El mirador simbólico

Hola mi nombre es Leonel Martínez, hace unos ayeres que termine mis estudios en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México,  la cual sin lugar a dudas recuerdo con gran cariño y respeto. Por aquel tiempo, mi objetivo principal era la de aprobar satisfactoriamente las materias correspondientes a la Licenciatura en Promoción de la Salud, para titularme en tiempo y forma y colocarme exitosamente en el terreno laboral.

Bajo esa mentalidad, seguí avanzando en el emocionante mundo de la vida escolar. Llegado el momento, realicé mi servicio en la Secretaría de Salud del Distrito Federal, en el Departamento de Promoción de la Salud ¿quieren saber cuál sería mi función? Pues ni más ni menos que la de colaborar en la implementación del programa de salud, destinado a disminuir los altos índices de obesidad en la actual Ciudad de México. Imaginen la gran ilusión que me invadía al saber que mis actividades estarían vinculadas con lo aprendido en el aula.

Mientras transitaba por el servicio social me di cuenta que no todo era miel sobre hojuelas, y que las incongruencias en lo que aprendí y mis actividades eran cada vez más frecuentes, lo cual me causó frustración y descontento. Pero conforme pasó el tiempo logré lidiar con estos sentimientos y pude superar exitosamente mi  participación en el programa preventivo. Incluso me ofrecieron solicitar mis servicios para laborar en la clínica.

 

Tal éxito no se vio reflejado al momento de iniciar mi trabajo recepcional, pues a pesar de haber acreditado el plan de estudios y contar con el apoyo académico no logre concluir con el proceso de titulación. Tal situación me ha limitado drásticamente para aceptar excelentes oportunidades de trabajo. En alguna ocasión mientras cursaba mis estudios en la universidad, escuche sobre un programa dedicado a promover la titulación en los alumnos que abandonaron el proceso de titulación. Actualmente no sé nada al respecto, si existe tal programa ¡en hora buena! Y si no, sería una excelente estrategia para apoyar a todo estudiante que trunco dicho proceso.

En lo que a mí respecta, si bien no tengo las circunstancias ideales para culminar mi titulación, cuento con el apoyo motivacional de varias personas, de entre las que destacan el Profesor David García Cárdenas, cuyos preceptos ideológicos coinciden con los argumentos teóricos que respaldan mis escritos, así como el patrocinio económico de Alex Pacheco, quien desde la Unión Americana, me brindará las condiciones económicas para centrar mi tiempo y mis esfuerzos en esta aventura.

 

Ahora bien la pregunta obligada ¿Cuál será el tema a tratar? Creo que esta pregunta a muchos nos causó en su momento un gran dolor de cabeza, sobre todo cuando no tenías ni la más remota idea de lo que querías hacer, o de plano si no estabas interesado en nada. Y entonces por nuestras cabezas transitaban numerosos temas, algunos de interés, otros porque estaban de moda, otros porque te los recomendaron, otros porque era lo más fácil. Claro no quiero generalizar, pues existen alumnos que saben bien lo que buscan y quieren: Eso les facilita todo. Felicidades de verdad,  y lo digo con gran sinceridad.

Pues bien, el tiempo ya pasó y ya no tengo la misma frescura académica de aquellos días, e incluso ni los mismos gustos o temores sobre el tema a elegir. Ahora mi enfoque ha cambiado y puedo decirles que cuando me dispuse a responder la pregunta antes mencionada, de inmediato me vino en mente hablar sobre las actividades que con gran alegría realizo como docente, y que de alguna forma están relacionadas con los enfoques de promoción de la salud que en su momento tuve a bien cursar.

Mis escritos no estarán centrados en las técnicas que todo docente debe aplicar para reafirmar la calificación aprobatoria en el alumno, sino más bien en describir la gran variedad de experiencias que junto con los alumnos, hemos vivido para hacer de las clases en el aula, una oportunidad para fomentar el pensamiento crítico y reflexivo. Las estrategias que un servidor implementa para fomentar dicho pensamiento, están inspiradas en el enfoque emancipador de salud. Me complace saber, que durante la elaboración de mis escritos no estaré solo, pues me acompañaran en el viaje, todo aquel lector que tenga el ánimo por leer mis artículos, criticarme e incluso sugerir nuevas líneas de acción.

