El Mundo Según Monsanto

Este documental describe las prácticas dañinas de la corporación Monsanto y su efecto sobre la alimentación de las personas, la biodiversidad, los mercados locales y la soberanía alimentaria.

El mundo según Monsanto from MoroWoko on Vimeo.

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El Mundo Según Monsanto
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La corporación

Presentamos un documental -que es ya un clásico- en el que describe el origen, la evolución y las prácticas depredadoras de las corporaciones transnacionales. Esta película es un referente contextual para muchos problemas de salud y de enfermedad. Entender este contexto puede contribuir a comprender estos problemas con una perspectiva crítica.

La Corporación. (The Corporation) from MoroWoko on Vimeo.

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La corporación
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Siguiendo a mi corazón

En mi publicación pasada les platicaba un episodio donde me vi en la necesidad de darle un giro diferente a mi trabajo. Quería ser la Promotora de la Salud y no una ayudante de psicología.
A pesar de haber recibido una capacitación por parte de las psicólogas yo decidí darle un giro diferente a mis sesiones. Por mi cabeza estaba la idea de realizar un trabajo de PS que me diera la oportunidad de estar en contacto con las personas y de trabajar de la mano con ellas, además quería que reconocieran que el trabajo que hacemos los promotores de la salud es bueno.
20140717_134736A lo primero  que le di un cambio fue a la carta descriptiva que propusieron las psicólogas ya que estaba basada en una promoción de la salud centrada en contenidos, sólo se enfocaron en la prevención de enfermedades y en fomentar estilos de vida saludables sin conocer a la comunidad a la cual iría dedicado el curso de verano. A pesar de que la carta estaba muy bien estructurada para niñas y niños de esas edades le hacía falta algo y ese algo era el vínculo con el otro; en ellas no se decía nada sobre la relación que debíamos de tener con las y los pequeños y mucho menos sobre conocer parte del contexto en el que viven, para mí es muy importante el vínculo con el otro, porque con el estoy segura que puedo estar mas cerca de las personas, puedo conocer su realidad, puedo caminar de la mano con ellas, existe confianza, puedo conocer sus problemas reales y juntos podemos buscar posibles soluciones.
La carta tenía muchas actividades lúdicas y eso en “teoría” serviría para que los niños no se aburrieran. En la práctica me di cuenta que depende de la persona que está al frente del grupo hacer divertido o no las sesiones
En la capacitación que nos habían dado nos hacían hincapié en que los temas plasmados en la carta descriptiva los debíamos facilitar desde el primer día y no nos debíamos adelantar ni saltar alguno, debíamos ir conforme al cronograma de actividades de la carta. Las psicólogas nos pedían que diario entregáramos un producto (Fotos y trabajos de los niñxs referidos al tema que veíamos en el día) con la finalidad de comprobar que realmente estuviéramos trabajando. Esto hizo que yo no pudiera consultar con los niñxs el tema que les resultara más interesante, yo no quería imponerles los temas a los niñxs, quería empezar las sesiones con un tema que les resultara significativo porque consideraba que sería más enriquecedor, me vi obligada a seguir el cronograma de actividades, pero no me obligaron a realizar todas las actividades que ellas tenían planeadas.
En la carta descriptiva se decía que le diéramos la bienvenida a los niñxs entregando un gafete con su nombre a cada uno. También teníamos que crear de manera grupal las reglas de convivencia que regirían el curso de verano. Y antes de entrar de lleno con el primer tema teníamos que conocer a las personas con las que trabajaríamos las dos semanas, el objetivo era fomentar lazos de amistad y convivencia basadas en el respeto y para esta actividad nos dieron 30 minutos.
Consideré que media hora no era suficiente para conocer a veinte niñxs dedique nuestra primer sesión y parte de la segunda (porque llegaron más niñxs) para conocernos mejor.
El ambiente que fomenté desde el primer día fue diferente al que normalmente vemos en las escuelas y un tanto diferente al que me dijeron que tenía que fomentar, las intrucciones eran que la facilitadora tenía que llevar un control exhaustivo con los niñxs ya que el centro tenia la fama de que las y los pequeños eran muy conflictivos y que no me iban a dejar trabajar. Sin embargo, yo promoví que fuera diferente, yo no queria que fuera como un salon de clases, los niñxs en ese momento estaban de vacaciones y lo menos que querian era regresar a su salón de clases, desde la forma de sentarnos, hasta la forma de trabajar cambiamos la dinámica tradicional. Lo hice así porque no quería que se aburrieran y también porque no queria ser una persona autoritaria, quería que los niñxs vieran que también existen personas diferentes a la hora de tener el mando.
Antes de iniciar el Curso estuve pensando sobre la experiencia que tuve cuando era niña, recordé lo que me gustaba hacer, lo que no me gustaba hacer, lo que para mí era divertido, recordé a mis profesores “buenos y malos” todo esto para tratar de ponerme en el lugar de los niñxs y con ello tratar que mis sesiones no fueran aburridas.
Los recuerdos que quedaron en mi eran los de mis profesores súper estrictos y los de mi profesora de tercer grado que no era regañona, que jugaba con nosotros y que siempre nos escuchaba. El recordar mi paso por las aulas me ayudó a la hora de estar frente al grupo.
