La perspectiva de género, el feminismo y lactancia materna.

La perspectiva de género, el feminismo y lactancia materna.

 

En esta ocasión tocaremos algunos de los aspectos socioculturales que me parecen tienen relación con la intervención en el devenir de la lactancia materna en México. Lo que abordo en las siguientes líneas, es de gran relevancia, pienso que es de los principales factores en el contexto de la maternidad y la relación mercado-lactancia.

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En las sociedades modernas del siglo pasado surgió una nueva perspectiva en algunas  mujeres que conllevó  a su liberación; en buena medida se lograron avances. “Parte de esta liberación incluyó la posibilidad de que las mujeres se incorporaran a actividades de las que antes estaban excluidas”(Lagarde, M. 2012.p 70).  Este proceso también contribuyó a la modificación con relación a la crianza; con algunos aspectos positivos como el creciente involucramiento de los hombres en el cuidado de sus hijos. 

Para poder entender de manera integral esta transición social en las mujeres y su contexto con la maternidad, utilizaremos la perspectiva de género (1) como un referente para explicar lo sucedido en el devenir de la práctica  de la lactancia materna.

 

Marcela Lagarde (2012) menciona que, aunque las mujeres han conseguido cambiar su posición respecto al hombre en lo público-privado, la incursión laboral o la alfabetización de ellas, aún persiste la desigualdad entre hombres y mujeres en muchos ámbitos.

“En la utopía de la emancipación y la liberación de las mujeres se afirmaba que, al situarse en lo público como los hombres, trabajar como ellos, ganar dinero, como ellos, tener éxito y poder como ellos, se eliminarían la desigualdad, la discriminación y todas las formas de opresión de género. Sin embargo, la mayoría de las mujeres se modernizó y, en efecto, disminuyeron ciertas desigualdades y formas de discriminación, pero han surgido otras nuevas”

Con el feminismo en su esplendor en el siglo XX las mujeres lograron cambios de manera significativa en el ámbito  social, laboral y familiar con relación a su papel dentro de lo público. Las actividades domésticas, la maternidad y lo privado de las mujeres se dejó de lado y se logró hacer que las mujeres se insertaran en el ámbito de lo económico remunerado. Durante el siglo pasado los estereotipos predominantes de género regulaban de facto las actividades relacionadas con el cuidado de los lactantes, asignando toda la responsabilidad del cuidado a las mujeres y la responsabilidad de proveer el sustento económico a los hombres. (Lagarde, M. 1996).


Algunas de las mujeres del siglo anterior rompieron con la construcción de  su género y  fracturaron aquello que se veía de manera natural, pensándose como humanas, como sujetas de poder y,  que como tal, se pensaban como madres femeninas dándole de mamar a sus hijos (Lagarde, et al. 1996). Es importante resaltar que cada sociedad es distinta en su construcción cultural, sin embargo, una constante en las sociedades occidentales es la subordinación de las mujeres por parte de los hombres y la asignación del papel de la crianza de los hijos (Lamas, M. 2008).

La valoración cultural de las mujeres en las sociedades siempre se ha asociado a la maternidad. La cultura de muchas sociedades se ve fundada en las diferencias biológicas sexuales entre mujeres y hombres; motivo por el que se asignan los papeles desde que nacen para que se inscriban estos preceptos y se perpetúen a lo largo de su vida (Lamas, et al. 1986).

Históricamente, el trabajo doméstico se ha percibido como una actividad para las mujeres, sin embargo, no ha sido un trabajo formal ni mucho menos remunerado, básicamente por las concepciones de género (2); de forma que se ve “natural” que las mujeres en su labor humana reproduzcan estas tareas como expresiones amorosas y femeninas. Caso raro es la mujer que no reproduce estas acciones dentro de su familia, además de ser señalada y juzgada como “anormal” desde la sociedad patriarcal (3) (Lamas, et al. 2008).

En la división de trabajos, lo maternal le corresponde a las mujeres de manera “casi natural”; traer al mundo a los hijos les adjudica de manera causal la crianza de los mismos como marca el género en las culturas de las sociedades patriarcales. En algunos casos podemos llamar a esto machismo.

Según estas sociedades, el género femenino versa siempre en el amor por la familia, por la pareja y sobre todo por los hijos. Se nace como mujer, se nace para la crianza (alimentación) de los hijos y la educación de los mismos. Las mujeres se desarrollan en un ambiente en el que se les ordena de manera “natural la responsabilidad de la crianza de los humanos”, desde pequeñas se ven inmersas en esta tarea.

En las sociedades donde los hombres regulan la manera de estructurar a la familia y a la sociedad, es común que las mujeres sean las más perjudicadas, debido al orden social patriarcal. Sin embargo, en el siglo XX se transgredió este orden a través del feminismo, luchando por los derechos de las mujeres  y no sólo de los hombres,  buscando lograr una democracia entre ambos géneros (Lagarde, M. 2012). Esta transición logró en muchas  mujeres que se ubicaran en otro plan, en otra idea de sí, y no como mujeres serviciales diseñadas para dar amor y ser “femeninas”.