Antes de iniciar, creo conveniente describir brevemente algunas circunstancias que rodearon la creación de la preparatoria “mártires de 1968”, que es el lugar en donde trabajo. Esto es con la finalidad de recrear el marco socio histórico en el cual se desenvuelve su comunidad estudiantil, así como mi labor como docente.

La creación de la preparatoria, surge a través de la gestión política que la UPREZ realiza para construir una preparatoria en la comunidad La Candelaria Tlapala. Después de una serie de gestiones políticas y sociales, dicha organización logra sentar las bases estructurales para iniciar con el proyecto educativo. Este proyecto consistiría en buscar un espacio para albergar a los futuros alumnos, e iniciar con los mecanismos políticos y administrativos para legitimar dicho proyecto ante la Secretaría de Educación Pública y la plantilla de profesores que lo conforman.

Los maestros que iniciaron el proyecto educativo, cuentan que la primera convocatoria no solo se lanzó mediante trípticos y carteles, sino que también se dieron a la tarea de visitar casa por casa para invitar a todo aquel joven o adulto que quisiera iniciar con su educación preparatoria. Aunque tal escenario no se veía prometedor, se formaron tres grupos de nuevo ingreso, con los respectivos docentes responsables de su formación académica, de los cuales me honro en decir que forme parte. No recuerdo la fecha, pero la primera generación logró conseguir sus respectivos certificados de nivel preparatoria con validez oficial. A la fecha, han transcurrido 5 años de lucha política en la que la población de la Candelaria Tlapala, la UPREZ, docentes, voluntarios y alumnos, siguen luchando por consolidar el proyecto educativo que años atrás solo fue una posibilidad educativa.

Para finalizar quisiera agradecer infinitamente al Profesor; David García, quien me ha dado la oportunidad de ser leído y escuchado, y como consecuencia concluir un ciclo que desde hace tiempo debí cerrar.

Bienvenidos al camino de la docencia, en donde cada alumno es un mundo dinámico y cambiante.

 

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Para ser respetado, hay que aprender a respetar

En mi artículo titulado “un episodio difícil” describir una situación que enfrenté en mi trabajo como promotora de la salud en la cual el respeto fué trascendental. En mi ámbito laboral varios valores juegan un papel importante, pero sin duda el respeto es fundamental, ya cuando éste se da genera condiciones para que los participantes de los procesos de promoción de la salud queden satisfechos. Para explicar un poIMG-20151105-WA0000co mejor de lo que hablo empezaré diciendo que:

El respeto sin duda es uno de los valores morales que es importante en varios aspectos de mi vida. Yo lo llevo a la práctica en lo familiar y  laboral así como con mis amigos, ya que considero que es fundamental para poder lograr un ambiente armonioso de interacción. Sin embargo lograr el respeto en un ambiente de promoción de la salud no siempre es algo que se dé sólo. El respeto se construye. Con respecto a esto puedo deducir que el respeto que me tienen los jóvenes con los que trabajo es porque he aprendido a ser tolerante ante sus actitudes, además de tratar de comprenderlos, valorar sus intereses y necesidades. Por ejemplo no todos los jóvenes tienen la misma edad, ni los mismos intereses. Por eso durante el periodo que trabajé con ellos era importante realizar actividades de acuerdo a sus edades en diferentes etapas y que al final les sirviera y no causara molestia en ellos. Tomando en cuenta esto lograba que las actividades resultaran adecuadas y agradables para ellos. Y considero que ésto es una forma de respetarlos.  Pero esto no siempre sucedió así.  Al inicio de mi trabajo, ellos no manifestaban mucho interés. Esto se notaba porque ponían caras de desagrado e incluso querían que las actividades terminarán antes de lo planeado. Con base en esto fue necesario que yo realizara dinámicas divertidas en cada tema que tocábamos para que todos los jóvenes pudiesen participar. Es por ello que tomé la decisión de innovar en las actividades con los jóvenes.  Con respecto a esto, siempre les he recalcado que todo lo que aprenden, así parezca muy sencillo , en algún momento de su vida les servirá para llevarlo a la práctica en lo personal o laboral y  esto sin duda me ayudó a comprender que para obtener respeto hay que aprender a respetar.