En nuestra primera sesión quise que los niñxs me conocieran más a profundidad, quería que supieran que podían confiar en mí y que yo más que una facilitadora podría ser su amiga. Aprenderme el nombre de todos desde el primer momento me ayudó muchísimo porque los niñxs se empezaron a sentir más en confianza.
Salimos al descanso y cuando regresamos al salón hicimos un círculo donde platicamos lo que más nos gustaba de nuestra colonia y lo que no nos gustaba, con ello yo quería conocer el medio en el que se rodeaban y como se sentían por vivir ahí. Lo interesante de esa actividad fue que todos los niñxs se abrieron y no hubo uno solo que no compartiera sus experiencias. Ellos se sintieron escuchados y contaron más y más hitsorias relacionadas a sus colonias, cuando me compartian alguna experiencia yo les preguntaba cómo se sentían y qué les gustaria hacer para cambiar esa situación. Lo que en general me compartieron los niñxs, es que a ellos les gustaría estar en una colonia donde no haya violencia, que tengan muchos parques para jugar, que no haya tantos perros en situación de calle y que no haya tantas personas que estén ingiriendo alguna droga.
La reglas del curso las hicimos entre todos y para ello pegue en un papel 2 imágenes, en una se mostraba una persona adulta sentada en círculo con varios niñxs sentados al rededor y en la otra se mostraba un salón de clases con la maestra gritando y los niñxs jugando, en conjunto reflexionamos sobre el salón en el cual nos gustaría estar y después cada uno paso a escribir una regla. Mi idea no era la de intimidar a los niñxs ni mucho menos imponerles algo, lo que vi conveniente en ese momento fue el formar acuerdos donde saliéramos ganando todos. Pienso que el efecto que pudo haber tenido en los niñxs utilizar estas imágenes es que los hizo que se reflejaran en ellas y que pudieran reflexionar sobre su comportamiento.
Cambie el ambiente de trabajo con los niñxs ya que ellos me veían como una autoridad diferente. Yo como responsable del grupo daba instrucciones, ponía el ejemplo, pero tambien me veian como una autoridad amigable, como alguien que jugaba con ellos, que los escuchaba y que de vez en cuando los apapachaba, hubo regaños los primeros días, pero nunca violenté ni ridiculicé a ningún niñx. Siempre tenía una sonrisa para cada uno de ellos. Para finalizar las sesiones hacíamos una consulta sobre lo que les había gustado, lo que no les había gustado, lo que habían aprendido y lo que les gustaría hacer en la siguiente sesión. Los niñxs llevaban su juguete favorito, había un niño que me dijo que si podía entrar al salón con sandalias porque así se sentía más cómodo y yo no tuve ningún inconveniente.  Algunas veces nos disfrazamos, nos pintamos la cara, a los niñxs les gustaba trabajar tirados de panza en las colchonetas. Para hacer la activación física “reglamentaria” les pase a los niñxs una hoja donde les preguntaba que canción les gustaba, a partir de esa consulta me puse a buscar en internet coreografías de zumba con esas canciones para bailarlas en el salón y no se aburrieran. Yo que tengo dos pies izquierdos me sentía un poco rara bailando, pero los veía contentos y eso era lo que me hacía seguir aprendiéndome coreografías. En el recreo me sentaba con ellos, si me invitaban a jugar también le entraba al juego. El trabajo con esas niñas y niños fue muy enriquecedor.
Tres veces llegaron a checarme, la primera vez llegaron las psicólogas, me pidieron mis productos y se quedaron observando mi trabajo, yo sentía muchos nervios porque mi modo de estar trabajando enfrente de los niños era muy diferente al suyo, además de que no estaba siguiendo al pie de la letra su carta. Al finalizar la sesión platiqué con ellas el porqué de mis cambios, se sonrieron entre ellas y me dijeron que a ellas también les serviría mi experiencia para sus siguientes intervenciones.
La segunda vez llego la Directora y llegó justo en el momento que estaban los niñxs haciendo una actividad de elaborar “platillos saludables”(Como a los niños les gustaba mucho andar corriendo y compitiendo cambie la actividad de realizar el plato del bien comer en cartulinas, forme dos equipos en dos filas tenían que llegar a algún extremo y traer una tarjeta con el nombre de algún alimento y así entre todos formar platillos saludables). Pensé que la Directora me diría algo por tener todo ese relajo en el salón y no lo hizo, se acercó con los niñxs y les dio tips para que ellos formaran otros platillos.
Y la tercera vez llegó el encargado de los centros, yo estaba sentada en círculo con los niñxs y estábamos hablando sobre género, él estaba a mis espaldas y no lo vi y tampoco vi cuanto tiempo se quedó escuchando. No me dijo nada ese día, pero cuando tuvimos una reunión en la oficina me felicitó delante de la directora, de mi jefa inmediata y de todos mis compañeros.
Haber cambiado mi trabajo desde la primera sesión trajo repercusiones positivas ya que me dio la oportunidad de estar más cerca de los niñxs, los ojos de las autoridades voltearon a ver el trabajo que estaba realizando lo cual me permitió quedarme a laborar en esa institución una vez concluido mi servicio social, pero esto se los comentaré en el futuro.
Ser Promotora de la Salud en una institución donde se brindaba el servicio de Promoción de la Salud sin ningún profesional de la Promoción de la Salud fue un reto y una tarea muy grande, tenía sobre mis hombros la responsabilidad de hacer un buen trabajo, que se reconociera la licenciatura y sobre todo que me brindaran un espacio para laborar en lo que me apasiona hacer.

