La mirada médico-hegemónica y sus limitaciones contra la epidemia de obesidad

En este apartado expondré cómo se ha visto a la salud a lo largo del tiempo, la noción de estilos de vida y cuáles han sido las limitaciones del modelo médico-hegemónico en las prácticas médicas y de promoción de la salud.

En apartados anteriores mencioné los distintos elementos que contribuyen a la problemática de la obesidad. La firma del tratado de libre comercio de América del Norte, la inseguridad alimentaria, el aumento de la canasta básica, el estrés y el salario insuficiente, entre otros elementos han sido trascendentales en el desarrollo de la obesidad en nuestro país.

En este apartado analizaré a través de una serie de artículos algunas de las estrategias de salud que ha llevado a cabo el gobierno mexicano para hacerle frente a la obesidad.   Antes de mi análisis comenzaré por explorar la evolución de  los conceptos de salud a lo largo de la historia reciente. Lo anterior  me servirá como referente sobre  los conceptos que ha manejado el gobierno mexicano  para la realización de las estrategias contra el sobrepeso y la obesidad.

Conceptos de salud tradicional

A lo largo de la historia la salud ha tenido diversos significados. La medicina ha visto a la salud sólo como la salvación de vidas y el combate a la enfermedad.  La salud es concebida como la ausencia de enfermedad. La práctica médica usualmente no utiliza en el estudio de la enfermedad, aspectos sociales. La medicina busca principalmente curar la enfermedad y la muerte (López, et al., 2011).

“la medicina busca la salud principalmente combatiendo a la enfermedad y a la muerte” (López et al., 2011, pp.54). Otras maneras de entender la salud ha sido el uso de los criterios de normalidad estadística “usar la frecuencia con la que se presentan ciertas características morfológicas, fisiológicas o de comportamiento para determinar si  una persona es sana fue aceptado durante casi un siglo” (ibíd., pp.55).

El pensamiento positivista se hizo presente y planteó dos líneas divisoras entre los signos objetivos de la enfermedad y las percepciones subjetivas de los pacientes. Por lo que fue reemplazada la pregunta “¿qué tiene usted?” por “¿dónde le duele?”, de tal modo, que “el matiz positivista de la clínica científica impidió que los aspectos psíquicos, sociales y culturales de la enfermedad, ligados a la subjetividad de las personas, pasaran al expediente médico. Las concepciones de la salud y la enfermedad se habían replegado a lo biológico-material-visible, a lo físico” (ibíd., pp.61)

El positivismo fue enemigo de lo intangible, por lo que acogió a la estadística para la influencia sobre las poblaciones. “el cálculo del promedio convierte en “normales” a las personas cercanas a la media, “patológica” a quienes se alejan de ella. Los anormales viven en presión psicológica, social y cultural para normalizarse” (ibíd., pp.61)

Tradicionalmente la medicina ha definido a la salud como opuesto a la enfermedad y se ha usado la palabra “normal” como sinónimo de salud. Los términos de salud y enfermedad son dualistas, las cuales se trata de dos situaciones distintas “la enfermedad difiere del estado de salud, lo patológico de lo normal, como una cualidad difiere de otra, ya sea por presencia o ausencia de un principio definido, ya sea por reelaboración de la totalidad orgánica” (Martínez, 2005, pp.44). La salud y la enfermedad se ven como el bien y el mal.

López (2011) cita a Christopher Boorse (1977) donde explora la noción de salud como “ausencia de enfermedad”, posteriormente Boorse rechaza la “ausencia” del concepto de salud y vincula su pensamiento de salud con las capacidades individuales, es decir en la fisiología normal de cada uno de los órganos (ibíd.).

Del mismo modo, los sanitaristas ofrecían el concepto de salud como si sólo dependiera del factor individual, y para a mediados del siglo XX, la salud se considera solamente clínica (ibíd.)

Por otra parte, la teoría evolucionista “afirma que un individuo es completamente saludable si, y sólo si todos sus órganos funcionan normalmente (probabilísticamente hablando) en un ambiente normal” (ibíd., pp.37). Por otra parte, la escuela normativista sostiene que “una persona está completamente sana si, y sólo si tiene la capacidad, en circunstancias estándar, para alcanzar todas sus metas vitales o esenciales en la vida” (ibíd., pp.37).

En 1947 la OMS modificó el concepto de salud definiéndolo como “un estado de completo bienestar físico, mental y social y no solo la ausencia de enfermedad”. En este momento se incorpora de manera oficial el factor social. Así, la salud dejó de ser meramente biológica considerando también el universo social. Aunque esta definición ha recibido severas críticas por ser considerado como utópica, estática, históricamente descontextualizada y poco operativa (ibíd.)

 

Hoy por hoy, la salud es un objeto político “del que se echa mano en todos los niveles de gobierno; es un espacio de intervención institucional y funciona como legitimación para la normalización de la vida” (ibíd., pp.63).

La noción de estilos de vida

En materia de obesidad mucho se ha dicho acerca de los malos estilos de vida,  al ser causa importante de la expansión de está y en general del padecimiento de las enfermedades. A continuación, definiré a lo que le han llamado estilos de vida.

Algunos autores infieren que los estilos de vida dependen de lo individual  y de los malos hábitos alimenticios lo cual puede ser verdad a lo interno de un grupo social (ibíd.).

Los estilos de vida en la perspectiva hegemónica de la salud, se han definido como meramente individuales sin tomar en cuenta el entorno social. Bajo esta perspectiva, se tiende a responsabilizar y culpabilizar al sujeto de su propio estado de salud, por lo que los programas de promoción de la salud centrados en la corrección de estilos de vida saludables, terminan recriminando a los sujetos sobre su estado de salud, sin ver el origen del problema (De Curas y Huertas, 1998).

Un ejemplo de las limitaciones del enfoque de estilos de vida, son las investigaciones sobre las causas de las enfermedades cardiovasculares centrados en la dieta, en llevar una vida sedentaria y toman en cuenta la herencia genética, sin embargo, se deja de lado a los factores sociales. No se descarta que llevar a cabo buenos estilos de vida pueda ayudar a llevar un mejor estado de salud, pero no hay que ver los problemas de salud de manera reduccionista (ibíd.)

Así lo mencionan De Curas y Huerta:

“el respeto a la diversidad cultural y social es lógicamente un elemento imprescindible en la Promoción de la Salud estando suficientemente reconocido que no hay un único estilo de vida que pueda considerarse como el más saludable” pp.264).

Parte de las soluciones que se han llevado a cabo para combatir la obesidad, son programas que están ligados a la prevención o corrección de hábitos. Estos tipos de programas hacen sentir a los sujetos como culpables por no cumplir ciertas obligaciones que “impactan” en su salud.

Características y limitaciones del Modelo Médico Hegemónico

Menéndez (1992) indica “que este modelo supone el reconocimiento de tres submodelos: modelo médico individual privado, modelo médico corporativo público y modelo corporativo privado. En donde los tres representan los siguiente rasgos estructurales; biologismo concepción teórica evolucionista-positivista, ahistoricidad, asocialidad, individualismo, eficacia pragmática, la salud como mercancía, relación asimétrica en el vínculo médico paciente, participación subordinada y pasiva de los “consumidores” en las acciones de salud” (pp.102). De acuerdo con el autor en el discurso médico, el paciente es importante cuando se manifiesta el verdadero objeto de la medicina. La principal característica del médico es el dominio del discurso, el depositario de la autoridad, es el que sabe y el que manda. Es decir, el paciente no tiene derecho a emitir alguna opinión y mucho menos a contradecir al médico, pues es tratado como ignorante.

“la  medicina enmascara, las condiciones socioeconómicas que dan origen a las enfermedades y confisca el poder de las personas para curarse a sí mismos y dar foResultado de imagen para consulta medicarma humana a su ambiente” (ibíd. pp74)

El médico es el portador del conocimiento y de acuerdo al tipo de clase social del enfermo es la forma de actuar del médico, de ello depende la explicación que se le pueda dar acerca de su enfermedad. Si el paciente pertenece a una clase social baja, se le trata como ignorante y evita preguntas que ellos les puedan hacer.

