Siguiendo a mi corazón

En mi publicación pasada les platicaba un episodio donde me vi en la necesidad de darle un giro diferente a mi trabajo. Quería ser la Promotora de la Salud y no una ayudante de psicología.
A pesar de haber recibido una capacitación por parte de las psicólogas yo decidí darle un giro diferente a mis sesiones. Por mi cabeza estaba la idea de realizar un trabajo de PS que me diera la oportunidad de estar en contacto con las personas y de trabajar de la mano con ellas, además quería que reconocieran que el trabajo que hacemos los promotores de la salud es bueno.
20140717_134736A lo primero  que le di un cambio fue a la carta descriptiva que propusieron las psicólogas ya que estaba basada en una promoción de la salud centrada en contenidos, sólo se enfocaron en la prevención de enfermedades y en fomentar estilos de vida saludables sin conocer a la comunidad a la cual iría dedicado el curso de verano. A pesar de que la carta estaba muy bien estructurada para niñas y niños de esas edades le hacía falta algo y ese algo era el vínculo con el otro; en ellas no se decía nada sobre la relación que debíamos de tener con las y los pequeños y mucho menos sobre conocer parte del contexto en el que viven, para mí es muy importante el vínculo con el otro, porque con el estoy segura que puedo estar mas cerca de las personas, puedo conocer su realidad, puedo caminar de la mano con ellas, existe confianza, puedo conocer sus problemas reales y juntos podemos buscar posibles soluciones.
La carta tenía muchas actividades lúdicas y eso en “teoría” serviría para que los niños no se aburrieran. En la práctica me di cuenta que depende de la persona que está al frente del grupo hacer divertido o no las sesiones
En la capacitación que nos habían dado nos hacían hincapié en que los temas plasmados en la carta descriptiva los debíamos facilitar desde el primer día y no nos debíamos adelantar ni saltar alguno, debíamos ir conforme al cronograma de actividades de la carta. Las psicólogas nos pedían que diario entregáramos un producto (Fotos y trabajos de los niñxs referidos al tema que veíamos en el día) con la finalidad de comprobar que realmente estuviéramos trabajando. Esto hizo que yo no pudiera consultar con los niñxs el tema que les resultara más interesante, yo no quería imponerles los temas a los niñxs, quería empezar las sesiones con un tema que les resultara significativo porque consideraba que sería más enriquecedor, me vi obligada a seguir el cronograma de actividades, pero no me obligaron a realizar todas las actividades que ellas tenían planeadas.
En la carta descriptiva se decía que le diéramos la bienvenida a los niñxs entregando un gafete con su nombre a cada uno. También teníamos que crear de manera grupal las reglas de convivencia que regirían el curso de verano. Y antes de entrar de lleno con el primer tema teníamos que conocer a las personas con las que trabajaríamos las dos semanas, el objetivo era fomentar lazos de amistad y convivencia basadas en el respeto y para esta actividad nos dieron 30 minutos.
Consideré que media hora no era suficiente para conocer a veinte niñxs dedique nuestra primer sesión y parte de la segunda (porque llegaron más niñxs) para conocernos mejor.
El ambiente que fomenté desde el primer día fue diferente al que normalmente vemos en las escuelas y un tanto diferente al que me dijeron que tenía que fomentar, las intrucciones eran que la facilitadora tenía que llevar un control exhaustivo con los niñxs ya que el centro tenia la fama de que las y los pequeños eran muy conflictivos y que no me iban a dejar trabajar. Sin embargo, yo promoví que fuera diferente, yo no queria que fuera como un salon de clases, los niñxs en ese momento estaban de vacaciones y lo menos que querian era regresar a su salón de clases, desde la forma de sentarnos, hasta la forma de trabajar cambiamos la dinámica tradicional. Lo hice así porque no quería que se aburrieran y también porque no queria ser una persona autoritaria, quería que los niñxs vieran que también existen personas diferentes a la hora de tener el mando.
Antes de iniciar el Curso estuve pensando sobre la experiencia que tuve cuando era niña, recordé lo que me gustaba hacer, lo que no me gustaba hacer, lo que para mí era divertido, recordé a mis profesores “buenos y malos” todo esto para tratar de ponerme en el lugar de los niñxs y con ello tratar que mis sesiones no fueran aburridas.
Los recuerdos que quedaron en mi eran los de mis profesores súper estrictos y los de mi profesora de tercer grado que no era regañona, que jugaba con nosotros y que siempre nos escuchaba. El recordar mi paso por las aulas me ayudó a la hora de estar frente al grupo.
En nuestra primera sesión quise que los niñxs me conocieran más a profundidad, quería que supieran que podían confiar en mí y que yo más que una facilitadora podría ser su amiga. Aprenderme el nombre de todos desde el primer momento me ayudó muchísimo porque los niñxs se empezaron a sentir más en confianza.