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Siguiendo mi corazón. por Sandra Edith Hernández Luvian se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

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Tomando el mal camino.

 

Tomando el mal camino. 

 

Como ya lo había mencionado anteriormente, durante mi formación como Promotora de la Salud no sabía con exactitud que funciones podía realizar en un futuro, pero se me fueron dando oportunidades increíbles para probarme como profesional de esta hermosa licenciatura.
Además de las intervenciones en el Centro Comunitario y en la Primaria que comente en mi anterior artículo volví a tener otro encuentro con la comunidad y esta ocasión fue durante mi Servicio Social. Y hago especial énfasis en él ya que el trabajo que realicé me ha dado muchas satisfacciones a nivel personal (he conocido mucha gente buena que ha estado conmigo en momentos difíciles) y a nivel profesional (Se me brindó la oportunidad de hacer Promoción de la Salud y de poder aplicar los conocimientos que adquirí durante mi formación en la UACM).
Recuerdo10563103_489162387886360_7364030794220745960_n las experiencias que me compartieron algunas de mis mejores amigas sobre su Servicio Social en el sector salud, donde defienden a capa y espada el modelo médico-hegemónico, según su experiencia los Promotores de Salud estaban por debajo de los médicos y de las enfermeras, mis amigas estaban muy limitadas, no podían hacer algún trabajo diferente a lo típico (Repartir trípticos, estar de apoyo con las trabajadoras sociales o simplemente hacer trabajo administrativo).
Yo no quería estar en lugar así, yo quería un trato diferente para mí, quería que me trataran como la Promotora de la Salud que soy. Buscaba un lugar donde pudiera trabajar con la gente desde mi lado humano un lugar donde pudiera aprender día con día de la gente con la que me rodearía, quería un lugar donde pudiera realizar mi trabajo como Promotora de la Salud con una visión alternativa (Visión que adquirí en mi último semestre de la licenciatura). Yo me sentía con el deber de hacer un trabajo para la gente. Alguna vez en clase de Promoción de la Salud II escuche una frase que dijo el profesor David García, “Para repartir folletos no se necesita estudiar una licenciatura” a partir de ahí me prometí a mí misma que siempre buscaría la manera de hacer un trabajo con el que me sintiera satisfecha, un trabajo que me permitiera ser la Promotora de la Salud que soy ahora (Promesa que he tratado de cumplir hasta la fecha en mi trabajo, aunque es difícil porque ha habido cambio de jefes y todos llegan con una visión diferente sobre lo que es la salud, pero he tratado de ingeniármelas para realizar mi trabajo de la mejor manera. Más adelante
compartiré todas esas experiencias).