En ocasiones los medicamentos prescritos por el médico no necesariamente son útiles para el restablecimiento de la salud. A veces se culpabiliza a los pacientes por no seguir las indicaciones médicas (Boltanski, 1977).

García (1990) nos explica que la enfermedad es el reflejo de las condiciones sociales en las que nos encontramos. Por ejemplo, el debilitamiento de un individuo podría ser causa de no llevar a cabo una buena alimentación o por el exceso de trabajo o por diversas causas. En la mayoría de los casos no se toman en cuenta el medio social que influye de manera importante en el estado de salud físico de las personas. Nos hacen ver que los culpables de la enfermedad son los propios sujetos y como parte de la solución es la medicalización, sin tomar en cuenta el impacto social.

Bajo este esquema, la atención de la salud ha sido fragmentada de grandes, sobre todo en instituciones públicas, “donde una persona recibe al paciente, otra verifica el estado de sus derechos, otra más diagnostica, alguien puede prescribir y otra intervenir quirúrgicamente, etcétera, sin que necesariamente haya conexión entre cada uno de los empleados no a la persona enferma, sino a la parte del proceso de atención que les ha sido asignada” (ibíd., pp.63)

Críticas a la comunicación para la salud

La mayor parte de la comunicación para la salud en materia de obesidad  que se ha llevado a cabo en nuestro país ha sido elaborada por el personal de salud formado bajo la influencia del Modelo Médico Hegemónico. Frecuentemente este personal no está capacitado para llevar la información sobre algún tema de salud a cualquier comunidad.

La salud está dominada por el personal de salud y no por personal especializado en comunicación, a la hora de llevar a cabo programas, estos están elaborados sólo para llevar cierto mensaje a la población sobre determinado problema de salud.

Si la comunicación fuera de la mano con la sociedad civil, no se gastaría demasiado dinero en el tratamiento de las enfermedades. Las campañas no toman en cuenta las variables socioeconómicas o culturales “muchos materiales que se producen no corresponden a las culturas donde se difunden, pues la percepción es totalmente diferente” (Gumucio, 2010, pp.75)

Puede ser que los programas no lleguen a las comunidades rurales por el hecho de que no tengan un radio o televisor donde lo puedan ver o escuchar, otro aspecto importante, es que no se pueden sentir familiarizados con el mensaje porque el programa no fue elaborado pensando en su cultura. Existen diferentes  culturas, formas de actuar distintas. No es lo mismo alguien que tiene mayores recursos económicos a alguien que es prácticamente  esclavo trabajador.

Con el paso del tiempo ha habido un proceso de hegemonización de las culturas, mediante la vivencia como propio de las clases hegemónicas. “el proceso de hegemonización es el conjunto de operaciones ideológicas a través de las cuales se incorporan los sentidos sociales que tienden a reproducir puntual o globalmente el control económico, político y social de las clases, sectores de clase o grupos de poder y que se basa fundamental, pero exclusivamente, en la construcción/obtención de consenso por parte de los sectores, clase y grupos subalternos”  (Módena, 1990, pp.35).

Respecto a la elaboración y planeación de las campañas, pareciera que son improvisadas y menosprecian los diferentes sectores de la población a las que van dirigidas,  por lo que puede ser factor determinante en el éxito de las campañas.

Durante esta sección hablé de la evolución que ha tenido el concepto de salud desde la mirada biológica y la predominación hasta nuestros días y como es que ha fracasado la comunicación médica para llevar a cabo los programas de salud.

0En posteriores apartados mencionaré las perspectivas críticas de promoción de la salud, en donde señalaré las nociones de salud socio histórica y emancipadora.

 

Bibliografía

  1. Avendaño, C. y Ortega, M. (1990). Tesis para obtener el grado de maestro en Medicina Social. Universidad Autónoma Metropolitana, México.
  2. Basaglia, F. (1978). El modelo médico y la salud de los trabajadores. En la salud de los trabajadores aportes. Ed. Nueva imagen, México, 11-51.
  3. Boltanski, L. (1977). Descubrimiento de la enfermedad Medicina popular y Medicina científica. Relación médico paciente y distancia social. Ed. Ciencia Nueva, Buenos Aires.
  4. Gumucio, D. A. (2010). Cuando el doctor no sabe. Comentarios críticos sobre promoción de la salud, comunicación y participación. Estudios sobre las culturas contemporáneas, 16(31), 67-93.
  5. Martínez, S. C. (2005). Seis miradas sobre la salud y sus relaciones con el mundo social. En Los múltiples significados de la salud. Un recorrido bajo la guía de Canguilhem. Universidad Autónoma Metropolitana, División de Ciencias Biológicas y de la Salud, México.
  6. Menéndez, E. (1992). La antropología médica en México. En hegemónico, modelo alternativo subordinado, modelo de autoatención. Caracteres estructurales. Universidad Autónoma Metropolitana, México, 1ª Ed. 97-113.

 

 

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Lactancia Materna y Prevención de la Obesidad

En éste artículo hablaré de la importancia que tiene la lactancia materna para la  prevención de enfermedades infecciosas y crónico degenerativas.  Presentaré cifras de cómo ha ido disminuyendo la lactancia materna y la relación que existe con el padecimiento de la obesidad en la edad adulta.

 

La leche materna es el mejor alimento para los niños por poseer grasas, proteínas, azúcares, vitaminas y minerales suficientes permitien
do que el niño tenga los nutrientes necesarios para que pueda desarrollarse óptimamente evitando infecciones y enfermedades como la desnutrición o la obesidad.   Ningún   niño necesita ingerir otro tipo de alimento,  ya que el contenido de grasa de la leche materna satisface su saciedad, además a los niños les es de fácil digestión. Se recomienda que la lactancia materna sea exclusiva hasta los seis meses. “la leche materna tienen células madre esto quiere decir que la leche tiene células que pueden ir al cerebro, al corazón, al hígado,  al páncreas o convertirlas en células especializadas del niño” (Gonzales en  UNICEF, 2015 p.3).

 

Resultado de imagen para lactancia maternaA lo largo del tiempo el amamantamiento ha ido a la baja por diversas circunstancias, entre ellas se encuentra la introducción de  fórmulas industrializadas por parte del mercado. A partir de 1940 y 1950 cuando se implementaron las primeras fórmulas para sustituir a la lactancia materna, desde  ese momento la lactancia materna presentó un descenso. (Dirección General de Alimentación y Desarrollo Comunitario. Dirección de Atención Alimentaria s/f).

La agresiva promoción fue dirigida hacia los médicos y maternidades, además  muchos hospitales implementaron el uso del biberón bajo el discurso de progreso “moderno” (Orozco, 2013). Nestlé fue la empresa que comenzó con campañas para promover el uso de fórmulas, entregando a los estudiantes y médicos información falsa con muestras gratis de fórmulas infantiles, por lo que llevo a madres pensar que los médicos apoyaban la lactancia artificial (Werner et al., 2000).

Hasta entonces el bombardeo de los medios de comunicación han promovido el uso de fórmulas industriales aunado a la poca aceptación de que la mujer lacte en la vía pública  (Aguilar y Fernández, 2007).

 

Reportes de las Naciones Unidas estiman que hay 1,5 millones de muertes infantiles cada año derivado de la alimentación de los bebés con biberón en los países en desarrollo. Estas muertes se deben a que las fórmulas que se dan en biberón podrían estar contaminado por agua que no es potable (ibíd.)

