La alteración de los ciclos circadianos causa de obesidad

Las sociedades de hoy en día dedican menos tiempo a las horas de sueño por lo que esto podría ser un factor fundamental para sufrir obesidad.

De acuerdo a Cárdenas, Hernández (2012) y Escobar et al. (2013)  el sueño es una necesidad humana básica. Se trata de un proceso biológico fundamental común a todas las personas. El sueño es vital no solo para mantener una funcionalidad psicológica óptima, sino también la funcionalidad fisiológica de importantes sistemas como el neurológico, endocrino, metabólico, inmune y cardiovascular. Por lo que es fundamental para el estado de salud de cada persona.

El cuerpo humano utiliza un ritmo biológico llamado ciclo circadiano que regula el proceso de vigilia y sueño en un periodo de 24 horas, el cual está sincronizado con los entornos de luz-obscuridad (ídem y Sederi, Escobar y Salgado, 2013). En donde la vigilia está predominada por la actividad física, desgaste energético y consumo de alimentos agua, mientras durante el sueño se ahorra y almacena energía, se reducen los proceso digestivos, se llevan a cabo los procesos de reparación celular, descanso y de organización de memoria (ibídem).  Ciertas hormonas son secretadas de acuerdo al ritmo biológico. Tal es el caso de la hormona de la melatonina secretada durante la noche que induce el sueño y es encargada de la reparación celular. También se secreta la hormona del crecimiento, encargada de sintetizar proteínas (ibíd.). La  somatropina (STH), presenta su pico de secreción a la ½ hora de adormecimiento, el de la prolactina aparece a los 40 minutos después de la STH. La hormona tiroidea (TSH) y el cortisol desaparecen al comienzo del sueño. La insulina, leptina y grelina se dan en las fases de REM (ibíd.).  

Durante el sueño existen dos estadios, el primero llamado NREM (sin movimientos oculares rápidos) y REM (movimientos oculares rápidos). Cada ciclo consta de una sucesión de sueño NREM más REM con una duración de 90 a 120 minutos. Estos estadios constan de 5 fases los cuales se describen a continuación:

Fase 1. Esta fase es la del sueño ligero, dura de 30 segundos a 7 minutos. Los ojos se mueven más lentamente y las frecuencias cardiacas, respiratorias descienden ligeramente. Constituye entre el 5-10% del sueño nocturno completo.

Fase 2. El sueño es ligero, tiene una duración aproximada de 10-15 minutos. Constituye el 44-45% del sueño total.

Fase 3 y 4. Estas fases son las más profundas del sueño, suponen el 15-20% del tiempo total del sueño. Esta fase se describe como N3. La fase se caracteriza por la aparición de ondas delta preparando un sueño lento y profundo. En la fase 4 aparecen ondas más lentas y más largas de tipo delta. Se presenta un sueño más profundo.

Durante el sueño de ondas lentas de secreta la hormona del crecimiento para que el cuerpo se reponga de su desgaste diario, por lo que si la interrupción del sueño se produce durante la fase 3 y 4 del sueño NREM causa fatiga, aumento de la sensación de malestar.

Fase 5. Conocida como REM o MOR (movimiento ocular rápido), ocupa de un 20-25% del sueño total. Esta fase aparece generalmente a los 90 minutos después de las fases anteriores y se caracteriza por la producción de ácido ribonucleico (RNA) ligado a la memoria por lo que la interrupción de esta fase está ligada con problemas de concentración, el estado de ánimo y depresión.

La calidad y el tiempo de sueño que dedique cada individuo se ve influenciado por el tipo de actividades que desempeñe y por el medio en el que se encuentra. En la actualidad los individuos dedican menos tiempo a dormir. Un estudio realizado en los Estados Unidos observó que en 1960 el 15% de los jóvenes dormía menos de 7 horas, por lo que en los últimos años la cifra aumentó a 37.1%.

