PRÁCTICAS NARRATIVAS PARA PROMOVER LA SALUD. Una experiencia en Prácticas Narrativas

En esta publicación quisiera platicarles una experiencia que parece importante compartir porque ha contribuido de manera significativa en mi vida personal y profesional, sobre todo a clarificar la visión y la posición que ocupo como mujer en distintos contextos.

A inicios del  2013 una amiga me compartió la convocatoria para tomar el Diplomado Internacional en Prácticas Narrativas y trabajo comunitario. Diplomado dirigido a personas que trabajan en áreas de educación y trabajo comunitario,  así que me interesó tomarlo. Me daba curiosidad saber a qué se referían con “Prácticas Narrativas”, desde dónde se aborda la narrativa, si había alguna la relación con la Promoción de la Salud y con el trabajo que he venido desarrollando en la Asociación Civil, Servicios para el Desarrollo, así como conocer las experiencias de otras organizaciones y el trabajo que realizan desde la Narrativa.

tres mujeresAlgunas frases que comencé a escuchar en relación a la Práctica Narrativa y que inquietaron mi cabeza fueron: “El problema es el problema, las personas nunca son el problema”, “Cómo responder ante la violencia a la que nos enfrentamos las mujeres”, “La identidad es un logro colectivo y no individual”, “Engordar las historias preferidas o chidas”, “Cómo se van estableciendo las relaciones de poder (la cancha de juego)”, “La práctica narrativa tiene que ver con una posición política”, entre otras. Ideas que desde mi perspectiva se relacionaban  con una práctica de  promoción de la salud desde una visión integral, con la que yo me identificaba durante el diplomado, cada   tema revisado  desde el enfoque narrativo me causaba inquietud y una sensación extraña de curiosidad y motivación.  Quería  saber más sobre la práctica narrativa y el trabajo que se podría hacer desde esa visión en  contextos comunitarios. Desde el tema de identidad, saberes locales, cultura, poder, salud, historias  preferidas, el problema es el problema y la persona es la persona. En cada tema encontraba relaciones y ejemplos vinculados al lugar en el que trabajo.  Me venían a la mente imágenes de las compañeras de comunidades y de las personas con las que trabajo.

Quiero hoy compartir un poco más acerca de a qué se refieren las prácticas narrativas cuando hablan de las historias que sirven para contarnos y contar el mundo.  En el diplomado nos explicaban  que construimos los relatos de nuestras vidas como cuando vemos constelaciones de estrellas  en el cielo. Cuando distinguimos constelaciones en el cielo, tomamos como referencia sólo algunas estrellas que según nosotros, forman figuras, personajes, animales etc. Cuando seleccionamos estas estrellas y las vemos así, “borramos” o dejamos de ver el número infinito de estrellas alrededor de la figura. Pasa así cuando contamos nuestra vida.  Quienes fundan su práctica en la narrativa dicen que las personas cuentan las historias que han construido a partir de los recuerdos que le son más significativos. En muchas ocasiones esas historias son relatadas sin tomar en cuenta  otros eventos que existen pero no se dicen, porque en el momento que se cuentan no son relevantes en la vida de las personas.

Esto me hacía   pensar en muchas cosas. Por ejemplo, me hacía recordar  las historias que las compañeras mujeres artesanas nos han compartido acerca de sus vidas.  Muchas veces estas historias  quedan como simples relatos anecdóticos, sin valor, ni  reconocimiento. Estos relatos son, sin embargo  muy  importantes en la vida de las personas y  por eso los cuentan. No siempre estos relatos pueden tener suficiente resonancia y salir de su memoria. No siempre, como escuchas de esos relatos, estamos en posibilidad de escuchar el fondo de lo dicho, de notar las estrellas alrededor de la constelación. De escuchar lo que no se dice pero está. De honrar a las personas por sus historias y por lo que las historias dicen de ellas.

Recuerdo una historia particular que me quedó grabada en el pensamiento y en mi ser como mujer. Esta historia atravesó mi cuerpo provocando una sensación de indignación, porque es una historia que comparten muchas mujeres en diferentes contextos. Esta historia  me hizo reflexionar sobre mi posición como mujer en los contextos donde me desenvuelvo.

