La Promoción de la Salud: una mirada desde las competencias (II parte)

 

La Promoción de la Salud: una mirada desde las competencias (II parte)

(…) Tal y como lo propuse en la entrada anterior, mi meta ahora es contestar las interrogantes que ojalá hayan surgido del texto anterior, basadas esencialmente, en un análisis crítico de cómo en el campo de la promoción de la salud y tomando en cuenta su enfoque hacia el trabajo con las personas, el desarrollo de proyectos o acciones deben basarse ya no en una construcción metodológica como lo son los objetivos, al contrario, deben estar estructurados de acuerdo a una convergencia que amalgame la naturaleza holística de las personas y cómo estas actúan cual protagonistas en el desarrollo de su propia salud.

Para retomar la línea de pensamiento del texto anterior, recurro a un resumen práctico: un objetivo, entendido como tal, es una construcción focalizada en lo que hará el investigador en un lapso de tiempo definido; es decir, está proyectado en función de quien lo construyó y qué es lo que él va a ser. Por el contrario, cuando se habla de una competencia, esta se basa en un proceso mucho más complejo, el cual desplaza como centro de acción a quien la está construyendo y se concentra en quien asumirá como propia la competencia (la población o público con quien se trabaja).

Nótese por tanto, la relevancia inmediata que adquieren las competencias cuando se habla de Promoción de la Salud, puesto que, siguiendo los principios rectores de esta materia, uno de los ejes más importantes es lograr que las personas asuman su responsabilidad en el proceso y construcción de salud, además de empoderase sobre aquellos elementos protectores de la misma.

Este proceso, el cual puede sonar simple para algunos o complejo para otros, está estructurado de acuerdo a ocho componentes responsables de darle un seguimiento completo al desarrollo de la competencia, y tal es su integralidad que hablamos de una cartografía de competencias; es decir, una lectura de inicio a fin de lo propuesto. Para lograr el seguimiento, se habla de ocho elementos que enlisto a continuación: la competencia como tal, sus elementos, los criterios de desempeño, los saberes, el rango de desarrollo, las evidencias, los problemas y el caos e incertidumbre (Tobón, 2005). Pero no trato aquí de explicarlos uno a uno, sino evidenciar cómo dentro de las competencias se hace un mapeo de los elementos necesarios para enriquecer un proceso, de nuevo, centrado en las personas y generador de impacto en los saberes de las mismas.

En el ejercicio de análisis, hago un cruce entre la propuesta de las competencias y la Promoción de la Salud. Actualmente, tanto en los servicios de salud y en las comunidades, existe una convergencia necesaria sobre ahondar en el conocimiento, la participación de las personas y la toma de decisiones en salud (basadas en la sensibilización de los actores sociales sobre su responsabilidad en el proceso de salud) (Redondo, 2004).

Sin embargo, y tal como ocurrió en la entrada pasada, la extensión del escrito no debe cansar la atención del lector –si es que lo hay–, por lo cual, retomaré el párrafo supra en una tercera parte sobre la Promoción de la Salud y las competencias.

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Bibliogría:

Redondo, P. (2004). Curso de Gestión Local de Salud para Técnicos del Primer Nivel de Atención. San José, Costa Rica: CCSS, CENDEISSS, UCR.

Tobón, S. (2005). Formación basada en competencias. Bogotá: Ecoe Ediciones.

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