Otra coyuntura es la introducción de  las mujeres al mundo laboral ya que sólo 1 de cada 10 mujeres que trabajan
puede amamantar a su bebé, el resto utiliza fórmulas, lo que les dificulta realizar esta práctica debido a las largas horas en que la madre permanece ausente  por sus jornadas laborales. Aunado a esto está la falta de políticas que permitan realizar la lactancia materna exclusiva durante los seis meses como es recomendado. Dada esta situación México es el segundo país del mundo en donde cada vez menos mujeres amamantan a sus hijos y solo dos de cada diez de sus hijos son alimentados con leche materna exclusiva, lo que coloca a México por debajo del promedio mundial (Vega 2014).

La ENSANUT 2012 reporta otras razones por las que la mujeres nunca amamantaron a sus bebés: tuvieron la sensación de no tener leche (37.4 %), enfermedad de la madre (13.7 %) o que el hijo no quiso su pecho (11.4 %).

La misma encuesta observó que cada año nacen 2.4 millones de niños de los cuales solo 1 de cada 7 sólo disfruta de los beneficios de la lactancia materna. Por lo que el porcentaje de la lactancia exclusiva descendió de 22.3 % en el 2006 y 14.5 % para el 2012. En el medio rural se notó una descendencia mayor, de 36.9 % a 18.5 % respectivamente (gráfico 1). Lo que en este medio  podría ocasionar enfermedades infecciosas y respiratorias y el abandono de la lactancia podría aumentar los riesgos de padecer sobrepeso (ibíd.).

 

A continuación se muestran los indicadores de la lactancia materna

Cuadro 1

Indicadores de Lactancia Materna y Alimentación Complementaria Para el niño Pequeño por Características Socioeconómicas y Demográficas. México, 2012

Mediana de la duración de la lactancia Alguna vez ha amamantado

< 24

meses (%)

Lactancia materna

exclusiva

<6

meses (%)

Lactancia materna

predominante < 6

meses (%)

Lactancia materna

continua al año de edad

(12-15 meses) (%)

Región Norte 4.5 90.8 10.6 17.1 31.0
Centro 5.0 94.3 15.7 26.3 29.1
Ciudad de México 6.7 94.5 14.9 24.6 37.1
Sur 10.9 94.6 15.5 29.0 43.4
Área

Urbana

4.9 93.5 12.7 22.7 31.1
Rural 10.8 94.4 18.5 30.6 47.7
Etnicidad indígena 18.6 95.4 27.5 39.3 70.9
No indígena 8.6 93.6 13.4 23.9 32.1
Nivel socioeconómico
Bajo 11.0 95.0 16.6 33.6 50.3
Medio 6.6 93.0 12.9 22.1 31.5
Alto 4.5 93.1 13.7 18.8 24.0
Madre empleada
Si 4.6 92.6 10.8 21.3 28.2
No 9.0 94.1 15.6 26.4 40.5
Edad de la madre (años)
<19 8.7 91.8 14.1 20.7 33.0
19 a 25 6.9 94.9 13.3 22.2 36.5
25 a 35 9.0 94.7 15.9 28.5 43.1
>35 8.7 89.4 13.5 27.1

Fuente: Gonzáles, de C. T., Escobar, Z. L., Gonzáles, C. L. y Rivera, D. J. (2013). Prácticas de alimentación infantil y deterioro de la lactancia materna en México, Salud Pública, 55(2), 170-179.

 

De acuerdo a la tabla anterior muestra que en la región norte del país el 10.6 % han utilizado la lactancia materna exclusiva, en comparación con la Ciudad de México con el 14.9 %, la zona Sur con el 15.5 %, la área urbana 12.7 %, y la zona rural con el 18.5 %. Podemos notar que la zona rural es quien mayormente ha empleado la lactancia materna exclusiva. Se puede inferir que se debe a que esta zona aún no está tan bombardeada con la publicidad de las formulas. Por otro lado es notable y grave que aún en la mejor zona el panorama es muy malo.

De acuerdo al nivel socioeconómico se obtuvo que el nivel bajo emplea la lactancia materna en un 16.6 %, el nivel medio 12.2 % y el nivel alto solo el 13.7 %. De estos grupos se hace notar que quien tienen un mayor porcentaje en el uso de lactancia materna exclusiva antes de los seis meses es el nivel socioeconómico bajo. En cuanto al empleo se obtuvo que aquellas mujeres que trabajan solo amamantan a sus niños el 10.8 % comparado con el  15.6 % de las mujeres que no trabajan.

La lactancia materna ha ido a la baja y uno de los principales motivos es la introducción de  fórmulas industrializadas, lo que ha llevado a que con el tiempo los niños puedan sufrir obesidad debido al alto contenido de azúcares  de las fórmulas ya que se acostumbran al sabor de los azucares. Este es un problema grave del cuál la industria alimentaria es en buena parte la causante y a la fecha no se ha hecho responsable de revertir el efecto de sus campañas.

La leche materna presenta hormonas que influyen en el metabolismo y el desarrollo corporal, entre ellas esta la leptina, la grelina, la adiponectina, la reisistina y la obestatina. La leptina juega un papel importante en la regulación de la ingesta y regulación de la energía, activa las señales de hambre y los niveles de saciedad. Los niños que fueron amamantados presentan mayores concentraciones de leptina (Aguilar et al., 2015), y por lo tanto se puede inferir que tienen una mejor regulación de la ingesta lo que los protege contra el consumo excesivo de alimentos que conduce a la obesidad.

Los promotores de salud tenemos una enorme tarea para promover la lactancia materna y contribuir al desarrollo de una cultura crítica que permita revelar, no solo los beneficios de la leche materna sino los riesgos de las fórmulas lácteas y la responsabilidad de las compañías que las fabrican y promueven.

 

 

Bibliografía

Aguilar, P. M. y Fernández, O. M. (2007). Lactancia materna exclusiva, Facultad de Medicina, UNAM, 50(4), 174-178.

Aguilar, J. M., Sánchez, A. M., Madrid, N., Mur, N., Expósito, M. y Hermoso, E. (2015). Nutrición Hospitalaria, 31(2).

Dirección General de Alimentación y Desarrollo Comunitario. Dirección de Atención Alimentaria. Implementación de acciones en Lactancia Materna.

Gonzáles, de C. T., Escobar, Z. L., Gonzáles, C. L. y Rivera, D. J. (2013). Prácticas de alimentación infantil y deterioro de la lactancia materna en México, Salud Pública, 55(2), 170-179.

Orozco, S. R. (2013). Aportes a Nuestra Tradición Culinaria a la Nutrición Moderna, La Jornada del campo, 65.

UNICEF. (2015). La leche materna salva vidas. México.

Vega, F. L. (2014). La lactancia materna en el México de 2014. Revista Mexica de Pediatría, 81(2), 47. 

Werner, D., Sanders, D., Weston, J., Babb, S. y Rodríguez Bill. (2000). Cuestionando la Solución: Las Políticas de Atención Primaria de Salud y Supervivencia Infantil.


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Largas jornadas laborales que impactan en la problemática de la obesidad infantil

De acuerdo a mi artículo anterior inseguridad alimentaria vimos como las familias que viven con inseguridad alimentaria tienden a padecer sobrepeso y obesidad ya que no tienen acceso a los alimentos de la canasta básica y los únicos alimentos que pueden consumir debido a su situación económica y a la falta de tiempo para la preparación de comida nutritiva, son los productos industrializados, ya que estos son alimentos con un buen sabor y sobre todo son baratos y les satisface su hambre.

Con la llegada de la revolución industrial surgieron cambios drásticos para la humanidad, esto fue, la explotación de la llamada clase trabajadora. Los obreros trabajaban por largas horas y no suficiente con ello, la mano de obra era mal pagada. Las contrataciones eran por corta duración y las indemnizaciones por despido eran reducidas y por si fuera poco, no había derecho a huelga. Fue hasta 1931, donde México establece en sus leyes mexicanas del trabajo en los artículos 32 fracción VII, artículo 5 fracción III y artículo 59 que establecen, prohibición de jornadas laborales inhumanas así también como la posibilidad para el trabajador y el patrón de fijar la duración y horas de trabajo (Lastra, 1997). Con ello llegó la reducción de la jornada laboral de 8 horas, que se mantienen hasta la actualidad. Pero debemos destacar que en la Ciudad de México, así como muchas zonas metropolitanas de nuestro país, estas jornadas se extienden debido a los largos trayectos que se tienen que recorrer durante  los traslados del trabajo al hogar y viceversa. Por lo anterior son comunes las jornadas de 10 u 11 horas.