Hay una gran relación entre la falta de sueño y el aumento de la obesidad. “el sueño juega un papel primordial en la sincronización de la programación de acción de las hormonas. Se ha demostrado que los ritmos hormonales vigilia-sueño son prácticamente irrompibles y que cada hormona tiene un patrón circadiano específico, en el que concierne a su funcionamiento” (ibídem, pp.16)

 

 

La forma de vida que hoy se lleva es fundamental, ya que una mala calidad y cantidad del sueño podría desencadenar una alteración metabólica lo que pudiese contribuir a padecer sobrepeso u obesidad (ídem.). Durante la noche hay un estímulo para motivar la ingestión nocturna de alimentos altamente calóricos. La cantidad de ingesta de alimentos ingerida durante la noche representa el 65% del total del día (ibíd.). De acuerdo a un estudio reportó que el sueño reducido está asociado con las alteraciones metabólicas entre ellas la insulina alta. Otro estudio realizado en jóvenes se manipuló la cantidad total de sueño, después de la noche los jóvenes reportaron sensación de hambre y deseo aumentado por ingerir alimentos ricos en carbohidratos (ibídem). La falta de sueño afecta a la grelina y leptina, dormir menos de seis horas resulta que los niveles de leptina son más bajos y niveles más altos de grelina en el plasma sanguíneo. Esto puede dar señales de que el cuerpo necesite energía e ingiera alimentos (ibíd.).

Las  alteraciones de los ciclos circadianos se debe al ritmo de vida que se vive hoy en dia. Trabajos con jornadas laborales muy largas aunado al tiempo de traslado. Llevando a que la calidad y cantidad de sueño sea inadecuado desencadenando graves problemas en nuestro organismo, entre ellas las alteraciones drásticas que sufre el metabolismo lo que puede ocasionar problemas de salud como lo es el sobrepeso y la obesidad.

 

 

 

 

 

Bliografía

  1. Cárdenas, M. V., y Hernández, G. R. (2012). El Rol del Sueño como Riesgo de Obesidad. Desarrollo Científico Enfermería, (20)1, 14-18.
  2. Escobar, C., González, E., Velasco, M., Salgado, R., y Angeles, M. (2013). La mala calidad de sueño es factor promotor de obesidad. Revista Mexicana de Trastornos Alimentarios, 4, 133-142.
  3. Saderi, N., Escobar, C. y Salgado, R. (2013). La alteración de los ritmos biológicos causa enfermedades metabólicas y obesidad. Revista de neurología, 57(2), 71-78.
  4. Regalado, C.,  López, M. y Juárez, E. (2012). La hormona del Crecimiento en el Sistema Nervioso Central. Rev Med UV, Volumen Especial.
  5. Segura, S.  Jiménez, J. y de Escobar, G. (2009). Enfermedades frecuentes de tiroides en la infancia. Revista Pediatría de Atención Primaria, 11(16).
  6. Villalobos, G. (2003). Glucocorticoides. Centro Nacional de Información de Medicamentos, Universidad de Costa Rica.
  7. Rodríguez, G. (2003). Insulinoterapia. Rev Med Hered, 14(3).
  8. Manuel, L., Zarate, A. y Hernández, M. (2012). Acta Médica Grupo Ángeles, 10(3).

 

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Inseguridad Alimentaria

En este artículo se abordará el tema de la inseguridad alimentaria y la relación con la obesidad.

Como mencioné en mi artículo anterior, el impacto que tuvo el TLCAN en la producción de alimentos en México no fue el anunciado. Por ejemplo fue afectada drásticamente la exportación de frutas y hortalizas: ya que en 1993 se exportaban 6.56% y para el 2005 solo fue el 4.08%. Como lo ilustra este dato la competitividad en el sector hortícola presentó una baja en el mercado internacional (Ruiz y Dolores, 2008). Al parecer los propósitos del TLCAN no se lograron del todo, pues de acuerdo a cifras reportadas la pobreza fue aumentando, pues para 1984 había 11 millones de pobres (16 % de la población) mientras que para el 2002 llegaron a 54 millones (54 % de la población) de los cuales cerca de 20 millones son indigentes. Cabe mencionar que en estos últimos años, el costo de la canasta familiar aumentó en 506 % mientras los salarios sólo subieron un 135 % (Torres, 2006). Esto quiere decir que las familias con menores recursos económicos vieron seriamente afectada su capacidad de satisfacer sus necesidades nutricias y bien, se encontraron (y se encuentran) en una situación de inseguridad alimentaria y por tanto la prevalencia de subalimentación (disponibilidad de energía alimentaria no adecuada para cubrir las necesidades mínimas de un estilo de vida aceptable) ha ido en aumento.  De acuerdo a los datos obtenidos  por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en el 2013 hubo más de 840  millones de personas en el mundo  que sufrían subalimentación y más de la cuarta parte de la población tenía un acceso deficiente a la alimentación. México se encontró por debajo del 5% (Fernández, 2014)

La FAO (1996) define como seguridad alimentaria cuando todas las personas tienen en todo momento acceso físico y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias a fin de llevar una vida activa y sana. En el mismo sentido define inseguridad alimentaria como la disponibilidad limitada o incierta de adquirir alimentos nutricionalmente adecuados e inocuos. Según Shamah, Mundo y Rivera (2014) “la pérdida de la seguridad alimentaria se da a partir de que los países en vías de desarrollo se han enfrentado a crisis económicas prolongadas”.

