La codocencia, un espejo para encontrarse

Lourdes Guzmán Pizarro

En 2015 conocí a un entusiasta grupo de profesores y estudiantes con quien compartí inquietudes y proyectos académicos relacionados con la lectura y la escritura en el aula universitaria. Fue en el Seminario de estrategias de lectura y escritura académica (SELEA) realizado en la UACM/San Lorenzo Tezonco que también rencontré a Marco Noguez profesor de física de la universidad, con quien ya había coencuentro codocencialaborado cuando él formaba parte de la Comisión de Mediación del Consejo Universitario y yo participaba como consejera del Colegio de Ciencias y Humanidades en el Segundo Consejo de Plantel. Ambos encuentros han sido muy afortunados, y Marco me tenía preparada otra sorpresa para el periodo 2016-1; en enero me invitó para que diseñáramos el encuentro del grupo de Salud Comunitaria I, que coordiné en ese semestre, con el grupo de Introducción a la Física del cual él fue profesor en el mismo ciclo.

En un inicio Marco y yo nos comprometimos a escribir nuestras impresiones de este intercambio, después acordamos publicar estas en Manantial de Nubes, la generosa plataforma de aprendizaje que convoca a la comunidad de promotores de la salud con perspectiva crítica.

En este contexto me pareció oportuno retomar algunas de las ideas del texto que había elaborado para SELEA, un pequeño texto sobre la codocencia en el ámbito del trabajo colaborativo en el que revisaba algunas de las críticas y aportaciones del co-teaching en Estados Unidos, y compartía algunas experiencias personales en codocencia. Este trabajo aborda también la experiencia del encuentro entre los grupos de Introducción a la Física y Salud Comunitaria I en el marco del trabajo colaborativo en la universidad, en particular en la Licenciatura en Promoción de la Salud. Espero que este texto aporte para que profesores y estudiantes impulsemos la codocencia en la universidad.

¿Qué es la codocencia?

La codocencia se ha ubicado en el ámbito del trabajo colaborativo para la enseñanza y el aprendizaje, y alude a la participación de dos o más profesores en la coordinación del proceso educativo en el aula. La codocencia prioriza la colaboración entre maestros para alcanzar objetivos comunes e inclusivos de aprendizaje. Para algunos autores[1] la práctica codocente se caracteriza por las diversas orientaciones teóricas de los profesores que participan en esta, en este caso los temas de enseñanza son tratados desde diferentes perspectivas generando un diálogo respetuoso y altamente significativo para el aprendizaje de los estudiantes. A pesar de las ventajas de dicho intercambio académico entre profesores a las que apunta esta última perspectiva, esta puede incluirse como una modalidad de la codocencia y no como única condición para su puesta en marcha.

Actualmente, la codocencia se ha revalorizado académicamente frente a la enseñanza centrada en un solo profesor pues se ha demostrado el impacto de esta en el aprendizaje de los estudiantes. A pesar de que la academia reconoce con frecuencia las virtudes de la codocencia, las instituciones universitarias usan el argumento del alto costo en su instrumentación para no incorporarla a los procesos educativos. En particular en México, dicho argumento tiene peso en el contexto de la educación superior pública, pues efectivamente la codocencia resulta difícil de mantener debido a que las políticas neoliberales aplicadas en nuestro país en materia de educación castigan el presupuesto para que la universidad cubra sus necesidades y cumpla con sus propósitos. Aún en este contexto desfavorable, algunos profesores mantenemos que el ejercicio de la codocencia es necesario y oportuno para los retos actuales de la perspectiva constructivista de la enseñanza y el aprendizaje. Por esta razón, se hace necesaria una suerte de “activismo” codocente que impulse y procure la visibilidad de dichas experiencias así como la sistematización y evaluación de estas. Con “activismo” codocente quiero referirme a este compromiso compartido de no dejar de hacer, pensar en lo que se hace y regresar a la práctica para intentarlo.

El Dr. Angel Díaz Barriga [2] identifica que las demandas al profesorado en la educación superior han transitado de la exigencia del dominio de conocimientos específicos, antes de 1970, a los múltiples desarrollos del constructivismo a partir de la década de los noventas como son: las estrategias docentes, la enseñanza situada, el aprendizaje basado en problemas y el aprendizaje colaborativo, todo esto en el marco de un currículo flexible o, en algunos casos, por competencias en un contexto social fuertemente influenciado por el uso de las redes de información.

En cuanto al aprendizaje colaborativo, es una propuesta que puede rastrearse bastante lejos en la historia del pensamiento didáctico. Ya Comenio señalaba que un grupo escolar se podía formar por decurias, integrando un alumno aventajado en ellas. En el siglo XIX la escuela lancasteriana mexicana se apoyaba en la influencia de los alumnos con mayor desarrollo de aprendizaje sobre sus compañeros. Aunque también debemos

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