Con la entrada de la revolución industrial hubo una mayor disponibilidad a muchos alimentos. Con la evolución de la producción se ha ido perdiendo gradualmente el proceso de alimentación, su origen real, sus procedimientos, su almacenamiento y su transporte. Tal como lo dice Contreras

“esa revolución industrial, junto con la especialización y los rendimientos crecientes de la producción agrícola y el desarrollo hipertrófico de las ciudades, ha contribuido a crear una modernidad alimentaria que ha trastocado la relación del individuo con su alimentación. La evolución de los modos de vida, sobre todo la generalización del salario, supuso una regresión del autoconsumo y una demanda creciente de productos listos para comer “.

Las largas jornadas de trabajo, un salario muy bajo, la falta de empleo formal y las condiciones en las que se laboraban no eran las más favorables para la alimentación de los trabajadores. Hoy en día la situación se encuentra de la misma manera.

A la falta de empleos formales, el trabajo informal ha ido ganando terreno y con el paso del tiempo se sigue destacando mayormente que el trabajo formal. Las condiciones en las que se encuentran tampoco son las más favorables destacando como factor fundamental la falta de seguridad social.

Resultado de imagen para largas jornadas laboralesSin duda, hoy en día, la mayor parte de la población trabaja más de estas 8 horas debido al bajo salario que se tiene. Es por ello, que con el fin de poder satisfacer parte de sus necesidades, en ocasiones se tiene más de un trabajo o en efecto las jornadas laborales son más largas.

Al encontrarnos en las mismas condiciones socioeconómicas, en donde la canasta básica está por encima del salario mínimo, llevando a que no se pueda tener acceso a alimentos de la canasta básica y por tanto no poder satisfacer las necesidades nutricionales adecuadas, por lo que la única opción que se tienen es el consumo de comida rápida o industrializada, pues al compararla con los alimentos que aportan nutrientes, nos damos cuenta que es mucho más económica. Es por eso que el consumo de los alimentos industrializados es mucho mayor, presentándose una transición alimentaria, donde se muestran cambios drásticos en la dieta mexicana.

Otra elemento que contribuyó a la transición alimentaria fue la urbanización, la cual llegó en medio de la pobreza. Esto trajo que las jornadas laborales sean más largas, lo que provocó que ya no hubiese tiempo para poder cocinar o hacer otro tipo de actividades, así que, la mejor opción es el consumo de alimentos industrializados, desencadenando un problema de salud (ibíd. 2012). Anteriormente, el país se encontraba con mayor número de población que vivía en zonas rurales, alrededor del 75 al 80%  y la urbana era solo del 20% al 25%, por lo que el proceso de urbanización llevó a que los habitantes se vieran sumergidos en vidas aceleradas. (Fausto et al, 2006). Esto implica que la mayor parte de la población se encuentra en condiciones laborales desfavorables y que su alimentación no sea  adecuada por los largos traslados aunados a la falta de tiempo para poder preparar un desayuno o comida nutritiva, teniendo como única opción el consumo de los alimentos rápidos.

Otro factor
que hay es la inserción de la mujer en el área laboral, en consecuencia trajo que ya no haya tiempo para la preparación de alimentos, ya que históricamente el estereotipo predominante de género en nuestra cultura le asigna a la mujer ese papel.

Con el proceso de la industrialización, la urbanización acelerada y la mala economía, llevó a que las jornadas laborales cada vez sean más largas y estén rodeadas de malas condiciones. Así mismo la inserción de la mujer en el campo laboral trajo consigo la falta de tiempo para la preparación de alimentos, dejando por lo que los únicos alimentos accesibles son los industrializados contribuyendo con ello un grave problema de salud pública, la obesidad infantil. Esto impacta directamente a los niños. Ya que la madre históricamente ha adoptado el papel de ser la responsable en la preparación de la comida, pero al no tener tiempo suficiente la única alternativa es recurrir a la comida rápida.

 

Bibliografía

  1. Contreras, H. J. (2005). La obesidad: una perspectiva sociocultural. De Barcelona. Depto. De Antropología Socia. 31-51.
  2. Fausto, G. J., Valdez., L. R., Alderete, R. G. y López, Z. M. (2006). Antecedentes Históricos de la Obesidad en México. Investigación en Salud, vol. VIII, núm. 2.
  3. Mota, D. L. (2002). Globalización y pobreza: dicotomía del desarrollo en América Latina y México. Espacio abierto vol. 11, no. 2.
  4. Lastra, J. M. (1997). Instituciones de Derecho del Trabajo de y de la Seguridad Social. Instituto de investigaciones Jurídicas UNAM, México.

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Aumento de la canasta básica y su impacto en la obesidad

Aumento de la canasta básica y su impacto en la obesidad

En este artículo analizaré el aumento de la canasta básica en México durante los 10 años y su posible vinculación como elemento responsable del aumento en la epidemia de obesidad.

La canasta básica es definida como el conjunto de bienes y servicios indispensables para que una familia pueda satisfacer sus necesidades básicas (Vergara y Díaz, 2012).

El Banco de México utiliza 80 productos que componen la canasta básica.  Entre los primeros 20 se encuentran los alimentos como la leche, tortillas, carne y huevo. Entre los energéticos se encuentran: gasolina, electricidad, gas doméstico y los de transporte: autobús urbano taxi, colectivo (Padilla, 2010).

En la siguiente tabla se muestran todos los productos de la canasta básica que el Banco de México utiliza.

Tabla 1

Bienes y servicios de la canasta básica utilizada por el Banco de México

Aceites y grasas vegetales comestibles Pasta para sopa Cardiovasculares
Agua embotellada Puré de tomate y sopas enlatadas Cremas para la piel
Arroz Refrescos envasados Dermatológicos
Atún y sardina en lata Retazo Desodorantes personales
Azúcar Tortilla de maíz Expectorantes y descongestivos
Bistec de res Electricidad Gastrointestinales
Café soluble Gas doméstico Jabón de tocador
Café tostado Larga distancia nacional Material de curación
Carne molida de res Línea telefónica Navajas y máquinas de afeitar
Cerveza Servicio telefónico local Nutricionales
Concentrados de pollo y sal Blanqueadores Otros medicamentos
Chiles procesados Cerillos Papel higiénico
Chocolates Detergentes Pasta dental
Frijol Estufas Servilletas de papel
Galletas populares Focos Aceites lubricantes
Gelatina en polvo Jabón para lavar Autobús foráneo
Harinas de trigo Licuadoras Autobús urbano
Hígado de res Pilas Bicicletas
Huevo Planchas eléctricas Colectivo
Jamón Refrigeradores Gasolina de alto octanaje
Leche evaporada, condensada y maternizada Suavizantes y limpiadores Metro o transporte eléctrico
Leche pasteurizada y fresca Televisores Taxi
Masa y harina de maíz Analgésicos Cuadernos y carpetas
Pan blanco Antigripales

Fuente: Padilla, L. P. (2010). De salarios mínimos, canastas básicas y otras incongruencias y males que padecemos. Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad.

 

En la tabla 2 se muestran los productos mínimos que deben adquirirse al mes para el desarrollo de una familia así como el costo de cada producto y el total de ello para comparar los costos mensuales con el salario mínimo.