Para poder aprender a respetar es necesario poner atención a tu alrededor y aprender a analizar la situación o escenario en el que te encuentras para poder lograr entender qué es lo que se necesita hacer. Además de que no todos pensamos de forma similar, cada uno es diferente y tiene necesidades diferentes, en sí debemos aprender a escuchar al otro. Pero sobre todo aprender apreciar y valorar los conocimientos y virtudes de cada uno de los jóvenes. Es importante ir analizando cada situación que se te presenta en el trabajo pues esto te ayudará a saber cómo debes actuar y tomar decisiones. Es por ello que en cada situación que se me presenta analizo y reflexiono mi forma de actuar con los jóvenes.  

Por ejemplo en el segundo año de ser promotora de la brigada Zacatuches, sentía muy nerviosa ya que contaba con jóvenes especialistas en salud, como estudiantes de medicina, enfermería y psicología. Esto a mí en lo personal me parecía un gran reto ya que debía estar preparada en varios temas pues ellos eran los expertos. En una ocasión nos tocó hacer limpieza en la Casa de Cultura Quinta Axayopa en agradecimiento a que nos prestaban el lugar.  Ese día al igual que los jóvenes ayudè a realizar la limpieza y justo cuando estaba lavando las ventanas una chica llamada  Ibeth quièn era  beneficiaria en ese entonces dijo “¡ay!, mi vida, eres un amor, en vez de que diga háganlo, ella empieza a hacerlo”, en ese momento comprendí que antes de dar una orden debemos partir con el ejemplo.

Sin duda todo esto que he hecho con los jóvenes y el aprender a manejar la situación no ha sido fácil, es por ellos que siempre pido consejos. Esto  en especial con Verónica, una compañera de trabajo y además una gran amiga, al igual que a Ramiro que además de ser mi ex-coordinador es al igual un excelente amigo. Siempre me ha gustado escuchar crìticas de mi trabajo para poder hacerlo mejor o bien tratar de mejorar algunas cosas. Ellos además de ya tener práctica, son muy buenos en lo que hacen. Es por esto que aprendí de ellos que más que un buen líder no es aquel que ordena y dice que hacer, si no que escucha y es el primero en poner el ejemplo. Por otro lado Vero fue mi promotora y de ella también aprendî que es importante generar confianza con los jóvenes pero que en momentos de trabajo y respeto hay que saber diferenciar de la amistad, ya que es importante que los jóvenes aprendan a trabajar de una forma que les agrade, pero teniendo en cuenta que en la práctica yo soy su promotora y fuera soy una amiga con la cual pueden contar, y sin duda todas estas enseñanzas me han servido, para poder trabajar con los jóvenes con los que trabajo.

Si bien este proceso no fue fácil, ya que a través de la práctica tuve que aprender que a los jóvenes no debe dárseles toda la confianza, y en si a todo aquel con el que laboras, ya que muchas veces esto puede ocasionar que los acuerdos a los que llegan no se respeten. Por ejemplo yo siempre he sido accesible con los chicos nunca les levantó la voz y siempre que necesitan mi apoyo se los doy. Pero en una ocasión en la que nos tocaba firmar listas de asistencia, una chica se equivocó y firmó en otro lugar donde no se encontraba su nombre. Entonces les dije que teníamos que volver a imprimir las listas y esto generó que los demás jóvenes se desesperan y comenzaron a gritar. Entonces en ese momento yo me desesperé y les grité “Estoy hasta la madre, yo siempre los apoyo y ustedes nunca ponen de su parte, así que se calman y se esperan”. Algunos se quedaron callados, otros tenían la mirada así abajo, otros sólo movían la cabeza diciendo sí, en fin varias reacciones en ese momento se reflejaron. Pero sin duda la mía ya que nunca me había visto así, esto me ayudó a comprender que no solo la confianza es un arma importante para el liderazgo, sino que también tener en claro los papeles de cada uno. Ahora los jóvenes tienen claro que cuando levantó la voz es porque se tiene que hacer y es la última palabra.

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Para ser respetado, hay que aprender a respetar by Rosario Romero Olamendi is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.

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