Salimos al descanso y cuando regresamos al salón hicimos un círculo donde platicamos lo que más nos gustaba de nuestra colonia y lo que no nos gustaba, con ello yo quería conocer el medio en el que se rodeaban y como se sentían por vivir ahí. Lo interesante de esa actividad fue que todos los niñxs se abrieron y no hubo uno solo que no compartiera sus experiencias. Ellos se sintieron escuchados y contaron más y más hitsorias relacionadas a sus colonias, cuando me compartian alguna experiencia yo les preguntaba cómo se sentían y qué les gustaria hacer para cambiar esa situación. Lo que en general me compartieron los niñxs, es que a ellos les gustaría estar en una colonia donde no haya violencia, que tengan muchos parques para jugar, que no haya tantos perros en situación de calle y que no haya tantas personas que estén ingiriendo alguna droga.
La reglas del curso las hicimos entre todos y para ello pegue en un papel 2 imágenes, en una se mostraba una persona adulta sentada en círculo con varios niñxs sentados al rededor y en la otra se mostraba un salón de clases con la maestra gritando y los niñxs jugando, en conjunto reflexionamos sobre el salón en el cual nos gustaría estar y después cada uno paso a escribir una regla. Mi idea no era la de intimidar a los niñxs ni mucho menos imponerles algo, lo que vi conveniente en ese momento fue el formar acuerdos donde saliéramos ganando todos. Pienso que el efecto que pudo haber tenido en los niñxs utilizar estas imágenes es que los hizo que se reflejaran en ellas y que pudieran reflexionar sobre su comportamiento.
Cambie el ambiente de trabajo con los niñxs ya que ellos me veían como una autoridad diferente. Yo como responsable del grupo daba instrucciones, ponía el ejemplo, pero tambien me veian como una autoridad amigable, como alguien que jugaba con ellos, que los escuchaba y que de vez en cuando los apapachaba, hubo regaños los primeros días, pero nunca violenté ni ridiculicé a ningún niñx. Siempre tenía una sonrisa para cada uno de ellos. Para finalizar las sesiones hacíamos una consulta sobre lo que les había gustado, lo que no les había gustado, lo que habían aprendido y lo que les gustaría hacer en la siguiente sesión. Los niñxs llevaban su juguete favorito, había un niño que me dijo que si podía entrar al salón con sandalias porque así se sentía más cómodo y yo no tuve ningún inconveniente.  Algunas veces nos disfrazamos, nos pintamos la cara, a los niñxs les gustaba trabajar tirados de panza en las colchonetas. Para hacer la activación física “reglamentaria” les pase a los niñxs una hoja donde les preguntaba que canción les gustaba, a partir de esa consulta me puse a buscar en internet coreografías de zumba con esas canciones para bailarlas en el salón y no se aburrieran. Yo que tengo dos pies izquierdos me sentía un poco rara bailando, pero los veía contentos y eso era lo que me hacía seguir aprendiéndome coreografías. En el recreo me sentaba con ellos, si me invitaban a jugar también le entraba al juego. El trabajo con esas niñas y niños fue muy enriquecedor.
Tres veces llegaron a checarme, la primera vez llegaron las psicólogas, me pidieron mis productos y se quedaron observando mi trabajo, yo sentía muchos nervios porque mi modo de estar trabajando enfrente de los niños era muy diferente al suyo, además de que no estaba siguiendo al pie de la letra su carta. Al finalizar la sesión platiqué con ellas el porqué de mis cambios, se sonrieron entre ellas y me dijeron que a ellas también les serviría mi experiencia para sus siguientes intervenciones.
La segunda vez llego la Directora y llegó justo en el momento que estaban los niñxs haciendo una actividad de elaborar “platillos saludables”(Como a los niños les gustaba mucho andar corriendo y compitiendo cambie la actividad de realizar el plato del bien comer en cartulinas, forme dos equipos en dos filas tenían que llegar a algún extremo y traer una tarjeta con el nombre de algún alimento y así entre todos formar platillos saludables). Pensé que la Directora me diría algo por tener todo ese relajo en el salón y no lo hizo, se acercó con los niñxs y les dio tips para que ellos formaran otros platillos.
Y la tercera vez llegó el encargado de los centros, yo estaba sentada en círculo con los niñxs y estábamos hablando sobre género, él estaba a mis espaldas y no lo vi y tampoco vi cuanto tiempo se quedó escuchando. No me dijo nada ese día, pero cuando tuvimos una reunión en la oficina me felicitó delante de la directora, de mi jefa inmediata y de todos mis compañeros.
Haber cambiado mi trabajo desde la primera sesión trajo repercusiones positivas ya que me dio la oportunidad de estar más cerca de los niñxs, los ojos de las autoridades voltearon a ver el trabajo que estaba realizando lo cual me permitió quedarme a laborar en esa institución una vez concluido mi servicio social, pero esto se los comentaré en el futuro.
Ser Promotora de la Salud en una institución donde se brindaba el servicio de Promoción de la Salud sin ningún profesional de la Promoción de la Salud fue un reto y una tarea muy grande, tenía sobre mis hombros la responsabilidad de hacer un buen trabajo, que se reconociera la licenciatura y sobre todo que me brindaran un espacio para laborar en lo que me apasiona hacer.