Tabla 2

Productos mínimos que deben adquirirse al mes para el desarrollo de una familia

Productos incluido en la canasta básica Precio promedio en pesos
Cantidad Producto Precio
1 litro Aceite vegetal comestible 23.5
4 kg Arroz 66
2 kg Azúcar 20.34
2 kg Bistec de res 1.48
300 gr Café soluble 88.8
1 kg Carne molida de res 72
2 latas Chile procesado 18
½  kg Chocolate en polvo 16.8
½  kg Concentrado de pollo y sal 6.25
½  kg Crema 16
4 kg Frijol 92
4 cajas Gelatina en polvo 32.8
1 kg Harina de trigo 14.5
3 kg Hígado de res 90
1 caja Huevo 29.9
½  kg Jamón 29
4 garrafones de 20 litros Agua purificada 100
15 litros Leche 178.5
30 piezas Bolillo 36
2 kg Pasta para sopa 42
4 kg Retazo 80
12 kg Tortilla de maíz 82.8
Luz 200
2 tanques de 20 kg Gas 570
Teléfono 200
1 litro Blanqueador 7.3
1 paquete Cerillos 11
2 kg Detergente 43
1 kg Jabón para lavar trastes 17.7
1 caja Analgésicos, antibióticos y/o antigripales 20
2 piezas Desodorantes 42
4 piezas Jabón de tocador 37.6
20 rollos Papel higiénico 83
1 pieza Pasta dental 25
100 viajes Metro 200
4 Plumas, lápices, otros 8
Total: $2, 747.69

Fuente: Padilla, L. P. (2010). De salarios mínimos, canastas básicas y otras incongruencias y males que padecemos. Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad.

Como se observa en la tabla anterior, el salario mínimo que se tenía para el 2010 no pudo cubrir  la canasta básica. Para poder cubrirla  se necesitaban $2, 747.69 mensuales. Cabe señalar que en la tabla solo se CANASTA-BÁSICA-AUMENTA-COSTO-GOBIERNO-INCAPAZmuestran algunos productos básicos. Mientras tanto el salario neto mensual fue de $1644, por lo que al comparar el costo mensual con el salario mínimo observamos que no es suficiente para poder cubrir los productos mínimos de la canasta básica. Cabe destacar, que estos productos están destinados solo para dos integrantes de alguna familia. (ibíd.)

De acuerdo a los datos del 2006 y 2012 el precio de la canasta básica sigue en aumento y el salario mínimo real esta en descenso (ibíd.)

“Al comparar los incrementos del salario con los del índice general y de la canasta básica podemos apreciar la disparidad entre uno y otro si al salario nominal (salario mínimo diario percibido por los trabajadores) le descontamos el incremento de los precios (índice general) obtenemos el salario real” (Vergara y Díaz, 2012, p. 29).

Los productos que han mostrado mayor aumento en los precios son aquellos que son esenciales para la población de menores recursos económicos, entre algunos están: maíz, frijol, arroz y aceites. De acuerdo a la UNAM, recomienda una canasta definida como Canasta Alimentaria Recomendable (CAR) la cual incluye 24 productos. La del DF recomienda 46. Mientras el CONEVAL recomienda 38 productos para el sector urbano y 33 productos para el sector rural.

 

tabla 3

Costo de la canasta y salario mínimo

No. de productos Costo promedio

(pesos diarios)

No. de salario mínimos
Canasta alimentaria recomendable (CAR-UNAM) 24 88.5          1.5
Canasta alimentaria rural (CONEVAL) 33 94.5 1.6
Canasta alimentaria para el DF. 46 154.1 2.5
Canasta alimentaria urbana (CONEVAL) 38 143.2 2.3

Fuente: Vergara, G. R. Díaz, C. M. (2012) INPC, canasta básica y salario mínimo en México, 2006-2012. Revista de Análisis de Coyuntura Económica.

En el cuadro anterior y en el grafico 1 se puede observar que de acuerdo a los diferentes productos que conforman determinada canasta básica ninguna se pudo cumplir con el salario que se tenía para el año 2012, pues se necesita al menos más de un salario mínimo para poder cumplir con los productos señalados.

El Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) es un indicador que sirve para medir el cambio promedio de los precios en el tiempo a través de una canasta ponderada de bienes y servicios representativa del consumo de la familias urbanas de México (Centro de Estudios de las Finanzas Públicas, 2015).

Para febrero de 2014 la inflación afectó aquellas personas que perciben de 1 a 6 salarios mínimos (ibíd.).

Como es bien sabido, no se cumple con el salario que se estipula en el artículo 123 constitucional el cual establece que “los salarios mínimos que disfrutan los trabajadores serán generales o profesionales. Los primeros regirán en las áreas geográficas que se determinen; los segundos se aplicaran en ramas determinadas de la actividad económica o en profesiones, oficios o trabajos especiales. Los salarios mínimos generales deberán ser suficientes para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia en el orden material, social y cultural, y para proveer a la educación obligatoria de los hijos” (ibíd., p. 1)

Al pasar de los años el salario ha ido incrementando, sin embargo no quiere decir que con ello se puede adquirir mayores productos de la canasta básica, ya que el aumento del salario nominal no implica un aumento al salario real, es por eso que no se pueden obtener dichos productos, al contrario, cada vez se tienen menos acceso (Padilla, 2010).

 

 

Comparación entre el costo de la canasta alimentaria mensual por persona y el salario mínimo para el año 2015
Tipo de canasta alimentaria Costo mensual por persona de la canasta alimentaria Salario mínimo para el área geográfica A (pesos mensuales) Salario mínimo para el área geográfica B (pesos mensuales)
Urbana 1.315,06 1.962,8 1.862
Rural 938,01 1.962,8 1.862

Fuente: elaboración propia con datos del CONEVAL (2015) y de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (2015).

 

De acuerdo a estos datos podemos decir que el salario mínimo no puede cubrir las necesidades básicas de una sola persona y mucho menos de una familia de cuatro integrantes o más. Para el 2015 el valor de la canasta alimentaria rural fue de $938,01, mientras que para la urbana tuvo un valor de $1.315,06 y en cuanto al salario mínimo mensual del área geográfica “A” y “B” fue tan solo de $1.962,8 y $1.862 respectivamente. Un estudio realizado sobre la magnitud de la inseguridad alimentaria en México y su relación con el estado de nutrición demostró la correlación entre el trinomio pobreza-inseguridad alimentaria-obesidad. Por lo que al no contar con los suficientes recursos económicos, una familia no puede cumplir con los requerimientos nutricionales adecuados, siendo su última alternativa el consumo de los alimentos industrializados, por ser más accesibles.

Para Shamah, Mundo y Rivera (2014)

“estudios recientes han puesto de manifiesto que en México la población en pobreza satisface sus necesidades de consumo de calorías adquiriendo alimentos de bajo costo, altos en energía pero con un contenido deficiente de micronutrientes. De tal forma que los hogares cada vez con mayor frecuencia acceden a alimentos de alta densidad energética y de menor costo trayendo como consecuencia ganancias importantes en el peso corporal, pero con deficiencia en micronutrientes” (p. 84)

Para el 2016 el salario mínimo es de $73.04 y aunque este ha ido aumentando a largo de los años, también el costo de los productos se han incrementado, por lo que no ha sido suficiente para poder cubrir todas las necesidades básicas que se requieren para poder llevar una vida digna y una alimentación adecuada.

 

 

Bibliografía

  1. Centro de Estudios de las Finanzas Públicas (2015). Boletín: evolución de la Inflación.
  2. Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (2015).
  3. CONEVAL (2015)
  4. Padilla, L. P. (2010). De salarios mínimos, canastas básicas y otras incongruencias y males que padecemos. Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad.
  5. Shamah, L. T., Mundo, R. V. y Rivera, D. J. (2014) La magnitud de la inseguridad alimentaria en México: su relación con el estado de nutrición y con factores socioeconómicos. Salud pública de México, vol.56.
  6. Vergara, G. R. y Díaz, C. M. (2012), INPC, canasta básica y salario mínimo en México, 2006-2012. Revista de Análisis de Coyuntura Económica.