Para definir la inseguridad alimentaria en México, es necesario partir de los cuatro elementos que lo componen: disponibilidad, acceso, uso de los alimentos y estabilidad de la oferta. De acuerdo a lo anterior, se observa que no existe  seguridad alimentaria en el país, pues el número total de kilocalorías que se consumen son 3 145, mientras que las recomendaciones de la FAO son de 2 362 kilocalorías (ibíd.). Conforme a lo que señala la FAO, nos damos cuenta que se consumen muchas más calorías de lo requerido, pero debemos reiterar que esas calorías no son aportadas por alimentos “saludables”, sino que provienen de alimentos industrializados que son altamente calóricos. Esto es una consecuencia de la inseguridad alimentaria que existe en nuestro país, pues la mayor parte de la población no cuenta con los recursos suficientes para poder llevar a cabo una dieta rica en fibra y proteína.

La pobreza alimentaria ha ido aumentado, para el 2006 era del 13.8% por lo que para el 2010 se presentó un aumento significativo ya que las cifras presentaban el 18.2%. Para el 2012 el 22.2% de los hogares tuvo que disminuir la calidad y cantidad de su alimentación y más de la cuarta parte de los mexicanos tiene acceso deficiente a la alimentación debido a que sus ingresos económicos estaban por debajo del precio de la canasta básica. .Para hacerle frente a la inseguridad alimentaria se llevaron a cabo cambios políticos. Uno de ellos fue la reforma constitucional del artículo 4 y 27, para reconocer a la alimentación como un derecho fundamental de todos los mexicanos. Por otro lado, se encuentra el programa “de la Cruzada Nacional contra el Hambre”, conocido actualmente como el Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018, el Programa Nacional México sin Hambre (Ibíd.).

 

 

De acuerdo a la ENSANUT 2012, 7 de cada 10 hogares presenta algún grado de inseguridad alimentaria y 1 de cada 3 presenta inseguridad alimentaria en su forma moderada o severa,  como consecuencia trae consigo el  padecimiento del sobrepeso y obesidad de los niños que viven en estos hogares, pues 1 de cada 5 la presenta (ibíd.).

La mayoría de los hogares consumen alimentos industrializados debido a que son conseguidos a  un menor costo, esto ha sido a causa del aumento en el precio de los alimentos nutricionales en mercados locales e internacionales. Para poder satisfacer sus necesidades calóricas las poblaciones que no cuentan con suficientes recursos económicos recurren a la ingesta de alimentos procesados, ya que al ser más accesibles pueden cubrir sus necesidades alimenticias, pero no nutricias (Ibíd.). En contraste, con lo anterior, se propone el gráfico llamado el plato del bien comer, donde muestra todos los grupos de alimentos que deberían de ser consumidos con mayor, regular y poca frecuencia. Por lo que su diseño está encaminado a dirigir a la población a que lleven una alimentación balanceada y saludable, sin tomar en cuenta los múltiples factores que se han venido mencionando a lo largo del documento.

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Un estudio realizado en dos escuelas públicas de la delegación Tláhuac del Distrito Federal, demostró que la prevalencia de la obesidad infantil va en aumento en población de escasos recursos (Castañeda, Molina y Ortiz, 2010). Este tipo de hogares es la que menos acceso tiene a los alimentos que señala la canasta básica, entonces es cuando se habla de que sufren inseguridad alimentaria, esto quiere decir que tienen muy poco o nulo acceso a alimentos como son los cereales integrales, frutas y verduras, lácteos y productos de origen animal por lo que su único acceso es la comida industrializada. Otro estudio realizado en hogares mexicanos señala que poco más de la mitad de estos hogares presentan algún grado de inseguridad alimentaria (50%). En 7.5% de estos casos, el jefe de familia es indígena y en casi de la mitad de los hogares el jefe de familia solo contaba con escolaridad básica (47.4%). Los hogares con mayor inseguridad alimentaria son dirigidos por mujeres, con una persona de lengua indígena o con personas de baja escolaridad, Donde el ingreso familiar se encontraba más bajo fue en familias semirurales o rurales. Este grupo de población tiene mayor disponibilidad en alimentos como el maíz, el trigo, huevo y azúcares. Por otro lado el mismo estudio demostró que los hogares que viven con niños tienden a padecer mayor inseguridad alimentaria que aquellos hogares donde no hay niños (Valencia y Ortiz, 2014).