Recuerdo que durante el intercambio de experiencias entre estudiantes y grupos de mujeres en diferentes comunidades del Valle del Mezquital, una compañera  que pertenece a una cooperativa de artesanas contó una  historia. El intercambio estaba enfocado a conocer las formas de organización y participación de las mujeres artesanas, así como mostrar el trabajo que realizan y compartir la experiencia que han vivido como mujeres en contextos rurales e indígenas. La compañera comenzó expresando que era la primera vez que participaba porque no sabía cómo expresarse, que sentía pena y miedo hablar con gente que no conocía. Comenzó saludando en su lengua Hñahñú y posteriormente se disculpó con los estudiantes y les explicó que ella no sabía hablar muy bien el español y que esperaba que la entendieran porque era la primera vez que ella platicaba de esta experiencia frente a tanta  gente.

La compañera platicó una parte de su historia más o menos así:

“Era muy difícil trabajar con el grupo de mujeres (las artesanas) porque nuestros esposos no nos dejaban salir de las casas; cuando llegaba alguien a la comunidad nosotras corríamos a escondernos en la cocina, ellos eran los que hablaban y decidían lo que hacíamos nosotras.  Mi esposo me tenía amenazada: ‘si te vas a vender tus artesanías, nunca vuelvas porque te voy a matar’ “Yo siempre regresaba por mis hijos…les traía que comer, los tenía que cuidar porque estaban chiquitos. En una ocasión cuando me eligieron como representante de la organización de mujeres, tuve que salir a un evento fuera del estado durante dos días.  Al irme lo primero que me dijo mi esposo fue: ‘ya no regreses, olvídate de tus hijos, si vuelves te voy a estar esperando y te voy a matar”.

Muy conmovida y con lágrimas en los ojos la compañera terminó de contar:

“Al regresar de ese evento estaba preocupada porque pensaba en las palabras que me dijo mi esposo. Cuando llegué a Ixmiquilpan, unas compañeras de la comunidad me dijeron: ‘no regreses porque él te está esperando con un palo y vas a ver cómo te va ir’ Con mucho miedo regresé a la comunidad pensando en lo importante que son mis hijos, no los voy a dejar sin comer y con ese hombre malo que quiere matar a su mamá’ Al llegar a la comunidad los vecinos me repetían las mismas palabras: ‘no vayas a tu casa porque te está esperando con el  machete’. Cuando llegué a la casa el señor me estaba esperando en la entrada de mi casa con el machete y me dijo: ’te dije que si te ibas ya no volvieras porque te iba a matar, le respondí: ‘pues sí, eso me dijiste, pero regresé por mis hijos no por ti, así que si quieres matarme hazlo, pero primero mata a tus hijos, luego me matas a mí y luego te matas tú, porque no te voy a dejar a mis hijos y no creo que puedas vivir con eso.  ¿Qué les vas a decir a tus hijos cuando crezcan y te pregunten por mí?’.

Y continuó:

“No, no me mató, aquí sigo con mis hijos y con él también”.

En ese momento algunas compañeras expresaron que fue muy valiente al regresar por sus hijos y que estaban orgullosas de ella porque les dio una muestra de valentía como mujer, ya que muchas mujeres vivimos todos los días distintos  tipos de violencia. Muchas de estas mujeres optan por no  salir de esta situación  por miedo a más violencia  y se quedan  calladas.

Un relato sencillo y con mucha fuerza a la vez.  Historia que me hizo pensar en la importancia  engrosar las historias, de resaltar lo implícito, lo que está allí, aunque no lo notemos. Y de esto se  habla en las prácticas narrativas. Podríamos escuchar esta historia, resaltando el relato de dominación del marido de esta mujer, sus amenazas y el riesgo real de que la lastimara y hasta la matara, al haberse ella rebelado a sus reglas. Y lamentarnos de que tantas mujeres como ella vivan en esta situación.  Pero también podemos escuchar esta historia resaltando el valor de esta mujer, su constancia al comprometerse en el trabajo con otras mujeres, aun corriendo riesgo. Su valentía y coraje al enfrentarse con inteligencia a su esposo y a su mandato. Su decisión de cuidar de sus hijos de ese padre. Sus estrategias para sobrevivir en una sociedad en la que los hombres deciden por sus mujeres.

