La promoción de la salud como tarea cualquiera.

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No fue nada nuevo, no vi lo que yo espere ver…

Acudí al encuentro estudiantil que se llevó a cabo en el Museo de Medicina ubicado en Belisario Domínguez esquina con república de Brasil en el centro de la ciudad, un encuentro en donde acudieron estudiantes de diferentes universidades, de UAM; de las carrera de Psicología y Medicina, la UNAM; de mecina, el IPN; de medicina, de la UACM por su puesto; estudiantes de Promoción de la Salud y el Instituto Nacional de Salud Pública, de la especialidad en Salud Pública. En el encuentro se planteó responder dos preguntas; la primera era ¿Qué tipo de formación estamos recibiendo? Y la segunda pregunta era ¿qué tipo de personal necesita nuestro país? Para responder las preguntas, las organizadoras del evento nos separaron en grupos y el grupo en el que yo estuve hubo dos compañeros de la UACM y compañeros de todas la universidades que ya mencioné. Con respecto a la primera pregunta, la respuesta fue común en el grupo: coincidimos que la formación que recibimos es una formación de tipo mercantilista en la que no importa el trato a las personas ni el trato humano sino la acumulación de capital, misma que no permite una atención de calidad a las personas Entre los aportes que mis compañeros hicieron para responder a la segunda pregunta destaca la idea de que todos son conscientes de que existe violencia médica, que la relación médico-paciente es indignante y que ellos (estudiantes de medicina y médicos) no son la panacea, pero algo que llamó mi atención al cien por ciento es la idea que tienen acerca de la Promoción de la Salud.

 

“Todos podemos ser promotores de la salud” dijo una de mis compañeras, ella estudia medicina en la UAM; después de esto todos (digo todos por mencionar a los chicos que estaba participando, porque había más compañeros que no participaban) comenzaron a decir que sí, todos podían ser promotores de la salud sin imaginar las implicaciones de lo que estaban diciendo. A partir de esto que observé, pienso: ¿Acaso sería justo que yo dijera que todos podemos ser médicos sólo por el
hecho de saber auto medicarnos? ¿Sería justo que yo dijera que todos podemos ser psicólogos por hecho de poder escuchar a las personas o darles un consejo? Desde luego que no, para poder decir eso, necesitamos prepararnos como psicólogos estudiando una licenciatura en psicología o una licenciatura en medicina para ser médicos, de otro modo solo estaríamos minimizando ese tipo de saberes a saberes que no necesitan una preparación y que cualquiera puede realizar. No quiero decir con esto que no podemos ser o hacer tal función, lo que digo es que al igual que esas dos profesiones (sólo por mencionar algunas)necesitan una preparación, la promoción de la salud no es cualquier cosa, no es una tarea fácil y necesita una preparación. La idea que tienen acerca de nuestra carrera es una idea desvalorizada en la que reside la percepción de que es algo tan sencillo que cualquiera lo puede hacer; creo que eso se debe a la juventud de nuestra carrera y a que no es muy conocida entre las demás profesiones que se encargan de la atención médica. Yo no estoy de acuerdo con eso y lo pongo de manifiesto en estas palabras debido a que estudiar esta carrera nos ha costado a todos los que la cursamos y a todos los que la cursaron (y estos últimos no me dejarán mentir), esto trae consecuencias entre los estudiantes y los egresados de la licenciatura. En los estudiantes de manera que los frustra por la incertidumbre de no saber qué hacer y al mismo tiempo los desmotiva a seguir estudiando esto y en los egresados de modo que no son reconocidos como profesionales y sus labores son reducidas a tareas simples que impiden la profesionalización de la labor como Promotor de la Salud.

En lo particular, pienso que para poder desechar algo, despreciarlo, o desvalorizarlo se debe conocer en su totalidad, de otro modo estaremos hablando de algo que no sabemos y eso no es muy sensato. Esto es, la licenciatura de Promoción de la Salud no es muy conocida, por lo tanto no deberían emitir juicios tan apresurados acerca de ella sin no la conocen, es por esta misma razón que dicen que “todos podemos ser promotores”, porque no saben lo que significa ser promotor. Con esto tampoco quiero decir algo negativo de las personas que opinaron a cerca de ser promotores de la salud, solo me gustaría invitarlos a la reflexión acerca de lo que piensan para que puedan ver el amplio y vasto campo que la promoción de la salud ofrece y lo complejo que puede volverse al no tener una especificidad, además de lo diverso y rico que es adquirir conocimientos desde esta postura.
A tí que me lees ¿alguna vez te haz sentido desvalorizado como profesional de la promoción de la salud? platícanos tu experiencia y cuéntanos ¿qué hiciste? ¿cómo lidiaste con esa situación? ¿qué tan satisfecho quedaste? ¿qué harías diferente?