Cuadro I
DISPONIBILIDAD DE ALIMENTOS DE ACUERDO CON NIVEL DE INSEGURIDAD ALIMENTARIA EN HOGARES MEXICANOS, 2010
Seguridad alimentaria

(SA)

M±

Inseguridad alimentaria leve

(IA-L)

M±

Inseguridad alimentaria moderada

(IA-M)

M±

Inseguridad alimentaria severa

(IA-S)

M±

Producto de maíz 182.8 232.5 228.3 245.0
Producto de trigo 64.3 58.4 59.1 54.9
Arroz 12.6 13.8 15.0 15.1
Tubérculos 24.8 25.1 23.0 22.3
Frutas frescas 109.0 74.4 62.0 51.1
Verduras frescas 147.6 146.4 136.1 115.9
Verduras procesadas 45 3.8 3.9 3.3
Leguminosas 25.0 31.6 35.6 38.6
Carnes frescas magras 25.4 19.3 15.5 14.0
Carnes procesadas 21.3 19.0 17.0 16.2
Pollo magro 20.6 16.8 13.7 11.4
Otras carnes 0.2 0.2 0.1 0.1
Pescados y mariscos 8.1 6.0 5.1 4.7
Leche 165.0 119.8 110.8 101.4
Quesos 13.6 11.8 10.1 7.6
Huevo 37.9 41.6 47.2 46.1
Grasas animales 5.0 4.8 4.8 3.8
Aceites vegetales 17.7 19.5 19.2 19.6
Frituras 2.0 1.5 1.1 1.1
Antojitos y comida rápida 53.5 42.5 38.3 33.0
Bebidas azucaradas 191.3 156.7 134.1 129.1
Azúcares 16.9 21.3 21.3 24.0
Postres 3.9 2.7 2.1 1.4
Bebidas alcohólicas 14.5 6.3 8.6 12.0

Fuente: Valencia, V. R. Ortiz, H. R. (2014). Disponibilidad de alimentos en los hogares mexicanos de acuerdo con el grado de inseguridad alimentaria. Salud pública de México / vol. 56, no. 2.

Nota: ±Media de gramos o mililitros al día por adulto equivalente.

 

De acuerdo al cuadro II, se observa la disponibilidad de los alimentos en los hogares de acuerdo al grado de inseguridad que cada grupo presenta, en donde el consumo de algunos alimentos como pollo, carne, carne magra, pescado y mariscos, frutas frescas, verduras frescas y leche son consumidos mayormente por aquellos que no sufren inseguridad alimentaria que los que si sufren algún grado de inseguridad. Mientras los que sufren inseguridad alimentaria severa tienen mayor acceso a productos de maíz y trigo, pero tienen un menor acceso a carnes frescas magras, pollo magro y pescados y mariscos (Ibíd.).

Por otro lado la Academia Americana de Pediatría, sugiere que los niños consuman cinco porciones de frutas y verduras al día, lo que podría ayudar a la prevención de la obesidad (Ladino y Sepúlveda, 2013). Dadas las circunstancias que se viven en el país y lo que vengo relatando  sabemos que esto es sumamente difícil y quizá eso explique en parte que en los últimos diez años ha habido un aumento dramático del sobrepeso y obesidad en este sector. Las encuestas nacionales de salud (1999-2006) demuestran que el sobrepeso y la obesidad de niños de entre 5 y 11 años aumentaron casi un 40%. La última encuesta nacional de salud reveló que en el país el 26% de los niños en edad escolar presentan sobrepeso (Mercado y Vilchis, 2013).

Alrededor del 20 y 30% de los niños en edad escolar tienen sobrepeso y obesidad, lo que lleva a México a situarse en ser el segundo país que le aqueja esta problemática. De acuerdo a los datos, las tasas del sobrepeso y obesidad van en aumento en aquellos países que se encuentran en vías de desarrollo, afectando principalmente a los grupos que tienen pocos recursos, siendo la principal causa de ello, la mala nutrición (Méndez et al., 2002).

