que juegan los medios de comunicación en el

consumo de los alimentos industrializados

 Aumento en el gasto en salud

 Análisis de los programas de salud

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