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Para ser respetado, hay que aprender a respetar

En mi artículo titulado “un episodio difícil” describir una situación que enfrenté en mi trabajo como promotora de la salud en la cual el respeto fué trascendental. En mi ámbito laboral varios valores juegan un papel importante, pero sin duda el respeto es fundamental, ya cuando éste se da genera condiciones para que los participantes de los procesos de promoción de la salud queden satisfechos. Para explicar un poIMG-20151105-WA0000co mejor de lo que hablo empezaré diciendo que:

El respeto sin duda es uno de los valores morales que es importante en varios aspectos de mi vida. Yo lo llevo a la práctica en lo familiar y  laboral así como con mis amigos, ya que considero que es fundamental para poder lograr un ambiente armonioso de interacción. Sin embargo lograr el respeto en un ambiente de promoción de la salud no siempre es algo que se dé sólo. El respeto se construye. Con respecto a esto puedo deducir que el respeto que me tienen los jóvenes con los que trabajo es porque he aprendido a ser tolerante ante sus actitudes, además de tratar de comprenderlos, valorar sus intereses y necesidades. Por ejemplo no todos los jóvenes tienen la misma edad, ni los mismos intereses. Por eso durante el periodo que trabajé con ellos era importante realizar actividades de acuerdo a sus edades en diferentes etapas y que al final les sirviera y no causara molestia en ellos. Tomando en cuenta esto lograba que las actividades resultaran adecuadas y agradables para ellos. Y considero que ésto es una forma de respetarlos.  Pero esto no siempre sucedió así.  Al inicio de mi trabajo, ellos no manifestaban mucho interés. Esto se notaba porque ponían caras de desagrado e incluso querían que las actividades terminarán antes de lo planeado. Con base en esto fue necesario que yo realizara dinámicas divertidas en cada tema que tocábamos para que todos los jóvenes pudiesen participar. Es por ello que tomé la decisión de innovar en las actividades con los jóvenes.  Con respecto a esto, siempre les he recalcado que todo lo que aprenden, así parezca muy sencillo , en algún momento de su vida les servirá para llevarlo a la práctica en lo personal o laboral y  esto sin duda me ayudó a comprender que para obtener respeto hay que aprender a respetar.

Para poder aprender a respetar es necesario poner atención a tu alrededor y aprender a analizar la situación o escenario en el que te encuentras para poder lograr entender qué es lo que se necesita hacer. Además de que no todos pensamos de forma similar, cada uno es diferente y tiene necesidades diferentes, en sí debemos aprender a escuchar al otro. Pero sobre todo aprender apreciar y valorar los conocimientos y virtudes de cada uno de los jóvenes. Es importante ir analizando cada situación que se te presenta en el trabajo pues esto te ayudará a saber cómo debes actuar y tomar decisiones. Es por ello que en cada situación que se me presenta analizo y reflexiono mi forma de actuar con los jóvenes.  

Por ejemplo en el segundo año de ser promotora de la brigada Zacatuches, sentía muy nerviosa ya que contaba con jóvenes especialistas en salud, como estudiantes de medicina, enfermería y psicología. Esto a mí en lo personal me parecía un gran reto ya que debía estar preparada en varios temas pues ellos eran los expertos. En una ocasión nos tocó hacer limpieza en la Casa de Cultura Quinta Axayopa en agradecimiento a que nos prestaban el lugar.  Ese día al igual que los jóvenes ayudè a realizar la limpieza y justo cuando estaba lavando las ventanas una chica llamada  Ibeth quièn era  beneficiaria en ese entonces dijo “¡ay!, mi vida, eres un amor, en vez de que diga háganlo, ella empieza a hacerlo”, en ese momento comprendí que antes de dar una orden debemos partir con el ejemplo.

Sin duda todo esto que he hecho con los jóvenes y el aprender a manejar la situación no ha sido fácil, es por ellos que siempre pido consejos. Esto  en especial con Verónica, una compañera de trabajo y además una gran amiga, al igual que a Ramiro que además de ser mi ex-coordinador es al igual un excelente amigo. Siempre me ha gustado escuchar crìticas de mi trabajo para poder hacerlo mejor o bien tratar de mejorar algunas cosas. Ellos además de ya tener práctica, son muy buenos en lo que hacen. Es por esto que aprendí de ellos que más que un buen líder no es aquel que ordena y dice que hacer, si no que escucha y es el primero en poner el ejemplo. Por otro lado Vero fue mi promotora y de ella también aprendî que es importante generar confianza con los jóvenes pero que en momentos de trabajo y respeto hay que saber diferenciar de la amistad, ya que es importante que los jóvenes aprendan a trabajar de una forma que les agrade, pero teniendo en cuenta que en la práctica yo soy su promotora y fuera soy una amiga con la cual pueden contar, y sin duda todas estas enseñanzas me han servido, para poder trabajar con los jóvenes con los que trabajo.

Si bien este proceso no fue fácil, ya que a través de la práctica tuve que aprender que a los jóvenes no debe dárseles toda la confianza, y en si a todo aquel con el que laboras, ya que muchas veces esto puede ocasionar que los acuerdos a los que llegan no se respeten. Por ejemplo yo siempre he sido accesible con los chicos nunca les levantó la voz y siempre que necesitan mi apoyo se los doy. Pero en una ocasión en la que nos tocaba firmar listas de asistencia, una chica se equivocó y firmó en otro lugar donde no se encontraba su nombre. Entonces les dije que teníamos que volver a imprimir las listas y esto generó que los demás jóvenes se desesperan y comenzaron a gritar. Entonces en ese momento yo me desesperé y les grité “Estoy hasta la madre, yo siempre los apoyo y ustedes nunca ponen de su parte, así que se calman y se esperan”. Algunos se quedaron callados, otros tenían la mirada así abajo, otros sólo movían la cabeza diciendo sí, en fin varias reacciones en ese momento se reflejaron. Pero sin duda la mía ya que nunca me había visto así, esto me ayudó a comprender que no solo la confianza es un arma importante para el liderazgo, sino que también tener en claro los papeles de cada uno. Ahora los jóvenes tienen claro que cuando levantó la voz es porque se tiene que hacer y es la última palabra.

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