Toda esta historia me hizo pensar y por eso quiero compartirla. Me recordó lo importante que es también pensar en  la re-significación del ser mujer, la de resistencia que tenemos ante situaciones difíciles, los valores que están detrás de ese relato, de la importancia que tiene la vida, de la fuerza y la capacidad de hacer cosas increíbles como mujeres, de la manera de pensar de los hombres en distintos contextos, de las maneras de pensarnos como mujeres, de las relaciones de poder que se establecen en una relación de pareja, de la violencia que en la actualidad siguen sufriendo las mujeres en todas partes del mundo. Me quedo pensando en mí como mujer y en las demás mujeres, en lo importante que es compartir la experiencia, identificar nuestras fortalezas como mujeres en los distintos contextos. Pienso en los privilegios (por ejemplo: educación, información, vivir en un contexto urbano, entre otros), que podemos acceder unas y las dificultades que pasan las que no los tienen, en la capacidad que tenemos para “mirar con otros ojos” las cosas que nos duelen y nos lastiman como mujeres. Tenemos que responder solidariamente con otras mujeres desde nuestras fortalezas y con la convicción de ser testigos y animadoras de sus propias fortalezas.

La propuesta de trabajo desde la práctica narrativa asume que las personas son expertas de sus vidas y que todas tenemos las herramientas, conocimientos y habilidades para disminuir la influencia de los problemas en nuestras vidas. Como seres sociales, nuestra identidad es una construcción colectiva y está separada de los problemas.

Más adelante continuaré dando ejemplo de esta práctica y la narrativa para seguir tejiendo historias que re-signifiquen nuestra vida y podamos seguir tejiendo nuestra historia desde lugares diferentes, re-pensarnos todos los días y valorándonos como mujeres…

Muchas gracias…

 
Licencia Creative Commons
PRÁCTICAS NARRATIVAS PARA PROMOVER LA SALUD. Una experiencia en Prácticas Narrativas por Yedid Alejandra Galván Martínez se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

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PRÁCTICAS NARRATIVAS PARA PROMOVER LA SALUD. Una experiencia en Prácticas Narrativas
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Para ser respetado, hay que aprender a respetar

En mi artículo titulado “un episodio difícil” describir una situación que enfrenté en mi trabajo como promotora de la salud en la cual el respeto fué trascendental. En mi ámbito laboral varios valores juegan un papel importante, pero sin duda el respeto es fundamental, ya cuando éste se da genera condiciones para que los participantes de los procesos de promoción de la salud queden satisfechos. Para explicar un poIMG-20151105-WA0000co mejor de lo que hablo empezaré diciendo que:

El respeto sin duda es uno de los valores morales que es importante en varios aspectos de mi vida. Yo lo llevo a la práctica en lo familiar y  laboral así como con mis amigos, ya que considero que es fundamental para poder lograr un ambiente armonioso de interacción. Sin embargo lograr el respeto en un ambiente de promoción de la salud no siempre es algo que se dé sólo. El respeto se construye. Con respecto a esto puedo deducir que el respeto que me tienen los jóvenes con los que trabajo es porque he aprendido a ser tolerante ante sus actitudes, además de tratar de comprenderlos, valorar sus intereses y necesidades. Por ejemplo no todos los jóvenes tienen la misma edad, ni los mismos intereses. Por eso durante el periodo que trabajé con ellos era importante realizar actividades de acuerdo a sus edades en diferentes etapas y que al final les sirviera y no causara molestia en ellos. Tomando en cuenta esto lograba que las actividades resultaran adecuadas y agradables para ellos. Y considero que ésto es una forma de respetarlos.  Pero esto no siempre sucedió así.  Al inicio de mi trabajo, ellos no manifestaban mucho interés. Esto se notaba porque ponían caras de desagrado e incluso querían que las actividades terminarán antes de lo planeado. Con base en esto fue necesario que yo realizara dinámicas divertidas en cada tema que tocábamos para que todos los jóvenes pudiesen participar. Es por ello que tomé la decisión de innovar en las actividades con los jóvenes.  Con respecto a esto, siempre les he recalcado que todo lo que aprenden, así parezca muy sencillo , en algún momento de su vida les servirá para llevarlo a la práctica en lo personal o laboral y  esto sin duda me ayudó a comprender que para obtener respeto hay que aprender a respetar.