Mi servicio social consistió en estar en una casa de salud en Tlalpan. Las actividades que yo realizaba en esa casa eran apoyar a mis compañeros a la hora de hacer difusión de las actividades que se ofrecían a las personas (se daba zumba, checaban la presión a las personas con diabetes, atendían a las mujeres embarazadas, daban estimulación temprana.)
La casa de salud está situada en una comunidad donde hay un alto índice de delincuencia, hay dependencia, tráfico y venta de sustancias psicoactivas, consumo de alcohol, violencia intrafamiliar, falta de empleos, falta de oportunidades, es una comunidad muy lastimada es excluida y marginada.
En un principio me daba miedo ir a la casa de salud porque el rumbo es un poco peligroso por eso mismo los primeros días no salía para nada de la casa y me quedaba dentro esperando a que diera la hora de salida, algunas veces lo único que hacia eran los carteles que pegábamos fuera de la casa. Yo me sentía incompleta porque no hacia otra cosa más que pegar información y ya, en un momento pensé que no había sido buena idea estar realizando ahí mi servicio, llegaba al lugar y la casa estaba sola, no había usuarios.
En ese momento yo aún no adquiría el poder para cambiar las cosas en el lugar. Un día nuestra Jefa nos dijo que teníamos que realizar una carta de actividad porque se acercaban las vacaciones escolares y debíamos de impartir un Curso de Verano, la Jefa hablo conmigo y me dijo que me daba cartas abiertas para realizar el curso basado en la Promoción de la Salud. Yo me sentía muy contenta por la oportunidad que me estaban dando, pasaron por mi mente miles de actividades para realizar, pero las cosas no se dieron como me imagine, al poco tiempo me doy cuenta que nos iban a capacitar unas psicólogas para ser facilitadores del curso de verano. Ellas nos dieron una carta de actividad que debíamos seguir al pie de la letra. La carta de actividades estaba basada en la prevención de enfermedades y no en la Promoción de la Salud, dicha carta era para todas las casas de salud y todos mis compañeros y yo las teníamos que replicar. Ahí me di cuenta que le daban mayor peso al trabajo psicológico que a la Promoción de la Salud.
Me sentía con la responsabilidad de hacer un trabajo bien hecho aunque significara hacer un trabajo desde el modelo médico-hegemónico. Aunque no me gustara tenía que dar lo mejor de mí.
La casa de salud donde me encontraba tenía fama de que los compañeros no trabajaban y al igual que la comunidad los jefes nos excluían y no nos brindaban los materiales completos. Me encontraba en una situación complicada, quería que reconocieran la Promoción de la Salud y que a la casa la dejaran de excluir.
Las cosas empezaron a cambiar porque fuimos la casa de salud que más niñas y niños tuvo, llegaron al curso 60 niñas y niños (Cuando en otras casas solo había de veinte a treinta).
En nuestra casa solo éramos como encargados una médica, una enfermera, dos compañeros y yo. La médica y la enfermera se dedicaban a atender a las personas que requirieran su servicio, así que quedábamos sólo tres personas para atender a 60 niñas y niños. Nos dividimos a las y los niños por edades.
Como había tenido una buena experiencia en la primaria con niñas y niños de 8 a 10 años pedí que me dejaran trabajar con ese grupo de edades, petición que mis compañeros accedieron. Yo me sentía muy contenta pensé que sería un trabajo igual al de mi experiencia previa.
Llegó el primer día de Curso de Verano, yo estaba muy emocionada y a la vez estaba con muchos nervios. A pesar de ello mi cara siempre tuvo una sonrisa para cada una de las niñas y niños que iban entrando. Tuvimos una presentación grupal donde se explicaron los objetivos del Curso de Verano seguido de esa actividad nos fuimos a nuestros salones. Mi grupo era el más numeroso, el primer día sólo llegaron 20.
Ese primer día decidí romper un poco las reglas a la hora de realizar lo que decía la carta de actividad diseñada por las psicólogas. En ella se mencionaba que debíamos empezar a dar los temas desde la primer sesión, el objetivo decía que nos presentáramos con las niñas y los niños y que debíamos de hacer una serie de reglas de convivencia para trabajar en armonía, además teníamos que hacer unos gafetes con el nombre de los niños
La ventaja de mi casa de salud es que no teníamos sillas, sólo teníamos colchonetas así que con ayuda de los niños las acomodamos en forma de círculo y cada uno de las y los niños escogieron su lugar, yo me senté en las colchonetas al igual que ellos y no me senté en la silla que habían mandado para la facilitadora.
Nuestra primer actividad fue presentarnos, teníamos que decir nuestro nombre, edad y nuestro deporte favorito. Lo interesante de la actividad fue que debíamos presentarnos y seguido decir el nombre de nuestros compañeros que ya se habían presentado. La sorpresa de las y los niños fue que al final yo repetí el nombre de cada uno de ellos, no necesité gafetes y a todas y todos los llamé por su nombre, lo hice así porque es una forma de acercarme más a cada uno de ellos El primer día lo dejamos para conocernos y no ocupé la carta de actividades para nada.
Decidí tomar otro camino, ser Promotora de la Salud y no la ayudante de las psicólogas.
¿Qué hice y cómo lo hice? Se los platico en 15 días.
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Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres

25 de noviembre. Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Es un día establecido por la Asamblea General de las Naciones Unidas en el año de 1993, que en primera instancia demuestra el reconocimiento internacional de que la violencia contra la mujer es una violación inaceptable a los derechos humanos y una forma de discriminación por razones de género. En segundo lugar, es un día que propone la reflexión respecto a la problemática que representa la violencia de género que aqueja principalmente a mujeres alrededor del mundo, en este sentido, se invita a los gobiernos a incorporar dentro de sus políticas públicas las acciones necesarias que contribuyan a la eliminación de cualquier forma de violencia contra las mujeres.
Sin embargo, en la actualidad las mujeres alrededor del mundo, incluyendo desde luego a las mexicanas, continuamos viviendo en entornos violentos, donde tanto el entorno privado como el público en los que nos desenvolvemos continúan siendo permeados por un sistema patriarcal que limita nuestro ser, pensar y actuar en la vida.
Personalmente, el saberme y sentirme mujer, indudablemente me hace saberme como un ser humano en riesgo de ser vulnerado, sin embargo, creo que el camino que comencé para lograr apoderarme y la constante reflexión sobre mis aspiraciones como mujer me han permitido encontrarme más fuerte y más cercana a mis necesidades y deseos propios.
Pero qué hay de aquellas mujeres que aún se encuentran sometidas a un sistema social y cultural que las oprime y les imposibilita aspirar a una vida libre, aquellas víctimas de explotación sexual, de trata de personas, de violencia proveniente del Estado, como la represión, las desaparecidas por la fuerza, las víctimas de violencia física, psicológica o económica dentro de su mismo hogar, de violencia en el noviazgo, de quienes una y otra vez son violentadas por razones de etnia, de clase y de género como es el caso de las mujeres indígenas a quienes además se suman numerosas violaciones a sus derechos humanos, como el acceso a la educación y en general a su capacidad de decidir y de ejercerse como ser autónomo.
Creo firmemente que hoy 25 de noviembre es un buen día para que como promotoras y promotores de la salud reflexionemos sobre lo que nuestra práctica puede aportar en estos contextos.
En fin, mucho por hacer y aunque el camino es largo, sé que la única manera segura de avanzar es caminar.
Esperando que el sueño compartido por muchos de los que habitamos en Manantial de Nubes, de construir un mundo mejor en donde quepamos todos no acabe nunca les dejo un saludo fraterno.