De acuerdo a los datos reportados en la Encuesta Nacional de Nutrición (ENSANUT) 2006,  se encontró que la prevalencia de la obesidad infantil en niños aumentó (77%), mientras que en las niñas fue de (47%). La misma encuesta reportó que 26% de los niños y niñas de entre 5 y 11 años (4.15 millones de infantes) tenían prevalencia de sobrepeso y obesidad, de manera que afectaba mayormente a las niñas con 26.8% que a los niños con 25.9% (Castañeda, Molina y Ortiz, 2010). Con la magnitud de estas cifras nos damos cuenta que las medidas preventivas que ha lanzado el Estado -centradas principalmente en corregir los estilos de vida de las personas- no han sido suficientes.

En conclusión, las familias que viven con inseguridad alimentaria tienden a padecer sobrepeso y obesidad ya que no tienen acceso a los alimentos de la canasta básica y los únicos alimentos que pueden consumir debido a su situación económica son los productos industrializados, ya que estos son alimentos con un buen sabor y sobre todo son baratos y les satisface su hambre.

 

Bibliografía

  1. Castañeda, C. E., Molina, F. N. y Ortiz P. H. (2010). Sobrepeso-Obesidad en Escolares en una Área Marginada de la Ciudad de México. Revista Mexicana de Pediatría, Vol. 77, Núm. 2.
  2. Fernández, U. N. (2014). La seguridad alimentaria en México. Salud Pública de México / vol. 56.
  3. Méndez, S.N.,  Pichardo, B.R., Guevara, G.L. y Uribe, E.M. (2002). Cap. 1. Obesidad epidemiología, fisiopatología y manifestaciones clínicas ( 1-28). Manual Moderno.
  4. Mercado, P., Vilchis, G. (2013). La obesidad infantil en México. Alternativas en Psicología, número 28. Universidad Iberoamericana, México, D.F. 49-57.
  5. Ruiz, A. y Dolores, B. (2008). Globalización y competitividad en el sector hortofrutícola: México, el gran perdedor. El Cotidiano, vol. 23, núm. 147, enero-febrero.
  6. Shamah, L. T., Mundo, R. V. y Rivera, D. J. (2014) La magnitud de la inseguridad alimentaria en México: su relación con el estado de nutrición y con factores socioeconómicos. Salud pública de México, vol.56.
  7. Torres, T.M. (2006).  El impacto de los acuerdos de libre comercio sobre el derecho a la salud. Revista Cubana de Salud Pública, vol.32 n.3, 1-7.
  8. Valencia, V. R. Ortiz, H. R. (2014). Disponibilidad de alimentos en los hogares mexicanos de acuerdo con el grado de inseguridad alimentaria. Salud Pública de México / vol. 56, no. 2.
  9. Vega, M., Shamah, L. T., Peinador, R. R., Méndez, G. y Melgar, Q. H. (2014) Inseguridad Alimentaria y Variedad de la Alimentación en Hogares Mexicanos con Niños menores de Cinco Años. Salud Pública de México / vol. 56.

 

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Largas jornadas laborales que impactan en la problemática de la obesidad infantil

De acuerdo a mi artículo anterior inseguridad alimentaria vimos como las familias que viven con inseguridad alimentaria tienden a padecer sobrepeso y obesidad ya que no tienen acceso a los alimentos de la canasta básica y los únicos alimentos que pueden consumir debido a su situación económica y a la falta de tiempo para la preparación de comida nutritiva, son los productos industrializados, ya que estos son alimentos con un buen sabor y sobre todo son baratos y les satisface su hambre.

Con la llegada de la revolución industrial surgieron cambios drásticos para la humanidad, esto fue, la explotación de la llamada clase trabajadora. Los obreros trabajaban por largas horas y no suficiente con ello, la mano de obra era mal pagada. Las contrataciones eran por corta duración y las indemnizaciones por despido eran reducidas y por si fuera poco, no había derecho a huelga. Fue hasta 1931, donde México establece en sus leyes mexicanas del trabajo en los artículos 32 fracción VII, artículo 5 fracción III y artículo 59 que establecen, prohibición de jornadas laborales inhumanas así también como la posibilidad para el trabajador y el patrón de fijar la duración y horas de trabajo (Lastra, 1997). Con ello llegó la reducción de la jornada laboral de 8 horas, que se mantienen hasta la actualidad. Pero debemos destacar que en la Ciudad de México, así como muchas zonas metropolitanas de nuestro país, estas jornadas se extienden debido a los largos trayectos que se tienen que recorrer durante  los traslados del trabajo al hogar y viceversa. Por lo anterior son comunes las jornadas de 10 u 11 horas.