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Siguiendo mi corazón. por Sandra Edith Hernández Luvian se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

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Tomando el mal camino.

 

Tomando el mal camino. 

 

Como ya lo había mencionado anteriormente, durante mi formación como Promotora de la Salud no sabía con exactitud que funciones podía realizar en un futuro, pero se me fueron dando oportunidades increíbles para probarme como profesional de esta hermosa licenciatura.
Además de las intervenciones en el Centro Comunitario y en la Primaria que comente en mi anterior artículo volví a tener otro encuentro con la comunidad y esta ocasión fue durante mi Servicio Social. Y hago especial énfasis en él ya que el trabajo que realicé me ha dado muchas satisfacciones a nivel personal (he conocido mucha gente buena que ha estado conmigo en momentos difíciles) y a nivel profesional (Se me brindó la oportunidad de hacer Promoción de la Salud y de poder aplicar los conocimientos que adquirí durante mi formación en la UACM).
Recuerdo10563103_489162387886360_7364030794220745960_n las experiencias que me compartieron algunas de mis mejores amigas sobre su Servicio Social en el sector salud, donde defienden a capa y espada el modelo médico-hegemónico, según su experiencia los Promotores de Salud estaban por debajo de los médicos y de las enfermeras, mis amigas estaban muy limitadas, no podían hacer algún trabajo diferente a lo típico (Repartir trípticos, estar de apoyo con las trabajadoras sociales o simplemente hacer trabajo administrativo).
Yo no quería estar en lugar así, yo quería un trato diferente para mí, quería que me trataran como la Promotora de la Salud que soy. Buscaba un lugar donde pudiera trabajar con la gente desde mi lado humano un lugar donde pudiera aprender día con día de la gente con la que me rodearía, quería un lugar donde pudiera realizar mi trabajo como Promotora de la Salud con una visión alternativa (Visión que adquirí en mi último semestre de la licenciatura). Yo me sentía con el deber de hacer un trabajo para la gente. Alguna vez en clase de Promoción de la Salud II escuche una frase que dijo el profesor David García, “Para repartir folletos no se necesita estudiar una licenciatura” a partir de ahí me prometí a mí misma que siempre buscaría la manera de hacer un trabajo con el que me sintiera satisfecha, un trabajo que me permitiera ser la Promotora de la Salud que soy ahora (Promesa que he tratado de cumplir hasta la fecha en mi trabajo, aunque es difícil porque ha habido cambio de jefes y todos llegan con una visión diferente sobre lo que es la salud, pero he tratado de ingeniármelas para realizar mi trabajo de la mejor manera. Más adelante
compartiré todas esas experiencias).