Yasmin Vasquez-Licenciada en Promoción de la Salud

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La Promoción de la Salud: una mirada desde las competencias (II parte)

 

La Promoción de la Salud: una mirada desde las competencias (II parte)

(…) Tal y como lo propuse en la entrada anterior, mi meta ahora es contestar las interrogantes que ojalá hayan surgido del texto anterior, basadas esencialmente, en un análisis crítico de cómo en el campo de la promoción de la salud y tomando en cuenta su enfoque hacia el trabajo con las personas, el desarrollo de proyectos o acciones deben basarse ya no en una construcción metodológica como lo son los objetivos, al contrario, deben estar estructurados de acuerdo a una convergencia que amalgame la naturaleza holística de las personas y cómo estas actúan cual protagonistas en el desarrollo de su propia salud.

Para retomar la línea de pensamiento del texto anterior, recurro a un resumen práctico: un objetivo, entendido como tal, es una construcción focalizada en lo que hará el investigador en un lapso de tiempo definido; es decir, está proyectado en función de quien lo construyó y qué es lo que él va a ser. Por el contrario, cuando se habla de una competencia, esta se basa en un proceso mucho más complejo, el cual desplaza como centro de acción a quien la está construyendo y se concentra en quien asumirá como propia la competencia (la población o público con quien se trabaja).

Nótese por tanto, la relevancia inmediata que adquieren las competencias cuando se habla de Promoción de la Salud, puesto que, siguiendo los principios rectores de esta materia, uno de los ejes más importantes es lograr que las personas asuman su responsabilidad en el proceso y construcción de salud, además de empoderase sobre aquellos elementos protectores de la misma.

Este proceso, el cual puede sonar simple para algunos o complejo para otros, está estructurado de acuerdo a ocho componentes responsables de darle un seguimiento completo al desarrollo de la competencia, y tal es su integralidad que hablamos de una cartografía de competencias; es decir, una lectura de inicio a fin de lo propuesto. Para lograr el seguimiento, se habla de ocho elementos que enlisto a continuación: la competencia como tal, sus elementos, los criterios de desempeño, los saberes, el rango de desarrollo, las evidencias, los problemas y el caos e incertidumbre (Tobón, 2005). Pero no trato aquí de explicarlos uno a uno, sino evidenciar cómo dentro de las competencias se hace un mapeo de los elementos necesarios para enriquecer un proceso, de nuevo, centrado en las personas y generador de impacto en los saberes de las mismas.

En el ejercicio de análisis, hago un cruce entre la propuesta de las competencias y la Promoción de la Salud. Actualmente, tanto en los servicios de salud y en las comunidades, existe una convergencia necesaria sobre ahondar en el conocimiento, la participación de las personas y la toma de decisiones en salud (basadas en la sensibilización de los actores sociales sobre su responsabilidad en el proceso de salud) (Redondo, 2004).

Sin embargo, y tal como ocurrió en la entrada pasada, la extensión del escrito no debe cansar la atención del lector –si es que lo hay–, por lo cual, retomaré el párrafo supra en una tercera parte sobre la Promoción de la Salud y las competencias.

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Bibliogría:

Redondo, P. (2004). Curso de Gestión Local de Salud para Técnicos del Primer Nivel de Atención. San José, Costa Rica: CCSS, CENDEISSS, UCR.

Tobón, S. (2005). Formación basada en competencias. Bogotá: Ecoe Ediciones.

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La Promoción de la Salud: una mirada desde las competencias (II parte)
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