Con la entrada de la revolución industrial hubo una mayor disponibilidad a muchos alimentos. Con la evolución de la producción se ha ido perdiendo gradualmente el proceso de alimentación, su origen real, sus procedimientos, su almacenamiento y su transporte. Tal como lo dice Contreras

“esa revolución industrial, junto con la especialización y los rendimientos crecientes de la producción agrícola y el desarrollo hipertrófico de las ciudades, ha contribuido a crear una modernidad alimentaria que ha trastocado la relación del individuo con su alimentación. La evolución de los modos de vida, sobre todo la generalización del salario, supuso una regresión del autoconsumo y una demanda creciente de productos listos para comer “.

Las largas jornadas de trabajo, un salario muy bajo, la falta de empleo formal y las condiciones en las que se laboraban no eran las más favorables para la alimentación de los trabajadores. Hoy en día la situación se encuentra de la misma manera.

A la falta de empleos formales, el trabajo informal ha ido ganando terreno y con el paso del tiempo se sigue destacando mayormente que el trabajo formal. Las condiciones en las que se encuentran tampoco son las más favorables destacando como factor fundamental la falta de seguridad social.

Resultado de imagen para largas jornadas laboralesSin duda, hoy en día, la mayor parte de la población trabaja más de estas 8 horas debido al bajo salario que se tiene. Es por ello, que con el fin de poder satisfacer parte de sus necesidades, en ocasiones se tiene más de un trabajo o en efecto las jornadas laborales son más largas.

Al encontrarnos en las mismas condiciones socioeconómicas, en donde la canasta básica está por encima del salario mínimo, llevando a que no se pueda tener acceso a alimentos de la canasta básica y por tanto no poder satisfacer las necesidades nutricionales adecuadas, por lo que la única opción que se tienen es el consumo de comida rápida o industrializada, pues al compararla con los alimentos que aportan nutrientes, nos damos cuenta que es mucho más económica. Es por eso que el consumo de los alimentos industrializados es mucho mayor, presentándose una transición alimentaria, donde se muestran cambios drásticos en la dieta mexicana.

Otra elemento que contribuyó a la transición alimentaria fue la urbanización, la cual llegó en medio de la pobreza. Esto trajo que las jornadas laborales sean más largas, lo que provocó que ya no hubiese tiempo para poder cocinar o hacer otro tipo de actividades, así que, la mejor opción es el consumo de alimentos industrializados, desencadenando un problema de salud (ibíd. 2012). Anteriormente, el país se encontraba con mayor número de población que vivía en zonas rurales, alrededor del 75 al 80%  y la urbana era solo del 20% al 25%, por lo que el proceso de urbanización llevó a que los habitantes se vieran sumergidos en vidas aceleradas. (Fausto et al, 2006). Esto implica que la mayor parte de la población se encuentra en condiciones laborales desfavorables y que su alimentación no sea  adecuada por los largos traslados aunados a la falta de tiempo para poder preparar un desayuno o comida nutritiva, teniendo como única opción el consumo de los alimentos rápidos.

Otro factor
que hay es la inserción de la mujer en el área laboral, en consecuencia trajo que ya no haya tiempo para la preparación de alimentos, ya que históricamente el estereotipo predominante de género en nuestra cultura le asigna a la mujer ese papel.

Con el proceso de la industrialización, la urbanización acelerada y la mala economía, llevó a que las jornadas laborales cada vez sean más largas y estén rodeadas de malas condiciones. Así mismo la inserción de la mujer en el campo laboral trajo consigo la falta de tiempo para la preparación de alimentos, dejando por lo que los únicos alimentos accesibles son los industrializados contribuyendo con ello un grave problema de salud pública, la obesidad infantil. Esto impacta directamente a los niños. Ya que la madre históricamente ha adoptado el papel de ser la responsable en la preparación de la comida, pero al no tener tiempo suficiente la única alternativa es recurrir a la comida rápida.

 

Bibliografía

  1. Contreras, H. J. (2005). La obesidad: una perspectiva sociocultural. De Barcelona. Depto. De Antropología Socia. 31-51.
  2. Fausto, G. J., Valdez., L. R., Alderete, R. G. y López, Z. M. (2006). Antecedentes Históricos de la Obesidad en México. Investigación en Salud, vol. VIII, núm. 2.
  3. Mota, D. L. (2002). Globalización y pobreza: dicotomía del desarrollo en América Latina y México. Espacio abierto vol. 11, no. 2.
  4. Lastra, J. M. (1997). Instituciones de Derecho del Trabajo de y de la Seguridad Social. Instituto de investigaciones Jurídicas UNAM, México.

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