 

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Aumento de la canasta básica y su impacto en la obesidad
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El aumento de la pobreza como factor determinante para el desarrollo de la obesidad infantil en México

El problema de la obesidad infantil está ligada a múltiples dimensiones sociales por lo que no solo se le puede atribuir una sola causa el desarrollo de esta epidemia.

A pesar de esto diferentes autores indican que la obesidad está dada por una sola causa y es el no cuidar lo que comemos. Tal como lo hacen Beltrán, Saldívar, Vázquez, y Martínez (2013) quienes argumentan que la etiología de la obesidad se debe a llevar una mala dieta, consumir bebidas altamente azucaradas, llevar una vida sedentaria y los factores genéticos. De un modo ligeramente más complejo Ladino y Sepúlveda (2013)   mencionan que la causa de que los niños padezcan obesidad se debe al nivel educativo de los padres, factores genéticos, las condiciones socioeconómicas, las condiciones geográficas, los malos hábitos alimenticios y la falta de ejercicio. Estos últimos autores retoman las condiciones socioeconómicas y geográficas y no solo se centran en los factores bilógicos, pero en sus recomendaciones hacen mayor hincapié que para aminorar esta problemática se deberían  mejorar los hábitos alimenticios y recomiendan que se debe de comer en familia entre 5 y 6 veces por semana ya que hay relación entre el ambiente familiar y la ingesta de frutas y verduras. González (2004) amplía un poco más su perspectiia cuando hace mención sobre las múltiples causas de la obesidad y entre ellas se encuentran: la imposición de una mala alimentación, la accesibilidad a los alimentos industrializados, la falta de tiempo para preparar comidas más saludables y la presión publicitaria de grandes grupos de la industria alimentaria. Sin embargo sus propuestas de acción hacia esta epidemia están encaminadas a la corrección de los hábitos alimenticios y a la educación. Surge la duda de por qué, a pesar de que contemplan elementos sociales y estructurales como parte de los génesis de esta epidemia, no son capaces de traducirlo a sus propuestas de intervención.

Estos solo son algunos autores que ven a la obesidad como un problema causado por los malos estilos de vida. En mis artículos pasados he tratado de exponer algunos argumentos que permitan visualizar un panorama más complejo de elementos detrás de este problema. He abordado ya temas como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, el aumento de la inseguridad alimentaria y de los precios de la canasta básica con relación al poder adquisitivo. En este artículo expondré el aporte de la pobreza a la obesidad infantil.

Diversos autores han observado que en los países en desarrollo el aumento de la obesidad es progresiva. Una de las características entre los países latinos son las altas tasas de obesidad en mujeres y niños de bajos recursos. Por lo que este fenómeno está ligado claramente con la desigualdad social, ya que quien se encuentra en desventaja son aquellos que tienen un nivel socioeconómico bajo. (Figueroa, 2009 y Fausto et al, 2006). Estos países enfrentan dos graves problemas de nutrición, por un lado la desnutrición y por el otro la obesidad. Estos problemas de salud se vuelven más complejos al ver un traslape de enfermedades, es decir, la desnutrición y la obesidad está afectando al mismo tiempo a los estratos más pobres.

Por lo que el CONEVAL menciona que hay 7 dimensiones para poder determinar el nivel de pobreza, estos son: el ingreso económico, rezago educativo, acceso a servicios de salud, acceso a seguridad social, acceso a la alimentación, calidad y espacio de la vivienda y acceso a los servicios básicos de la vivienda. De tal forma Álvarez et al, (2012) mencionan que al referirse a estratos socioeconómicos hay que tomar en cuenta tres aspectos; el nivel de educación, situación laboral y el ingreso neto de los hogares.  De acuerdo a estas dimensiones,  nos propone, se puede determinar el nivel de pobreza en que se encuentra la población mexicana.

 

Resultado de imagen para pobreza en mexicoLa pobreza es un factor fundamental para el desarrollo de la obesidad, pero como se podría definir pobreza. Según Figueroa (2009) la pobreza es la situación en la que la población padece escasez de recursos y un acceso limitado y dependiente de los mismos, existe cuando Resultado de imagen para pobreza en mexicolos individuos no pueden satisfacer sus necesidades básicas (alimentación, vivienda, vida social, vestido, educación). Mientras que Beltrán, Saldívar, Vázquez, y Martínez (2013) citan la definición del El Consejo Nacional de la Política de Desarrollo Social  (CONEVAL)  donde define a la pobreza como aquella que tiene al menos una carencia social y percibe un ingreso inferior a la línea de bienestar.  Pobreza extrema la definen como las personas que tienen tres o más carencias sociales y que además perciben un ingreso inferior a la línea de bienestar mí
nimo. De acuerdo a esta definición, para los años 2010 y 2012 la pobreza aumentó de 52.8 a  53.3 millones.

 

 

La prevalencia del aumento de la obesidad se debe a que este sector de la población selecciona alimentos pobres en fibra, proteínas y carbohidratos complejos, pues bien, eligen los alimentos ricos en grasas trans y carbohidratos simples, ya que este tipo de alimentos les permite saciar su apetito a un menor costo a pesar del nulo aporte de nutrientes que tengan, esto sucede por el alto costo en los precios de las frutas y verduras, haciéndolos inaccesibles. Las clases bajas tienden a consumir mayormente alimentos ricos en carbohidratos y grasas saturadas que los alimentos ricos en proteínas, esto se debe al precio más bajo de los alimentos industrializados (Saldaña y Rossell, 2000)

 

Resultado de imagen para obesidad y pobreza en mexicoSi bien se menciona que los pobres “eligen” alimentos con estas características quiero hacer énfasis que esta elección es el resultado de sus condiciones marginales, por lo que no podemos hacerlos responsables de ellas mientras no tengan mejores condiciones económicas, de acceso a alimentos sanos, la información completa de la calidad de los alimentos y la educación necesaria para tomar decisiones más favorables.

Otros datos internacionales, también demuestran que la obesidad está asociada notoriamente con el nivel socioeconómico. Quien cuenta con un nivel socioeconómico bajo y además se encuentra en algún país en desarrollo es posible que padezca obesidad, por otro lado, los que cuentan con mejores condiciones socioeconómicas y viven en países desarrollados existe la gran posibilidad de que la prevalencia de sufrir obesidad sea mucho menor (Galindo et al, 2011).

El mercado ofrece una gama amplia de alimentos industrializados accesibles dirigidos mayormente para este sector de la población (Ibíd.) Por lo que la  ingesta de alimentos procesados son altamente consumidos para satisfacer el hambre (Vargas y Bourges). La adquisición de estos productos se vuelve más fácil a haber cada vez más comercios de comida rápida (Vargas y Bourges). Por ejemplo, una sopa instantánea puede adquirirse por solo $ 6.50 es barata y cubre el apetito (Aguirre, 2012). En la actualidad el costo es de $8.00.

La mayor comercialización de alimentos procesados dirigidos hacia la población más marginal está rompiendo con el vínculo cultural (Fausto et al, 2006). Porque justo es la manera de que las grandes industrias sobrevivan, haciéndose ricos a costa de la salud de las poblaciones que menos tienen.