Bajo este contexto, el mercado aprovechó estas condiciones en que las mujeres se empezaban a insertar al mercado laboral y el creciente desapego de ellas a la crianza de los bebés, les posibilitó una herramienta que “alentaba y facilitaba” esta práctica; los biberones y la leche sintética.

No quiero decir  que el feminismo se haya planteado como objetivo eliminar la lactancia materna. Pero el mercado con su interés  de acumulación de capital, sí promovió y generó un andamiaje que permitía que a través del consumo de leche de bote las mujeres se volvieran más “independientes y libres” a la hora de salir a lo público, además de verse como responsables de la vida de sus bebés y del suministro de leche de la mejor “calidad”. La liberación de las mujeres del trabajo doméstico no sólo beneficio a las mismas, sino que indirectamente agrandó los bolsillos de las empresas de sucedáneos y de productos para la crianza de los recién nacidos al engrosar de manera sustantiva un nicho de mercado.

Con el feminismo en México se planteaba la posibilidad de que las mexicanas pudieran hacer lo mismo que hacen los hombres, ganar lo mismo que los hombres; no obstante, esto no se dio de la manera esperada, actualmente se sigue con muchas desigualdades, se continúa con  las formas del machismo (aunque adaptado) en detrimento de la mujer (Lagarde, et al. 2012. Pág. 72).

Las mujeres actualmente se ven inmersas en un sistema que las orilla por un lado a ser  económicamente activas; y por otro, a mantenerse atentas de lo que sucede en su hogar, efectuando labores domésticas, cuidando del crecimiento y desarrollo de sus hijos, dándoles en ocasiones pecho, o en otras biberón (Lagarde, M. 2012 & Lamas, M 2008). El género marcado en los cuerpos de las mujeres ha implicado que algunas de ellas se sientan culpables por no poder dar respuesta a todas estas actividades, a no cumplir con los estereotipos que marca el mercado capitalista y la sociedad misma. En suma, las diferencias de género  siguen presentes no como determinante, pero sí como una forma de justificar la diferencia de los papeles de hombres y mujeres en la sociedad y sobre todo en la crianza de los hijos (Lamas, M. 1986).

El mercado sigue aprovechando la necesidad de las mujeres para salir a trabajar y ser remuneradas de manera desigual frente a los hombres. Continua vendiendo miles de sucedáneos en todo el mundo, haciendo de la leche artificial una necesidad para las madres que tienen que salir y dejar a sus hijos con la abuela o con la tía, o peor aún, con los hermanos del bebé. Hace creer que muchas mujeres no producen suficiente leche y se beneficia del sentimiento  de culpa a debido al estereotipo dominante que define lo que debe ser una “buena madre” alimenta la idea de que es necesario sustituir a como dé lugar la nutrición del bebé.

El machismo sigue presente en las mujeres que creen que es su obligación la crianza de los recién nacidos y que los hombres sólo son un complemento que está ahí para formar una familia tradicional.

Mi familia desde que yo recuerdo estuvo acompañada de esta estructura; mi madre se salía a trabajar y nos llevaba junto con ella, mi padre trabajaba también, no obstante, cuando regresábamos a casa mi madre atendía a mi padre y a nosotros también. Casi no veía a mi padre, incluso los fines de semana. A diferencia de mi Mamá, que siempre estaba al pendiente de mí y de mis hermanas.  Ahora entiendo un poco porque sucedía esto.

Lagarde, M. “El género”, fragmento literal: ‘La perspectiva de género’, en Género y feminismo. Desarrollo humano y democracia, Ed. horas y HORAS, España, 1996, pp. 13-38.

Lagarde y de los Ríos, Marcela (2012). “El feminismo en mi vida. Hitos, claves y topías”. México: Instituto de las Mujeres del Distrito Federal (Inmujeres DF)

Lamas, M. “La antropología feminista y la categoría género” Nueva Antropología, vol. VIII, núm. 30, noviembre, 1986, Asociación Nueva Antropología A.C. Distrito Federal, México. pp. 173-198

Butler, J. “Deshacer el Género”. Paidos. 2006

Lamas, M. “La perspectiva de género” Revista de educación y cultura de la sección 47 del SENTE. 2008

  1. Marcela Lagarde (1996) comenta que la  perspectiva de género tiene como una de sus finalidades contribuir  a la construcción subjetiva y social de una configuración a partir de la resignificación de la historia, la sociedad, de la cultura y la política desde las mujeres y con las mujeres.
  2. El género, según Marcela Lagarde (2012) ,  es la categoría correspondiente al orden sociocultural configurado en la base de la sexualidad a su vez definida. El género es la construcción diferencial de los seres humanos en tipos femeninos y masculinos. Según Judit Butler (2006) , el género es la naturalización de lo femenino y lo masculino y el mecanismo por el cual se incorpora de manera natural en los individuos en sociedad.
  3. Las “sociedades patriarcales” son aquellas que el orden político social está constituido en torno al dominio del hombre, según Marcela lagarde (2012), en el mundo existe un régimen patriarcal que subsume a las mujeres a su mandato.

Fotografias: Fernández, Cosas de Mujeres (still image). Courtesy of the artist; efes ; Jason Regan 2006

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