Mi servicio social consistió en estar en una casa de salud en Tlalpan. Las actividades que yo realizaba en esa casa eran apoyar a mis compañeros a la hora de hacer difusión de las actividades que se ofrecían a las personas (se daba zumba, checaban la presión a las personas con diabetes, atendían a las mujeres embarazadas, daban estimulación temprana.)
La casa de salud está situada en una comunidad donde hay un alto índice de delincuencia, hay dependencia, tráfico y venta de sustancias psicoactivas, consumo de alcohol, violencia intrafamiliar, falta de empleos, falta de oportunidades, es una comunidad muy lastimada es excluida y marginada.
En un principio me daba miedo ir a la casa de salud porque el rumbo es un poco peligroso por eso mismo los primeros días no salía para nada de la casa y me quedaba dentro esperando a que diera la hora de salida, algunas veces lo único que hacia eran los carteles que pegábamos fuera de la casa. Yo me sentía incompleta porque no hacia otra cosa más que pegar información y ya, en un momento pensé que no había sido buena idea estar realizando ahí mi servicio, llegaba al lugar y la casa estaba sola, no había usuarios.
En ese momento yo aún no adquiría el poder para cambiar las cosas en el lugar. Un día nuestra Jefa nos dijo que teníamos que realizar una carta de actividad porque se acercaban las vacaciones escolares y debíamos de impartir un Curso de Verano, la Jefa hablo conmigo y me dijo que me daba cartas abiertas para realizar el curso basado en la Promoción de la Salud. Yo me sentía muy contenta por la oportunidad que me estaban dando, pasaron por mi mente miles de actividades para realizar, pero las cosas no se dieron como me imagine, al poco tiempo me doy cuenta que nos iban a capacitar unas psicólogas para ser facilitadores del curso de verano. Ellas nos dieron una carta de actividad que debíamos seguir al pie de la letra. La carta de actividades estaba basada en la prevención de enfermedades y no en la Promoción de la Salud, dicha carta era para todas las casas de salud y todos mis compañeros y yo las teníamos que replicar. Ahí me di cuenta que le daban mayor peso al trabajo psicológico que a la Promoción de la Salud.
Me sentía con la responsabilidad de hacer un trabajo bien hecho aunque significara hacer un trabajo desde el modelo médico-hegemónico. Aunque no me gustara tenía que dar lo mejor de mí.
La casa de salud donde me encontraba tenía fama de que los compañeros no trabajaban y al igual que la comunidad los jefes nos excluían y no nos brindaban los materiales completos. Me encontraba en una situación complicada, quería que reconocieran la Promoción de la Salud y que a la casa la dejaran de excluir.
Las cosas empezaron a cambiar porque fuimos la casa de salud que más niñas y niños tuvo, llegaron al curso 60 niñas y niños (Cuando en otras casas solo había de veinte a treinta).
En nuestra casa solo éramos como encargados una médica, una enfermera, dos compañeros y yo. La médica y la enfermera se dedicaban a atender a las personas que requirieran su servicio, así que quedábamos sólo tres personas para atender a 60 niñas y niños. Nos dividimos a las y los niños por edades.
Como había tenido una buena experiencia en la primaria con niñas y niños de 8 a 10 años pedí que me dejaran trabajar con ese grupo de edades, petición que mis compañeros accedieron. Yo me sentía muy contenta pensé que sería un trabajo igual al de mi experiencia previa.
Llegó el primer día de Curso de Verano, yo estaba muy emocionada y a la vez estaba con muchos nervios. A pesar de ello mi cara siempre tuvo una sonrisa para cada una de las niñas y niños que iban entrando. Tuvimos una presentación grupal donde se explicaron los objetivos del Curso de Verano seguido de esa actividad nos fuimos a nuestros salones. Mi grupo era el más numeroso, el primer día sólo llegaron 20.
Ese primer día decidí romper un poco las reglas a la hora de realizar lo que decía la carta de actividad diseñada por las psicólogas. En ella se mencionaba que debíamos empezar a dar los temas desde la primer sesión, el objetivo decía que nos presentáramos con las niñas y los niños y que debíamos de hacer una serie de reglas de convivencia para trabajar en armonía, además teníamos que hacer unos gafetes con el nombre de los niños
La ventaja de mi casa de salud es que no teníamos sillas, sólo teníamos colchonetas así que con ayuda de los niños las acomodamos en forma de círculo y cada uno de las y los niños escogieron su lugar, yo me senté en las colchonetas al igual que ellos y no me senté en la silla que habían mandado para la facilitadora.
Nuestra primer actividad fue presentarnos, teníamos que decir nuestro nombre, edad y nuestro deporte favorito. Lo interesante de la actividad fue que debíamos presentarnos y seguido decir el nombre de nuestros compañeros que ya se habían presentado. La sorpresa de las y los niños fue que al final yo repetí el nombre de cada uno de ellos, no necesité gafetes y a todas y todos los llamé por su nombre, lo hice así porque es una forma de acercarme más a cada uno de ellos El primer día lo dejamos para conocernos y no ocupé la carta de actividades para nada.
Decidí tomar otro camino, ser Promotora de la Salud y no la ayudante de las psicólogas.
¿Qué hice y cómo lo hice? Se los platico en 15 días.
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Mi encuentro con la Promoción de la Salud