Para el 2010 existían en el mundo 43 millones de niños con sobrepeso y obesidad de los cuales 35 millones viven en países en vías de desarrollo (González y Atalah, 2011) Los países de bajos recursos han presentado en los últimos años cambios drásticos en su forma de vida, como consecuencia de la revolución industrial, también llevó a que las grandes empresas se enriquecieran a costa de los que menos tienen, encaminándolos al consumo de sus mismos alimentos a fin de que a estos nos les quede otra opción más que el consumo de ellos a cuesta de poner en riesgo su salud.  Como ya se ha mencionó, esto ha sucedido gracias a la industrialización y el papel de los medios de comunicación, ya que han logrado una contribución  importante en los cambios de la alimentación. Adicionalmente la falta del apoyo de la agricultura y la mala repartición de la riqueza hacen que cada vez más estos estratos de la población caigan en  inseguridad alimentaria y en condiciones donde el único acceso a alimentos se tenga sea a los procesados. Lo anterior lleva a que nos encontremos en un estado de desigualdad e inequidad social. La manera de alimentarse  de la población pobre depende en gran medida de las decisiones  de aquellos que son dueños de la industria alimentaria (Altamirano et al, 2014), y no de ellos mismos. Sorprende entonces cómo muchas intervenciones en promoción de la salud ignoran eso y pretenden responsabilizar a las personas, como si ellas tuvieran todo el control

Se registra que en mujeres que viven con un nivel socioeconómico bajo padecen mayormente obesidad. Un estudio realizado en mujeres de la ciudad de México con estratos socioeconómicos bajos (Galindo et al., 2011), mostró que del 96.7%, solo el 15.1% presentan conocimientos sobre nutrición. De acuerdo a ello, se les relaciona con el nivel de educación que han tenido, pues las mujeres que cuentan con menor educación no saben de las consecuencias que pueden ocasionar el consumir alimentos altamente calóricos. Aunque según los resultados del estudio muestra que aquellas que cuentan con conocimientos correctos o regulares sobre nutrición se encuentran con mayor riesgo de padecer sobrepeso u obesidad que aquellas que tienen menor grado de escolaridad. En la siguiente tabla se muestra el porcentaje de sobrepeso y obesidad de acuerdo a las características de las mujeres .

Distribución del estado de nutrición, según características de las mujeres.
Variable Desnutrición Adecuado Sobrepeso u obesidad
Nivel socioeconómico
Muy bajo 2,7% 26,3% 71%
Medio bajo 0,8% 18,2% 81%
Bajo 1,8% 27,4% 70,0%
Conocimientos sobre nutrición
Incorrecto 3,4% 27,1% 69,5%
Regular 0,7% 22% 77,35
Correcto 0,4% 22,3% 77,3%
Escolaridad
Analfabeta a primaria incompleta 1,4% 18,3% 80,3%
Básica y media básica 2,4% 23,7% 73,9%
Media superior y superior 0,9% 31,9% 67,2%

Fuente, Galindo, G. C., Juárez, M. L., Shamah, L. T.,  García, G, A.,  Ávila C. A. y  Quiroz, A. M. (2011). Conocimientos en nutrición, sobrepeso u obesidad en mujeres de estratos socioeconómicos bajos de la Ciudad de México. Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, Vol. 61 No 4.

Nos damos cuenta que de los tres grupos del nivel socioeconómico (muy bajo, medio bajo y bajo)  el nivel más bajo presenta las cifras más altas en cuanto a la desnutrición (2,7%) pero también presenta un nivel alto en las cifras de sobrepeso u obesidad, esto indica el traslape de enfermedades que existen en este grupo. Asimismo el aumento más alto del sobrepeso y obesidad se presenta en el nivel de escolaridad analfabeta a primaria incompleta con 80,3%. Podemos notar  que aquellas mujeres que solo cuenta con conocimientos sobre nutrición y que solo cuentan con el nivel básico escolar sufren mayormente sobrepeso y obesidad que aquellas que tienen mayor nivel educativo, ya que tienen menor riesgo de padecer sobrepeso y obesidad. La solución de esta epidemia va más allá de solo dar información acerca de cómo llevar una buena alimentación, más bien se tendría que tomar en cuenta que la población tenga un mayor acceso educativo en todos los niveles.

Diversos son los estudios que se han hecho en países latinoamericanos para determinar cómo es que influyen los factores económicos en la presencia del sobrepeso y obesidad. Un estudio realizado en Medellín Colombia en 2010, señala que las familias que tienen un ingreso económico por debajo de los 1. 400.000 pesos, no pueden garantizar su seguridad alimentaria pues la canasta básica está por encima de 570.000 pesos colombianos, por lo que para poder tener acceso a ella el ingreso familiar tendría que estar por arriba de los 1. 400.000, Por lo que la obesidad y sobrepeso son mayor en estos estratos socioeconómicos. Otro factor importante es la educación, factor que está relacionada con el estado de salud y nutricional, a comparación de quienes cuentan con un mayor conocimiento educativo ya que asumen mejores comportamientos que benefician la salud. Al igual que en México también existen grandes desigualdades sociales y las causantes que detonan la obesidad son las mismas (Álvarez et al, 2012).

Otro estudio realizado en Rosario Argentina, muestra como también la población con menos recursos económicos no tienen acceso a una buena alimentación, por lo que al elegir sus alimentos deben de contar con las siguientes características: baratas, que rindan, que gusten y que llenen. Por lo regular el tipo de alimentos que cumplen con dichas características son los guisos, el fideo, sopas y pan, todos estos son altos en carbohidratos y grasas. En ocasiones los adultos deben de privarse de los alimentos para dárselo a los niños pues la comida no es suficiente para todos los miembros de la familia y para poder satisfacer su hambre consumen mate. El alto consumo de estos alimentos inducen al padecimiento del sobrepeso y la obesidad. (Perreti et al 2009). Gabin (2010) también coincide que la población de escasos recursos tienden a presentar altas tasas de sobrepeso y obesidad por su alto consumo de carbohidratos. Múltiples son las causas, entre estas están; la inserción de la mujer en el medio laboral, el avance tecnológico, aumento de la comida industrializada, las largas jornadas laborales, la publicidad es cada vez más agresiva que ínsita al consumo de los alimentos procesados.

La Declaración de los Derechos Humanos señala que para poder gozar de salud es indispensable que se haga valer el derecho a la alimentación. De acuerdo a esta declaración, nos damos cuenta que estos derechos se encuentran violentados, porque no existe totalmente la seguridad alimentaria y no solo de Argentina sino también de México.

“Según un análisis realizado por la ONU para la Agricultura y la Alimentación en el año 2001 sobre estos puntos se afirma que son adecuados los alimentos que sean culturalmente aceptables y que se produzcan en forma sostenible para el medio ambiente y la sociedad… su suministro no debe interferir con el disfrute de otros derechos humanos, por ejemplo no debe costar tanto adquirir suficientes alimentos para tener una alimentación adecuada, que se pongan en peligro otros derechos socioeconómicos o satisfacerse en detrimento de los derechos civiles o políticos” (Galindo et al., pp. 4)

Como ya notamos esta problemática está afectando cada vez más a los países en desarrollo y se vuelve un indicador de pobreza. Un estudio realizado en 2003, en niños de edad escolar donde se asocia positivamente el nivel socioeconómico con el alto padecimiento del sobrepeso y la obesidad (Mercado y Vilchis, 2013). Con esto se concluye que entre menor sea la capacidad de adquirir alimentos que favorezcan la nutrición, mayor es el riesgo de padecer sobrepeso y obesidad. Si bien la población de escasos recursos tiene mayor acceso a los alimentos industrializados por ser más baratos, no se les puede culpar de ello, ya que los alimentos de la canasta básica se encuentran a un costo muy alto haciéndolos muchas veces inaccesibles.