Para poder aprender a respetar es necesario poner atención a tu alrededor y aprender a analizar la situación o escenario en el que te encuentras para poder lograr entender qué es lo que se necesita hacer. Además de que no todos pensamos de forma similar, cada uno es diferente y tiene necesidades diferentes, en sí debemos aprender a escuchar al otro. Pero sobre todo aprender apreciar y valorar los conocimientos y virtudes de cada uno de los jóvenes. Es importante ir analizando cada situación que se te presenta en el trabajo pues esto te ayudará a saber cómo debes actuar y tomar decisiones. Es por ello que en cada situación que se me presenta analizo y reflexiono mi forma de actuar con los jóvenes.  

Por ejemplo en el segundo año de ser promotora de la brigada Zacatuches, sentía muy nerviosa ya que contaba con jóvenes especialistas en salud, como estudiantes de medicina, enfermería y psicología. Esto a mí en lo personal me parecía un gran reto ya que debía estar preparada en varios temas pues ellos eran los expertos. En una ocasión nos tocó hacer limpieza en la Casa de Cultura Quinta Axayopa en agradecimiento a que nos prestaban el lugar.  Ese día al igual que los jóvenes ayudè a realizar la limpieza y justo cuando estaba lavando las ventanas una chica llamada  Ibeth quièn era  beneficiaria en ese entonces dijo “¡ay!, mi vida, eres un amor, en vez de que diga háganlo, ella empieza a hacerlo”, en ese momento comprendí que antes de dar una orden debemos partir con el ejemplo.

Sin duda todo esto que he hecho con los jóvenes y el aprender a manejar la situación no ha sido fácil, es por ellos que siempre pido consejos. Esto  en especial con Verónica, una compañera de trabajo y además una gran amiga, al igual que a Ramiro que además de ser mi ex-coordinador es al igual un excelente amigo. Siempre me ha gustado escuchar crìticas de mi trabajo para poder hacerlo mejor o bien tratar de mejorar algunas cosas. Ellos además de ya tener práctica, son muy buenos en lo que hacen. Es por esto que aprendí de ellos que más que un buen líder no es aquel que ordena y dice que hacer, si no que escucha y es el primero en poner el ejemplo. Por otro lado Vero fue mi promotora y de ella también aprendî que es importante generar confianza con los jóvenes pero que en momentos de trabajo y respeto hay que saber diferenciar de la amistad, ya que es importante que los jóvenes aprendan a trabajar de una forma que les agrade, pero teniendo en cuenta que en la práctica yo soy su promotora y fuera soy una amiga con la cual pueden contar, y sin duda todas estas enseñanzas me han servido, para poder trabajar con los jóvenes con los que trabajo.

Si bien este proceso no fue fácil, ya que a través de la práctica tuve que aprender que a los jóvenes no debe dárseles toda la confianza, y en si a todo aquel con el que laboras, ya que muchas veces esto puede ocasionar que los acuerdos a los que llegan no se respeten. Por ejemplo yo siempre he sido accesible con los chicos nunca les levantó la voz y siempre que necesitan mi apoyo se los doy. Pero en una ocasión en la que nos tocaba firmar listas de asistencia, una chica se equivocó y firmó en otro lugar donde no se encontraba su nombre. Entonces les dije que teníamos que volver a imprimir las listas y esto generó que los demás jóvenes se desesperan y comenzaron a gritar. Entonces en ese momento yo me desesperé y les grité “Estoy hasta la madre, yo siempre los apoyo y ustedes nunca ponen de su parte, así que se calman y se esperan”. Algunos se quedaron callados, otros tenían la mirada así abajo, otros sólo movían la cabeza diciendo sí, en fin varias reacciones en ese momento se reflejaron. Pero sin duda la mía ya que nunca me había visto así, esto me ayudó a comprender que no solo la confianza es un arma importante para el liderazgo, sino que también tener en claro los papeles de cada uno. Ahora los jóvenes tienen claro que cuando levantó la voz es porque se tiene que hacer y es la última palabra.

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