yo

Mi nombre es Sandra Edith, soy pasante de la Licenciatura en Promoción de la Salud. Soy una chica que siempre tiene una sonrisa en la cara, soy muy sensible, no me gustan las injusticias. Lloro mucho, rio mucho, aún me sorprenden las cosas sencillas, un dibujo, una flor, una luna llena. Amo a mi familia, mis amigos, mi licenciatura, mi universidad. Creo en los pequeños milagros y también creo que con acciones pequeñas podemos darle un giro diferente a nuestras vidas.

Me describo como una Promotora de la Salud con una perspectiva crítica, no trato de imponer mi verdad, no veo a la gente como ignorante y no me siento superior a nadie, trato de aprender día con día, trato de ser una mejor persona y una mejor Promotora de la Salud.
Con mi experiencia, con la experiencia de las personas que me rodean y sobre todo con los conocimientos y la orientación que he tenido del profesor David García estoy segura que seguiré caminando por el mismo sendero.
Aunque no tuve esta percepción de mí; Para llegar a ser lo que soy tuve que darme un gran golpe que me hizo reflexionar sobre mi práctica como Promotora de la Salud.
Al iniciar la licenciatura me sentía perdida, no sabía que funciones realizaba un Lic. en Promoción de la Salud. No tenía la menor idea en donde podía laborar ni las actividades que yo podía realizar, los médicos atienden las enfermedades, los maestros dan clases, un veterinario se encarga de los animales, pero ¿Un Promotor de la Salud? No sabía lo que realmente haría.
Por mi paso en la UACM me encontré en mi primer semestre a compañeras y compañeros de semestres avanzados recursando materias en mi grupo. Como sabía que ellos ya iban de salida decidí preguntarles sobre lo que era la Promoción de la Salud, pensé que ellas y ellos podrían resolver mis dudas, pero la cosa no fue así. No se resolvieron mis dudas y no encontré ningún tipo de orientación en las respuestas que escuché. Eso me desilusiono porque ellos que ya iban de salida no sabían cuál era su función como Lic. en Promoción de la Salud.
Así fueron transcurriendo los semestres y ese cuestionamiento lo fui dejando en el olvido porque no quería estresarme al buscar esa respuesta. En mis clases casi no se hablaba de nuestra labor como Promotores de la Salud, las clases sólo eran enfocadas a los contenidos de las materias.
Recuerdo la primera vez que hablamos en la clase de epidemiología sobre el contacto con el otro (Realizaríamos un Diagnostico Comunitario), me sentía muy emocionada y con miedo. Emocionada porque sería una gran oportunidad para estar con la gente real y con miedo porque nunca antes lo había hecho; íbamos a salir a campo a realizar el Diagnóstico y mi sorpresa fue cuando la profesora nos dijo que el lugar para realizar nuestro diagnóstico sería la UACM plantel Casa Libertad. Sentí que fue de “chocolate” mi encuentro con el otro porque fue dentro de la misma comunidad estudiantil y mis compañeros nos brindaron todo el apoyo a la hora de contestar nuestros instrumentos de medición.