 

 

 

Bibliografía

 

  1. Álvarez, C. L., Goez, R. J. y Carreño, A. C. (2012). Factores sociales y económicos asociados a la obesidad: los efectos de la inequidad y de la pobreza. Polit. Salud, Bogotá (Colombia), 11 (23): 98-110, julio-diciembre.
  2. Beltrán, G. F., Saldívar, G. A., Vázquez, N. F. y Martínez, P. G. (2014) Obesidad, Diabetes Mellitus y Pobreza. Medicina Salud y Sociedad Vol. 4 No. 2.
  3. Castañeda, C. E., Molina, F. N. y Ortiz P. H. (2010). Sobrepeso-Obesidad en Escolares en una Área Marginada de la Ciudad de México. Revista Mexicana de Pediatría, 77, Núm. 2.
  4. D. (2009). Obesidad y Pobreza: marco conceptual para su análisis en Latinoamérica. Saúde Soc. São Paulo, v.18, n.1, p.103-117.,
  5. Gabin, (2010). La obesidad en los diferentes niveles socioeconómicos. Revista Electronica de PortalesMedicos.com – http://www.portalesmedicos.com/publicaciones.
  6. Galindo, G. C., Juárez, M. L., Shamah, L. T., García, G, A.,  Ávila C. A. y  Quiroz, A. M. (2011). Conocimientos en nutrición, sobrepeso u obesidad en mujeres de estratos socioeconómicos bajos de la Ciudad de México. Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, Vol. 61 No 4.
  7. González, B. J. (2004). México DF: McGRAN-ALL INTERAMERICANA EDITORES.
  8. González, H, C. y Atalah, S. E. (2011). Regulación de la publicidad televisiva de alimentos para prevenir la obesidad infantil. Universidad de Valparaíso. Chile, Vol. 61 Nº 3.
  9. Ladino, M. L., Sepúlveda, V. N. (2013). Puntos de impacto entre la problemática del siglo XXI: obesidad infantil. Revista Gastrohnup, Volumen 15 Número 1 enero-abril.
  10. Mercado, P., Vilchis, G. (2013). La obesidad infantil en México. Alternativas en Psicología, número 28. Universidad Iberoamericana, México, D.F. 49-57.
  11. Peretti, L. M., Romero, M. y Rovetto, A. (2009). Obesidad en la pobreza. Prácticas y representaciones asociadas a esta patología en sectores de bajos recursos. Invenio, vol. 12, núm. 23.
  12. Saldaña, C. Roseell, R. (2000). Obesidad. Ediciones Martínez Roca, S.A. Barcelona.

 

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El aumento de la pobreza como factor determinante para el desarrollo de la obesidad infantil en México
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El Tratado del Libre Comercio de América del Norte y la epidemia de obesidad en México

En éste artículo abordaré el posible impacto que ha tenido el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en la epidemia de obesidad en México

 

En los años ochenta México se encontraba en un momento difícil, pues vivía una situación económica complicada debido a la caída del peso, por lo que se vio obligado a realizar una serie de reformas que ayudarían a combatir este problema económico. Para 1982 la política agrícola mexicana se vio afectada por la reducción de recursos públicos (Santos, 2014).

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Caelos Maruri, fotógrafo

Ante el inicio de las reformas y ante la recesión económica que atravesaba el país,  en 1983, México realiza cortes en el gasto público, por lo que se ven afectados diversos programas sociales que estaban subsidiados, pues estos fueron eliminados y otros fueron reestructurados. Uno de los programas creados para reducir significativamente los subsidios relacionados a la alimentación y la producción de alimentos, fue el Programa Nacional de Alimentación (PRONAL) (Barquera, Rivera y Gasca, 2001).

En 1986, como parte de las reformas pactadas, se lleva a cabo el acuerdo multilateral entre Estados Unidos y México sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT). El Estado apostó por abrirle las puertas al mercado de Estados Unidos, ya que con ello eliminaría todo tipo de restricción y regulación a las corporaciones agroalimentarias transnacionales (Santos, 2014). Las reformas de corte estructural fueron negociadas por organismos internacionales. Esto llevó a encaminarnos hacia la liberalización de los mercados abriendo paso a la inversión privada. Con lo anterior el Estado jugó un nuevo papel frente a las actividades económicas integrándose a la economía mundial (Torres, 2006). Ante esto la producción agrícola mexicana disminuyó (ibid). Esto es relevante ya que impactó desfavorablemente en la oferta de alimentos locales para los mexicanos y favoreció las condiciones para la importación de alimentos producidos industrialmente.

En 1990 se da paso a la firma del TLCAN bajo el mandato de Carlos Salinas de Gortari.

El gobierno mexicano ve en TLCAN la oportunidad y estrategia para “modernizar la economía”, favorecer la entrada de capitales productivas y de inversión, promover la reestructuración productiva del país hacia las áreas “competitivas” y desarrollar el sector exportador (et al, pp 116.)

Con ello se hicieron cambios en el artículo 27 constitucional, dirigiéndose a la privatización de los ejidos y permitiendo la inversión extranjera en la actividad agropecuaria por medio de sociedades mercantiles. De tal modo, la constitución se adapta al TLCAN y no al contrario como tenía que haber sucedido (Arellanes, 2014). Los fines de este tratado eran, según sus proponentes,  fortalecer la economía mexicana y de igual manera dar paso al incremento de exportaciones. Pero evidentemente no sucedió de esa manera, pues a partir de ello se dieron una serie de reformas estructurales que acabarían por debilitar el área agropecuaria y por ende las exportaciones. El TLCAN sólo responde a los intereses de Estados Unidos, por lo que hay mayor ganancia para este país al abrirle las puertas a las empresas transnacionales sin cuota alguna. Grandes estragos trajo consigo, al provocar un estancamiento productivo y así mismo la desaparición de medianas y pequeñas empresas, dejando a los mexicanos en condiciones desfavorables. De modo que el salario se ve drásticamente afectado al igual que el empleo formal, por lo que la población mayormente afectada fue la que menos recursos tiene (ibid).  Este aspecto también contribuyó a la disminución del poder adquisitivo de millones de mexicanos y a su dieta.

En 1994, nuevamente se presenta una devaluación, por lo que hay otro corte al gasto público,  de tal forma surgen nuevos programas sociales. Tal es el caso del  programa llamado “solidaridad”  dirigido a los tres rubros más importantes: la salud, educación y a la mejora de servicios públicos de las comunidades. Su objetivo principal, según el gobierno era elevar la salud de la población  rural, urbana e indígena con índices de alta marginación. Así mismo desaparece el programa “CONASUPO” organismo paraestatal. (ibid).

A finales de la década, las actividades productivas iban a la baja y la situación se tornaba devastadora, ya que las políticas sociales agropecuarias no favorecieron  a los pequeños productores rurales, sino más bien a los grandes empresas (ibid & Calberg y Rude, 2004). En cuanto a la pobreza,  el problema era más grave, La firma del TLCAN fue uno de los procesos de globalización e integración a nivel mundial. Esto  traería grandes ganancias para los americanos, mientras que para los productores mexicanos, sus ganancias se verían afectadas (ibid).

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Carlos Maruri , fotógrafo

Cuando el proceso de la globalización se dio en América Latina, se vio lleno de rezagos que ha ido arrastrando a lo largo del tiempo. Con este proceso se dio paso a la globalización en México y con ello generando grandes desigualdades sociales y al enriquecimiento de solo una parte de la población (Mota, 2002).

De acuerdo con Vargas y Bourges, (2012) desde 1938 se ha llevado a cabo el proceso de la globalización y este continúa hasta la actualidad, de manera que se ha intensificado el comercio internacional  con la aparición de grandes industrias transnacionales de alimentos en todo el país. A principios del siglo XX, Estados Unidos introdujo el almidón y aceites comestibles donde claramente se ve afectada la alimentación pues la introducción de estos alimentos inducen a la aparición del sobrepeso y la obesidad. Dada esta situación se lleva a cabo un mestizaje culinario y con ello poco a poco la pérdida de  la cultura original. Fausto et al (2006) mencionan que los los procesos de industrialización acelerados han llevado a modificar los patrones alimentarios del país.

Con la entrada del TLCAN y el impacto de la globalización (avances tecnológicos, influencia de medios de comunicación de masas y marketing de alimentos). (Pedraza, 2012) nuestros hábitos alimenticios han sufrido cambios radicales, trayendo un proceso de transición nutricional.

En conclusión el impacto que ha tenido el TLCAN en la alimentación de los mexicanos na ha sido del todo favorable y según los autores consultados este tratado podría ser un elemento importante detrás de la epidemia de obesidad en nuestro país.

Bibliografía

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El Tratado del Libre Comercio de América del Norte y la epidemia de obesidad en México
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