La segunda vez que tuve la oportunidad de convivir con el otro fue con gente externa a la comunidad estudiantil esta vez fueron prácticas para las materias Políticas y Planes de Salud y para Sistemas de Protección, Asistencia y Rehabilitación de la Salud.
Para la materia de Sistemas fuimos a un Centro Comunitario (Casa que funcionaba como un lugar de alfabetización de personas que no supieran leer ni escribir y que no fueran a la escuela) en el cual teníamos que dar talleres sobre diversos temas de salud, dichos talleres estaban dirigidos a mamás, papás, niñas y niños que iban al centro. Recuerdo que el tema que me toco desarrollar fue el de “Alimentación” y me toco darlo a las niñas y niños. Recuerdo que más que el rollo del plato del bien comer y sobre llevar una dieta balanceada platicamos sobre el aparato digestivo y sobre la función que tienen en nuestro cuerpo las proteínas, carbohidratos, etc, ya que las niñas y los niños tenían curiosidad sobre lo que pasaba en nuestro organismo dado que el centro no era una escuela donde se les enseñara eso, ellos sólo iban para aprender a leer. Hice los órganos que participan en la digestión a tamaño real e invité a uno de los niños a que fuera mi ayudante y cada que iba explicando la función del órgano se lo iba pegando en el cuerpo al niño. (Ahora me doy cuenta que esta experiencia la había borrado de mi mente ya que no me gustó y la experiencia no fue muy buena, aunque sólo fuimos en tres ocasiones.)
No fue muy buena experiencia porque el trato de las encargadas del centro hacia nosotras y hacia los usuarios de Centro Comunitario no fue nada agradable, recuerdo que había muchas irregularidades en aquel Centro Comunitario, las encargadas se sentían dueñas y amas de las personas que iban al lugar. Siempre me mantuve al margen porque sólo eran malas caras, pero el último día vi a una de las encargadas sacar una manguera de las que utilizan para la instalación eléctrica, con ella le quería pegar a un niño que no estaba poniendo atención, mis compañeras y yo vimos esa acción y ella al sentirse observada dejó la manguera. Lo comentamos con el profesor de la materia y a raíz de ahí comenzaron muchos problemas y se suspendieron las visitas al Centro Comunitario.
Para la materia de Políticas tuvimos que ir a una primaria porque teníamos que revisar un programa que creo la Secretaría de Salud en conjunto con la Secretaria de Educación Pública sobre la incidencia y la prevalencia del sobrepeso y la obesidad en las niñas y niños. Dentro de la primaria nuestra labor era preguntar entre las autoridades de la primaria, profesoras, profesores, madres y padres de familia quien conocía el programa. A su vez teníamos que dar talleres sobre alimentación saludable, enfermedades crónico-degenerativas consecuentes del sobrepeso y la obesidad y activación física esta última dirigida únicamente a niñas y niños de esa primaria.
En ese momento el tipo de Promoción que yo hacía era Centrado en Contenidos[1] , pensaba que dar información a las personas era la neta del planeta, hacíamos nuestras reuniones con los padres, madres y profesores de la primaria, dábamos talleres, jugábamos con los niños, pero no veía más allá, no me cuestionaba sobre mi trabajo ya que las calificaciones que estábamos obteniendo eran muy buenas y yo deducía que mi trabajo era bueno.
Como el trabajo fue bueno, retomamos esos resultados y continuamos trabajando para la materia de Salud comunitaria III en esa misma primaria, obteniendo buenas calificaciones.
Cuando tome el curso de Promoción de la Salud II me empecé a dar cuenta que yo era una persona un tanto dominante, la única vez que me fije en las necesidades reales del otro fue en una consulta que les hicimos a los padres y ellos tenían una petición, querían que les ayudáramos para que mandaran a un profesor más de educación física, creía que con mis conocimientos iluminaría a la gente y ellos podrían vivir mejor.
Nunca me puse a pensar si la gente tenía dinero para llevar una dieta como lo dice la Secretaría de Salud, no me puse a pensar si las mamás y los papás tenían más hijos y no podían darles una dieta diferente a su familia. La gente llegaba a nuestros talleres porque la directora los obligaba más no porque fuera un tema que fuera prioridad para ellos.
Al realizar un ejercicio reflexivo en la clase de Promoción de la Salud II identifiqué esa promotora de la salud en la que estaba a punto de convertirme si seguía por ese camino, fue duro darme cuenta de la persona en que estaba empezando a convertirme, comencé a cuestionar todo mi trabajo y poco a poco he comenzado a darle un giro a mi práctica como Promotora de la Salud.
El ejercicio reflexivo que realizamos dentro de la clase de Promoción de la Salud II fue: El Promotor de la Salud que hay en mí. Al realizar el ejercicio me di cuenta que yo era como El Informador[2]
Sin embargo la experiencia con las niñas y niños fue muy buena descubrí que tengo buena mancuerna con niñas y niños que hace que se me facilite el trabajo con ellos. Más adelante platicaré mi trabajo con ellos.

[1] De acuerdo con mi clase de Promoción de la Salud II; la Promoción de la Salud Centrada en Contenidos es la manera más tradicional de hacer Promoción de la Salud, es hegemónica, tiene métodos tradicionales de enseñanza, es dominante, el objetivo principal es el cambio de conducta de las personas.

[2] El informador es una luz de conocimiento, a donde quiera que vaya comparte lo que sabe, luchando contra la ignorancia y la mentira con la verdad y el conocimiento objetivo, da conocimientos para que los demás lo tengan y sepan cómo vivir mejor.

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Mi encuentro con la Promoción de la Salud por Sandra Edith Hernández Luvián se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

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Mi encuentro con la Promoción de la Salud
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